Starmer reúne al gabinete de emergencia Cobra por el coste de la guerra con Irán mientras endurece su papel militar
El premier Keir Starmer presidió este lunes una reunión del comité de emergencia Cobra con un objetivo poco habitual: analizar no solo las implicaciones militares del conflicto con Irán, sino su impacto directo en el bolsillo de los británicos. Sobre la mesa, el uso de “todas las herramientas disponibles” para contener el golpe al coste de la vida.
“COBRA permite reunir al más alto nivel a todos los actores clave para afrontar asuntos de verdadera importancia nacional”, subrayó Starmer. “Aunque tradicionalmente se centra en cuestiones militares o consulares, en este caso la preocupación pública va más allá del conflicto: afecta a cómo impactará en las familias”, matizó. De ahí la presencia, poco frecuente en este foro, del gobernador del Banco de Inglaterra y de otras autoridades económicas.
La guerra en Irán ya ha desencadenado un efecto dominó en la economía británica. Aunque el Reino Unido no importa gas iraní, el encarecimiento del petróleo y del gas en los mercados internacionales está alimentando la inflación y golpeando directamente a hogares, agricultores y al mercado hipotecario.
El Banco de Inglaterra ha reaccionado rompiendo el guión previo al estallido del conflicto: ha congelado los tipos de interés y ha descartado, por ahora, los recortes que se daban por hechos. Sus previsiones apuntan a que la inflación podría escalar hasta el 3,5% o incluso más, lo que ha sacudido a los mercados, que ya descuentan posibles subidas de tipos en los próximos meses.
Pese a ello, el gobernador del Banco de Inglaterra ha llamado a la cautela y ha evitado equiparar la situación con el shock energético de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. El banco central se mantiene en modo “esperar y ver”, aunque reconoce que la inflación será más persistente de lo previsto.
Starmer habló el domingo con Donald Trump y ambos coincidieron en que la reapertura del estrecho de Ormuz es clave para estabilizar el mercado energético global. En ese contexto, Londres ha dado un paso más. El pasado viernes, autorizó a Estados Unidos a utilizar bases británicas para lanzar ataques contra objetivos iraníes vinculados a las amenazas al tráfico marítimo en la zona. Hasta ahora, el permiso se limitaba a operaciones defensivas destinadas a proteger intereses británicos.
Downing Street defiende la ampliación del mandato bajo el principio de “autodefensa colectiva”, con el objetivo de salvaguardar la navegación en uno de los corredores energéticos más estratégicos del mundo.
La decisión ha generado fricciones. Trump aseguró que el Reino Unido “debería haber actuado mucho más rápido”, mientras que el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, acusó a Starmer de “poner en peligro la vida de los británicos”.
La tensión se trasladó también al terreno militar. Irán lanzó dos misiles balísticos contra la base conjunta estadounidense-británica de Diego García, en el archipiélago de Chagos, aunque ninguno alcanzó su objetivo. Según fuentes estadounidenses citadas por medios como The Wall Street Journal y CNN, uno de los proyectiles falló en vuelo y el otro fue interceptado por un buque de guerra.
El incidente, del que el Pentágono ha evitado hacer comentarios, se produjo antes de que Londres ampliara la autorización para el uso ofensivo de sus bases.