Estos trucos permiten ahorrar combustible tras la subida por la guerra en Irán, según los expertos
El encarecimiento de los carburantes vuelve a golpear el bolsillo de los conductores. La escalada bélica en Irán ha disparado los precios en las estaciones de servicio, y los analistas del mercado no prevén un alivio inmediato. Los últimos ataques a refinerías disparan el precio del petróleo a 113 dólares y el gas por encima de los 70, un 30% más. Ante este escenario, la acción de los consumidores se centra en una idea sencilla, pero decisiva al ser la única posible: aunque el precio externo apenas depende del consumidor, sí existe margen para rebajar el gasto diario al volante.
Organizaciones del sector del automóvil insisten en
que una parte notable del desembolso puede recortarse sin acudir al taller ni
invertir en tecnología adicional. El ADAC, el Club Alemán del Automóvil,
calcula que una conducción eficiente permite rebajar el consumo hasta un 20% si
se mantienen hábitos constantes. La clave está en sumar pequeños gestos que,
combinados, terminan generando una diferencia visible en el depósito y en la
factura mensual.
La presión de los neumáticos, un detalle que marca diferencias
Uno de los puntos más eficaces es también uno de los
más ignorados: la presión correcta de las ruedas. El Departamento de Energía de
Estados Unidos sostiene que circular con los neumáticos en buen estado de
inflado puede mejorar la autonomía en torno a un 3%, aunque algunas
estimaciones elevan ese margen hasta un 10%, según CBS News.
David Bennett, experto de la AAA (American Automobile
Association), advierte de que unos neumáticos demasiado blandos aumentan la
resistencia a la rodadura. Ese esfuerzo extra obliga al motor a trabajar más de
lo necesario para mantener el movimiento. Incluso una caída de apenas 0,3 bares
respecto al valor recomendado ya puede traducirse en un mayor gasto de
combustible. Los datos de fábrica o las indicaciones del fabricante suelen
figurar en el marco de la puerta del conductor, en la tapa del depósito o en el
manual del vehículo.
Menos velocidad en autovía, menos gasto en el surtidor
La segunda gran solución está en la velocidad. Los
especialistas recomiendan moderar la velocidad en carretera, sobre todo en
autovía, donde el aumento de la resistencia del aire penaliza con fuerza la
eficiencia. En muchos modelos modernos, moverse en torno a los 105 kilómetros
por hora representa una franja especialmente favorable para contener el gasto.
La AAA calcula que reducir entre ocho y 16 kilómetros por hora en autopista puede suponer un ahorro de hasta el 14% de combustible. No se trata solo de ir más despacio, sino de hacerlo con regularidad. El uso de la velocidad de crucero puede ayudar a estabilizar el avance, evitar oscilaciones innecesarias y suavizar el uso del acelerador. A mayor velocidad, más energía necesita el vehículo para vencer el aire. Y cuanto más bruscos son los cambios de ritmo, mayor es el esfuerzo mecánico.
Conducir con suavidad también cuenta
El tercer consejo decisivo tiene que ver con la forma de manejar el coche. Las aceleraciones fuertes y las frenadas repentinas elevan el consumo de manera notable mientras que una conducción serena, anticipada y fluida permite aprovechar mejor la energía ya generada.
El Departamento de Energía de Estados Unidos calcula
que la conducción agresiva puede empeorar la eficiencia entre un 15 y un 30% en
autopista, y hasta un 40% en tráfico con frecuentes paradas y arranques. La
diferencia es enorme, sobre todo en ciudades con grandes atascos. Levantar el
pie antes de llegar a un semáforo, dejar rodar el coche cuando la situación lo
permita y usar el freno motor con inteligencia son hábitos con impacto real.
Otros gestos útiles para gastar menos
También hay varias prácticas complementarias que
ayudan a contener el consumo. Un motor frío necesita más gasolina, así que
conviene agrupar encargos para evitar trayectos cortos e independientes.
También es recomendable apagar el vehículo cuando la parada va a ser
prolongada, ya que el motor al ralentí puede gastar entre 0,5 y 1 litro por
hora.
El uso intensivo de la climatización, ya sea aire
acondicionado o calefacción, añade otra carga al sistema. Dependiendo del
modelo, el aire acondicionado puede elevar el gasto entre 0,3 y 1,5 litros cada
100 kilómetros. A ello se suma el efecto del peso: 100 kilos adicionales en la
carga pueden incrementar el consumo hasta en 0,3 litros por cada 100
kilómetros.
La física explica por qué funciona
Todas estas recomendaciones tienen una base común: la
física. Conforme aumenta la velocidad, la resistencia del aire crece de forma
desproporcionada y obliga al motor a emplear mucha más energía. Algo parecido
ocurre con las aceleraciones bruscas, que exigen mover más masa en menos
tiempo. Una marcha estable, a ritmo moderado, representa la
combinación más eficaz para rebajar el gasto.