La exposición de Francesca Martí y Rohan Marley: cerca del mundanal ruido
Muchos de los que pasen durante esta recién iniciada primavera a los adentros de la Galería Gerhardt Braun, en plena Milla de Oro madrileña, quedarán sorprendidos por los compases que se escuchan, capaces de transportar a uno a Jamaica a pesar de no vislumbrarse ningún atisbo de aguas caribeñas. El recorrido por su interior está musicalizado con algunas de las letras del reggae, el género melódico más característico de la isla. Concretamente, cuando el que firma estas líneas recorrió el espacio, lo que sonaba era “Crazy baldhead”, de Bob Marley & The Wailers. La "playlist" diseñada también incluye música de los siglos XIV y XV etíopes, país influyente en el nacimiento del movimiento rastafari en la isla americana.
Esa elección, como casi todo en el arte, no es baladí. Y es que, aunque sea imposible reunir al “imán” de la cultura jamaicana, el centro artístico se ha quedado cerca, pues durante unos meses su hijo, que responde al nombre de Rohan Marley, estará presente a través de una exposición.
“Passage” y "Resilience" son los nombres de los últimos proyectos de Francesca Martí, artista plástica mallorquina, presentados conjuntamente ahora. Mezclando la pintura y escultura, "Passage" analiza la dualidad de la vida en el planeta, teniendo que sopesar un justo equilibrio entre el dinamismo humano y la naturaleza, tan imprescindible para nuestra permanencia. Para ejemplificar el papel de la biosfera, nada más entrar en la galería a la izquierda una hoja caduca en suspensión se presenta. Hecha con varias capas de algodón y una fina de aluminio, simboliza para su artífice “la destrucción y fragmentación que se puede dar si no protegemos nuestro entorno”.
No es la primera vez que el trabajo de la creadora pasa por la capital, pues ya en 2023 su exposición “Lux” hizo su recorrido por la Gerhardt Braun. De hecho, con continuidad argumental, repite a sus figuras más emblemáticas: los “Dreamers” (soñadores en español), que aparecieron en su ideario por primera vez en 2012, y los “Believers” (creyentes), nacidos en 2018. Los primeros simbolizan, como su propio nombre apela, las ilusiones y deseos que no son fáciles de alcanzar, y se presentan sentados, reflexionando. Los segundos, por el contrario, referencian el movimiento, el trasiego humano que se da en el plano real. Por ello, siempre están caminando, a veces incluso por las paredes del recinto donde se localizan hasta finales de mayo.
Sobre si Martí se considera más una “Dreamer” o “Believer”, reconoce sentirse una soñadora, más “no puedo anular mi determinación”, por lo que un compendio de ambas es su inicio y meta. Rohan Marley, a su lado, opta por calificarse como un “león soñador”, usando el animal emblema del movimiento rastafari.
Almas unidas por la pérdida y el amor al arte
El encuentro de sendas personalidades tan dispares a simple vista, pero con bastantes cualidades parejas en el interior, se forjó en Nueva York hace tres años en un hotel en el que acabaron aleatoriamente sentados al lado. Un inicio tan fílmico no podía desembocar en una materia no artística, por lo que, tras una corta conversación inicial, ella le mostró sus pinturas, las cuales dejaron ensimismado a Marley. A partir de ese momento, a pesar de la posible Torre de Babel que se podía crear al hablar distintos idiomas, se entendieron perfectamente, pues como él afirma, "la comunicación no va de lenguas, sino de propósitos".
Percatándose en pleno directo de todos los aspectos en común que estas "almas gemelas", como se autodefinen, poseían, Martí le propuso formar parte del trabajo que estaba forjando. Dicho y hecho, los preparativos que ahora conducen a Madrid duraron dos años, divididos en uno inicial para idearlo y uno segundo para la ejecución. El resultado es un vídeo-arte que es el ángulo central de "Resilience". En él, ambos protagonistas graban sus ideales, moldeados por principios divinos (Martí tuvo una educación católica y Marley rastafari) y, sobre todo, una sensibilidad especial con la que visualizan la vida, principalmente marcada por la muerte de sus progenitores cuando eran pequeños, teniendo únicamente 9 años. Aunque Marley, para permitir entender el sentimiento que les mueve y ahora lo transforman en material artístico, afirma que "no es dolor por la pérdida, sino la fuerza y fragilidad que nace de ella y con las que debemos reconciliarnos para abrazar nuestra imperfección".
Y esa esperanza es punto clave en “Passage”, donde hay espacio para los motivos florales pero también urbanísticos, como la fotografía “Anthill” (colina de hormigas), que escenifica un bloque de viviendas sobrepoblado de Shanghái, y la “capacidad de adaptarse”. Porque, como afirma Martí, “donde hay luz, hay vida y naturaleza”.
Sin embargo, el resplandor puede ser tibio a veces, como las demandas del sector galerístico para que se les aplique un IVA cultural que ya han protagonizado varias manifestaciones a lo largo de lo que llevamos de año. “Es cierto que es complicado la tasación y muchos artistas optan por marcharse a otros países, pero yo soy ambiciosa y prefiero quedarme aquí”, sentencia Martí, afortunada de que sus ideas se vendan, pues hay otros que “se quedan con las ideas”. Que esta “soñadora” siga siendo “creyente” de lo que ama.