Así es el Veloláser: el radar casi invisible de la DGT que es una pesadilla para los conductores españoles
La Dirección General de Tráfico (DGT) lleva tiempo trabajando en mejorar la seguridad vial y reducir la siniestralidad en la vía. Una de las medidas más conocidas es la implementación de[[LINK:TAG|||tag|||697a00d06be59607c7244ae8||| la baliza V16]] para reducir los atropellos, pero no es la única. En los últimos años se utiliza toda la tecnología a disposición para intentar que haya el menor número de accidentes posible. Una de las formas de hacerlo es vigilando la velocidad de los conductores en carretera.
Es un aspecto que no gusta porque acaba con multas para aquellos que superan la velocidad permitida, pero que permite controlar la circulación. La tecnología ha avanzado considerablemente en los últimos años en todos los aspectos. Tráfico cuenta con radares más efectivos, pero los conductores tienen aplicaciones para evitarlos. No pueden hacerlo con todos porque los agentes utilizan radares móviles que pueden transportar y esconder fácilmente. Uno implementado en los últimos años ha generado gran cantidad de multas.
El radar más temido por los conductores
Este radar es el Veloláser, que no destaca solo por su precisión, sino también la discreción. Se trata de un radar tan pequeño y portátil que puede colocarse en lugares poco habituales y pasar prácticamente inadvertido, incluso para quienes circulan atentos al arcén o a los márgenes de la carretera. Esa combinación de tamaño reducido, facilidad de movimiento y capacidad para medir la velocidad a gran distancia lo ha convertido en uno de los dispositivos más temidos por los conductores. Apenas ocupan 50 centímetros y están colocados en lugares donde habitualmente no hay ningún radar.
Por qué el Veloláser asusta tanto a los conductores
El principal motivo por el que este radar genera tanta inquietud es su capacidad para mimetizarse con el entorno. Puede instalarse detrás de una barrera de protección, en la parte trasera de una señal de tráfico, sobre un pequeño trípode en una zona con hierba alta o incluso en vehículos oficiales sin distintivos. Esa versatilidad hace que el conductor no lo detecte hasta que ya ha sido captado.
Su funcionamiento está pensado para actuar de forma rápida y eficaz. El Veloláser utiliza tecnología láser capaz de medir la velocidad a más de un kilómetro de distancia, con varias lecturas por segundo. Eso le permite registrar con precisión el paso de los vehículos y capturar la matrícula con gran calidad. Cuando el conductor lo advierte, normalmente ya es demasiado tarde.
Dónde suele colocarse este radar
Los Veloláser se utilizan por los agentes sobre todo en tramos largos y rectos de carretera, donde el exceso de velocidad puede convertirse en un problema serio. Otra de sus grandes ventajas operativas es la movilidad. Al ser portátiles y contar con batería y conexión 4G, pueden cambiar de ubicación con rapidez y funcionar en distintos puntos a lo largo de una misma jornada. Esa flexibilidad complica que los conductores sepan con antelación dónde estarán situados y reduce el margen para sortearlos con las distintas aplicaciones existentes.
Según los datos difundidos por 'SocialDrive', el tiempo medio que un Veloláser permanece en un mismo punto ronda los 70 minutos. Su presencia es especialmente habitual por la mañana, entre las 8:00 y las 13:00 horas, aunque también aparece en franjas de tarde, sobre todo entre las 17:00 y las 21:00 horas.
Existen varios tipos de Veloláser
La DGT utiliza estos radares dentro de dos grandes tipos de control. En los selectivos, el radar se coloca separado del vehículo oficial y se orienta a detectar grandes excesos de velocidad y posibles delitos contra la seguridad vial. En estos casos, el dispositivo puede estar ubicado de forma discreta y sin señalización previa.
En los controles genéricos, el radar va junto o adosado al vehículo oficial, que debe ir uniformado. Este formato busca reforzar la percepción de vigilancia y aumentar la seguridad subjetiva del control. En ambos casos, el objetivo es el mismo: reducir conductas de riesgo y frenar los excesos de velocidad antes de que deriven en accidentes.
La vigilancia también viene desde el aire
El control del tráfico no se limita a la carretera. La DGT también ha reforzado la vigilancia aérea con helicópteros equipados con cámaras de gran alcance y con una flota de drones que patrullan determinadas zonas desde baja altura. Esta combinación añade una capa extra de supervisión sobre carreteras y autopistas. Los helicópteros pueden operar a gran altitud y vigilar con claridad un radio amplio, mientras que los drones, pilotados desde tierra, ofrecen una presencia más silenciosa y flexible. Aunque su autonomía es más limitada, amplían la capacidad de control en situaciones concretas y complementan la labor de los radares terrestres para intentar aumentar la seguridad en las carreteras españolas.