Tomás Guarino y el lío de los derechos de las canciones: "La gente se ofreció a componerme música"
«La fecha se acerca muy rápido», decía Tomás Guarino hace unos días. Y la fecha ya ha llegado. Apenas ha pasado un mes desde que acabaron los Juegos Olímpicos de Milán Cortina y el patinaje artístico pone el colofón a la temporada con el Mundial que se disputa desde hoy y hasta el 29 de marzo en Praga. En él participará el patinador español con su programa de los Minions del que tanto se habló durante la gran cita del deporte el pasado febrero, porque hasta última hora no obtuvo los derechos para poder usar la música. Su caso fue uno de los más virales, pero no único, y el catalán espera que sirva como ejemplo para que el proceso se acelere en situaciones futuras y que no se vuelva a vivir una angustia parecida. El patinaje artístico es un deporte minoritario y la elección de la música para los programas ha ido evolucionando. «Se ha vuelto como muy estricto», describe Tomás. «Antes solías elegir la música que quisieras y la única restricción que había era que la ISU (Unión Internacional de Patinaje sobre Hielo) no aceptaba músicas que tuvieran palabras, que fueran cantadas», continúa. Desde 2014 ya se empezaron a usar también canciones con letra.
Recientemente el obstáculo ha sido otro. «En los últimos, diría, tres o cuatro años algunos atletas han empezado a tener problemas con artistas o casas discográficas, que ponían denuncias. Todo el mundo usaba las músicas sin pedir los derechos, pero porque tampoco se pensaba que se necesitara. Yo diría que también en la gimnasia, etc., en deportes en los que no se gana mucho dinero por competir, salvo que ganes, pero en los que necesitamos la música para las rutinas», añade Guarino. Ante esta nueva situación, nacieron plataformas como «ClicknClear» (la que utilizaba el español), que ponen música a disposición de los deportistas, o para otros usos como pueden ser galas. «ClicknClear tiene una biblioteca con, yo qué sé, 50.000 canciones ya preobtenidas. En dos clics compras directamente la música. Dices en qué países la vas a usar y si no hay ningún problema con esos países, pues en principio ya la tienes. El problema es cuando te encuentras con una música que a lo mejor ellos todavía no tienen en esa biblioteca; en ese caso, deben investigar de quién son los derechos, contactarlo y pedirle si quiere darlos y cuánto cuestan. Y esto es un proceso muy largo. Nosotros cuando elegimos las músicas es en verano, hacemos la petición de los derechos y si no ha habido suerte y no están disponibles desde el principio tardan tres, cuatro meses en responder y en ese tiempo ya hemos tenido competiciones porque empezamos en septiembre u octubre, como mucho noviembre», prosigue el catalán.
"¿Si escribo un mensaje, por ejemplo, a Lady Gaga por Instagram me va a responder?"
«Las cosas van un poco lentas. En el mundo discográfico, cinematográfico, etc. se mueve mucho dinero y nosotros cuando pedimos derechos, una música, si no hay problema y no pasa nada raro, la pagas, treinta euros, cuarenta, precios abordables, pero a lo mejor las casas discográficas para esos montantes tampoco les interesa, no responden a los mails. Necesitaríamos que fuera más rápido», afirma Tomás. «Si tú quieres contactar con Lady Gaga, ¿cuál sería tu método para hacerlo? Pues yo personalmente me metería en Instagram, buscaría a Lady Gaga y le mandaría un mensaje privado, pero ya te digo yo que no me va a responder. O sea, la mayoría de artistas no responde. O en mi caso, Minions, le escribo a Universal en Instagram y ni ven el mensaje», finaliza la explicación.
El apoyo de la gente
El caso de Tomás Guarino tuvo final feliz e incluso «ClicknClear» le esponsorizó y cubrió el precio de los derechos. La patinadora estadounidense Amber Glenn también lo acabó resolviendo, pero el ruso Petr Gumennik se vio obligado a cambiar la música en los Juegos de Milán. «A mí me escribió mucha gente por Instagram que tenían bibliotecas del mismo estilo con a lo mejor 20.000 canciones. Hubo gente supersimpática que incluso me decía: ‘‘Mi hijo hace músicas superchulas con el piano, te podría componer algo’’. La gente se movilizó y aprecio lo que hicieron, aunque por suerte se resolvió», admite Guarino.
Tomás pudo hacer su programa corto de los Minions, cometió algún error y quedó en el puesto 25, justo el primero que lo dejaba fuera. «Alguien tenía que ser el 25... Estaba como un poco desilusionado, sobre todo después de haber visto todo lo que hicieron por mí, el hecho de no haberles podido devolver el favor de algún modo, presentando un programa un poco mejor hecho», reconoce. Al no meterse en el programa largo tuvo más días de parón. Quizá demasiados para la altura de curso en la que estamos. En vacaciones desconectan más, pero al regresar no deben tener rendimiento inmediato, hacen pretemporada, eligen los programas nuevos y van poco a poco. El Mundial, que es anual, suele ser el plato fuerte. En este 2026 ha estado el añadido de los Juegos. «El problema es que descansé incluso demasiado, casi una semana sin patinar y comiendo y no haciendo nada. Puede parecer que no, pero es mucho cuando estás habituado a patinar siempre, incluso sábados, sólo descansando los domingos, y volver fue duro, era como: ‘‘Uff, ¿cómo se patina?’’», reconoce. «Pero ahora estoy bastante bien de moral», concluye. Los Minions están listos para hacer sus travesuras.