Tu empresa está preparando tu despido y estos son los pasos que van a seguir: "Es un truco ilegal"
Los despidos disciplinarios se han convertido en uno de los grandes focos de debate dentro del mercado laboral español. Este tipo de extinción del contrato se produce cuando la empresa considera que el trabajador ha cometido una falta grave o muy grave, lo que permite prescindir de él sin indemnización. Sin embargo, no todos estos despidos acaban siendo válidos, ya que muchos terminan declarados improcedentes por los tribunales al no quedar suficientemente acreditadas las causas. Esta realidad ha incrementado la litigiosidad en los juzgados de lo social en los últimos años.
Los datos reflejan la magnitud del fenómeno. Entre enero y agosto de 2025 se firmaron 632.096 bajas de afiliación de trabajadores con contrato indefinido, una cifra que evidencia una tendencia preocupante en la estabilidad del empleo. Del total, un 49% fueron calificados como despidos disciplinarios, es decir, vinculados a supuestas faltas graves del trabajador, lo que ha encendido las alarmas entre expertos y sindicatos por el posible uso abusivo de esta figura. Este volumen sitúa a este tipo de despido como uno de los más utilizados por las empresas.
A falta de conocer las cifras completas de 2026, todo apunta a que la tendencia se mantendrá en niveles similares. El marco legal que regula estas situaciones se encuentra en el Estatuto de los Trabajadores, concretamente en su artículo 54, donde se recogen las causas que pueden justificar un despido disciplinario, como las faltas repetidas de asistencia o puntualidad, la indisciplina o desobediencia, las ofensas verbales o físicas, la transgresión de la buena fe contractual o la disminución continuada del rendimiento. En este contexto, algunos especialistas advierten de que determinadas empresas estarían utilizando mecanismos concretos para reforzar estos despidos y evitar que sean declarados improcedentes.
El "truco ilegal" de las empresas para despedirte
Uno de los ejemplos más recientes lo expone un abogado del bufete Juristas Laboralistas, que a través de redes sociales alerta de prácticas que califica como trucos ilegales en perjuicio de los trabajadores. Según explica, todo comienza con una estrategia aparentemente inofensiva. La empresa notifica una amonestación por la posible comisión de una falta, en ocasiones muy grave, pero que en ese momento no tiene consecuencias reales más allá de la propia advertencia o una sanción leve. Este primer paso suele pasar desapercibido para muchos empleados.
El trabajador decide ignorar el suceso y cae en la trampa
El problema surge cuando el trabajador decide no impugnar esa primera sanción. Al no existir una pérdida directa de salario o empleo, muchos optan por dejarla pasar confiando en que no tendrá mayores efectos. Sin embargo, el tiempo juega en su contra, ya que el plazo para recurrir expira y esa amonestación queda firme. Es entonces cuando la empresa vuelve a actuar y comunica una sanción mucho más grave, que puede implicar una suspensión prolongada de empleo y sueldo o incluso un despido disciplinario. En ese momento, la situación del trabajador se complica notablemente.
Las sanciones se encadenan y declaran procedente
En ese punto, aunque el trabajador impugne el despido, las posibilidades de éxito se reducen considerablemente. La razón es que la primera sanción no fue recurrida y pasa a formar parte del historial disciplinario, acumulándose con la nueva falta. Esto permite a la empresa justificar el despido como procedente, dejando al trabajador sin indemnización, únicamente con el finiquito y la prestación por desempleo. El impacto puede ser especialmente grave en personas con muchos años de antigüedad, que pierden así una compensación económica generada durante toda su vida laboral. Se trata de una situación que puede suponer una pérdida económica muy significativa.