Iván Espinosa de los Monteros: «Vox está abandonando sus principios. Usa el rencor y el odio más propios de la izquierda»
Madrid. Plaza de Colón, Puerto de Palos de Vox. Domingo. Hay una media maratón. Hordas de corredores en chándal observan con una mezcla de incredulidad y asombro a Iván Espinosa de los Monteros (Madrid, 1971). Con su americana azul y un pantalón oscuro, pasea sonriente entre los pedruscos que conmemoran el Descubrimiento.
En su mirada cristalina, los retazos de aquellas banderas que ondearon en el nacimiento de un nuevo proyecto político. No hay nostalgia. Quizás frustración. El ideario del partido por el que llegó a empeñar hasta el dinero de su bolsillo, se esfumó. Prefiere hablar entre líneas antes que confrontar. Le vendrá de cuna.
Ahora, los mismos que sacaron las uñas por él, lo atacan hasta por sus apellidos. Las cosas de la nueva derecha. Esa «plebe» que amanece con vistas a un jardín. Antes, ha abierto las puertas de Atenea, su fundación, a LA RAZÓN.
Hace poco publicó un libro: «España tiene solución». Permítame que insista, como Matías Prats. ¿En verdad tiene solución?
Sin duda. No una solución mágica, requiere de una serie de cambios, reformas, iniciativas muy distintas a las que hemos tenido en los últimos 20 años. Llevamos dos décadas perdidas.
¿La política es parte del problema o de la solución?
Un poco las dos cosas. Ahora mismo, parte del problema. La idea es que se convirtiera en parte de la solución. Desde la política se pueden solucionar muchas cosas.
¿Desde la sociedad civil se puede hacer política?
Es absolutamente necesario. La sociedad civil está para generar demanda, una conciencia de que hacen falta ciertas tantas cosas. Luego la política está para generar la oferta.
¿De todas sus recetas, cuál es la más urgente?
La necesaria recuperación del Estado de Derecho. Lo que más se ha deteriorado en estos últimos 20 años. La separación de poderes, la independencia judicial, el prestigio de las instituciones.
¿Y para que no sea una quimera acceder a una vivienda?
Lo bueno es que no hay que inventar nada. Se han probado todo tipo de cosas en todo tipo de mercados y se sabe que limitar los precios de los alquileres genera que desaparezca el mercado. Sabemos que los esfuerzos intervencionistas funcionan mal. ¿Qué es lo que pasa y lo que les pasa a algunos? Que tienen una nostalgia de una época en la que España era un país aislado internacionalmente y no había gran capacidad de iniciativa privada. Veníamos de la posguerra y se construyó mucha vivienda desde el Estado, lo único que existía. Por cierto, bastante más eficiente que ahora. Hoy el Estado lo que tiene que hacer es liberar suelo, flexibilizar usos, reducir impuestos. Solo hace falta transformarlo con eficiencia desde la Administración Pública y con un enfoque liberal, no intervencionista.
Le planteo ahora otra disyuntiva: ¿la derecha tiene solución?
La derecha tiende a ser un poco cainita. Mi abuelo me decía siempre que la derecha es el egoísmo y la izquierda, el rencor. La derecha tiene muchas acepciones, distintas etiquetas, corrientes, sintonías. Lo difícil es encontrar un espacio donde quepa más de una. Eso era lo que nos habíamos propuesto desde el principio en Vox: aceptar y poder ser capaces de juntar a distintas sensibilidades, orientaciones, personas que representaban ciertas ideas. Y eso es lo que yo creo que falta. Cuando Rajoy dijo en su día «que los liberales monten el partido liberal y los conservadores el partido conservador», se empezó a dividir y hoy está cada vez más fragmentada. Incluso los que se sintieron aludidos por aquella expresión hoy expulsan a otros. Dicho esto, en la izquierda y el nacionalismo hay una fragmentación brutal y están gobernando en muchos sitios. No debe ser solo ese el problema.
"Seguimos escuchando ideas intervencionistas a uno y otro lado del espectro político. Es increíble"
¿Entonces, el problema es...?
No tener ideas claras de qué es lo que funciona. En materia económica es clarísimo. Cualquier planteamiento que no sea profundizar en el espacio de la libertad, todo lo que sea regular, intervenir, condicionar, no funciona. No es que lo diga yo, lo dice la historia de los últimos 200 años. España hasta el año 59 es un país paupérrimo, muy cerrado en sí mismo. Cuando se combina un plan de estabilización, aperturista, se abren los mercados internacionales, tanto para importar como para exportar, y tiene lugar el mayor crecimiento. Está demostrado, no se puede explicar más veces. Sin embargo, seguimos escuchando ideas intervencionistas a uno y otro lado del espectro político. Es increíble.
¿Y cómo se compadece el concepto de «la plebe» en el espectro ideológico de la derecha?
¿Por qué la plebe?
El líder del que todavía sigue siendo su partido, porque usted es afiliado número…
Cinco. Hay tres personas que fueron las que lo inscribieron en el Registro. Uno de ellos, Ignacio Ansaldo, recientemente expulsado, luego Santiago, con el cuatro, y yo, con el cinco.
Bueno, pues el líder de su todavía partido, Santiago Abascal, ha dicho en «Abc» que él es un «tribuno de la plebe».
Tsss. Bueno. Yo no… [Titubea]. Es un vocabulario muy sorprendente para los que le conocimos en otra época en la que hablaba de otra manera. Digámoslo así.
¿Se compadece el concepto de la plebe con la derecha?
Más que izquierda-derecha tiene que ver con este deseo intervencionista, estatalista y un poco cesarista que no es el que conviene a ninguna democracia y, por lo tanto, no le conviene a España y tampoco a nuestro partido. Y es muy difícil de entender. Muy difícil de entender para los que llevamos ya unos años.
¿Vox es de derechas?
Se está redefiniendo. Es curioso, porque hay dos tipos de respuestas. Una es: «No ha cambiado nada». La otra mitad del partido dice: «Estamos mejor así, con estos cambios». Las dos cosas simultáneamente no pueden ser. Claro que ha habido cambio. Es lógica una actualización de criterios. ¿Cuál es el problema? Cuando invade espacios contrarios a los que veníamos a defender. Hay gente muy satisfecha con el giro obrerista. Yo no. Las ideas populistas de la izquierda han hecho mucho daño a todas las sociedades en la historia de la humanidad. No creo nada en eso. Es lo que veníamos a combatir. Hay quien dice: «Con las ideas anteriores estábamos en el 15% y ahora en el 20%». Prefiero el 15% con las ideas correctas que el 20% con las ideas del contrario. Para eso ya están el Partido Socialista Obrero Español, Podemos, Sumar, IU, ERC. Esas ideas obreristas y que hay que hacer lo que diga el líder, al que se le rinde un culto y que habla en esos términos de tribuno de la plebe, me parece muy sorprendente.
Abascal dice que cualquier tiempo pasado fue peor. ¿Cualquier tiempo pasado fue peor?
Depende de para quién. Los pasados no son ni peores ni mejores, son distintos. Hay legitimidad para cambiar las cosas. Lo que estamos proponiendo con este congreso ideológico es lo mismo que hace unos años pedían a Rajoy los que estaban en el PP. Él convocaba congresos cada cierto tiempo, por ejemplo el de Valencia, en el que unas ideas se impusieron frente a otras. Pero hubo debate. Esto es lo que yo creo que hay que hacer ahora: un debate para decidir si de verdad este giro obrerista es lo que quieren la mayoría de los afiliados. ¿Es lo que quieren? Pues ya está, que se vaya por ese camino.
El concepto de los afiliados suena un poco a los Reyes Magos. ¿Quiénes son los afiliados? ¿Cuánta gente votó a Abascal en el último congreso?
Hay que distinguir entre asamblea y congresos políticos. Lo primero, para elegir al presidente. Lo segundo no ha habido nunca. Respondiendo a su pregunta: votaron menos de 3.000 personas.
¿Y cuántos afiliados hay?
Ellos dicen que 60.000. En realidad, debe haber unos 30.000 al corriente de pago con derecho a voto. Pero no se publica. Esto es por informaciones internas que tengo. En Vox ha debido haber algo así como 100.000 afiliados a lo largo de su historia. Por una rotación muy elevada. Ahora debería de haber el doble fuera que dentro. Que participen muchos o pocos es responsabilidad de los afiliados. Pero los que participen sí deberían tener la oportunidad de expresar su opinión sobre cuál es la política en materia de vivienda, de exterior; cuáles son nuestras alianzas internacionales, por qué estamos con un partido como el de Viktor Orban en vez de con el ECR de Meloni. ¿Está justificado? ¿Es lo correcto? ¿Lo que queremos? ¿Estos cambios tienen sentido para un partido como este? ¿Sí o no? Si la militancia dice que sí, no hay mucho más que hablar.
"Vox incumple sus estatutos en la reubicación ideológica. Se están abandonado muchos principios"
¿Vox incumple sus estatutos?
En la reubicación ideológica. Porque los estatutos sí hablan de que el posicionamiento del partido está en defensa de la libertad, la economía de mercado. Esos principios se están abandonando.
¿Debería cambiarlos?
Sería lógico que en la próxima asamblea cambien los estatutos para que Vox sea un partido estatalista, intervencionista, que cree en el liderazgo único y no en la Monarquía, en fin, todos estos cambios que está habiendo.
Usted abandonó la política tras de unas generales un tanto aciagas. ¿Qué pasó entre el 28-M y el 23-J para que el cambio político acabara en gatillazo?
Para mí fue un momento traumático. En mayo hubo un giro dramático en los gobiernos, pero no en votos.
De hecho, publicó un hilo en Twitter.
Que no sentó muy bien. Todavía no entiendo por qué.
¿Le llegaron a decir algo?
No quiero entrar en asuntos feos. La derecha, en su exceso de confianza, cometió, o cometimos, todos, errores. El PP se puso a atacar a Vox de la manera menos acertada posible, dificultando la creación de gobiernos conjuntos y la relación. Vox a lo mejor no tuvo el mejor momento cuando se le ocurre prohibir obras de autores de izquierdas en ayuntamientos, poner en la campaña carteles contra los gais, decir que en Barcelona van a arder las calles. En lugar de pensar qué hemos hecho mal todos, veo una especie de juego de centrifugadora: «Ha sido culpa tuya». Eso no ayuda a mejorar para la siguiente edición. Todavía no veo que seamos capaces de visualizar un Gobierno de PP y Vox que vaya a funcionar durante cuatro años. Si van a estar peleando durante los primeros meses, acabará cayendo y Sánchez es capaz de quedarse para volver.
Entonces, el PP se resistía a gobernar con Vox. Ahora parece que se invierten los papeles. En Extremadura hubo una oferta de coalición a la semana. Estamos a marzo y nada.
Eso también se paga. Si ahora se percibe que la dificultad la pone Vox, es lo que se ha visto en Castilla y León. Pese a todo el tsunami a favor, se gana un escaño y el PSOE gana dos. Que íbamos a empatar. Algo no estamos haciendo bien. Pero dices esto, propones una reflexión interna y llegan insultos, ataques personales…
Las huestes de Vox cada vez le atacan más por el flanco familiar. ¿Molestan sus apellidos?
Son llamativos. Y absurdos. Intentan atacar cosas que son parte de lo que uno era hace cinco años, cuando me apoyaban. No me importa demasiado. Sigo en el posicionamiento ideológico y en revisar cómo se trata a la gente internamente. Se está tratando muy mal. No solo a los quince o diez más conocidos que han salido de manera distinta, pero todos con el mismo sabor amargo, sino también a los cargos orgánicos de las provincias, que se dejan la piel por el partido y están siendo muy maltratados. Estos días, que hemos montado una plataforma para pedir el congreso extraordinario y hemos recibido ya más de 2.000 adhesiones, la gente nos está contando historias que no me imaginaba, con enorme dolor y decepción. Si decimos que hay que cuidar un poco mejor a los nuestros, ser un poco más tolerantes, y la respuesta son más ataques y más insultos, me están dando la razón. Ese constante apelar al instinto más bajo, a buscar el rencor y el odio, más propio de la izquierda, es lo que se está utilizando en el partido. Y luego hacia fuera, por supuesto, no puedes estar enfadado con todo el mundo a la vez: con el PP, la Conferencia Episcopal, la Monarquía, el Ejército, la Policía, con todos los medios de comunicación, excepto los propios o los que subvencionan.
Damos fe.
Una cosa muy llamativa es que me dicen que ahora voy a medios que antes no me hacían caso. Antes no se me permitía ir a los medios, estaban casi todos vetados. Como ahora no me vetan porque no tengo ningún cargo, si alguno me llama, acudo. Con la máxima prudencia y la máxima firmeza en las ideas que defiendo.
Vox dice que usted va a los medios porque es una estrategia del PP o algo así. Llaman a los periodistas «escribas de Génova».
A esto me refiero cuando digo que no se puede estar atacando a todo y a todos constantemente. Que yo sepa, no hay ningún partido, excepto quizás Podemos, que tenga medios propios. Medios subvencionados con dinero de los afiliados. Que eso daría para otra historia. Una especie de periódico, una especie de pódcast, con youtubers a los que pagan. Entonces, hablar de los medios de otro partido cuando eres tú el que tiene medios en propiedad, es poco serio.
En LA RAZÓN publicamos varias exclusivas sobre el entramado societario que gravita alrededor de Vox y que pertenece a los gurús del partido. ¿Teme que acabe degenerando en un posible caso de corrupción?
Lo máximo que voy a decir es que dentro del partido hay mucha preocupación por este tema. Hay mucha gente sorprendida. Nos vamos enterando por la prensa. Hay noticias de a quién se pagaba desde dónde y me quedo atónito. Además, desde cuándo: 2019. Es decir, pensar que estaba ahí y que no me estaba enterando de ciertas cosas… es muy llamativo no solamente para mí, sino para mucha gente. Muchos de los cuales, en privado, explican más vehementemente lo que piensan. Pero están muy controlados en un régimen de terror interno y publican cosas contrarias a lo que piensan. Es todo muy triste y, sobre todo, es exactamente lo contrario a lo que veníamos a hacer: traer unas ideas frescas. Un enfoque limpio, ejemplar. Supongo que la naturaleza humana se acaba imponiendo y ahora tenemos lo que tenemos.