Un checo, dos caballos, dos perros, siete meses de ruta y 8.000 kilómetros en el Camino de Santiago
Las calles del casco histórico de Lugo ofrecieron recientemente una escena poco habitual incluso para una ruta acostumbrada a recibir peregrinos de todo el mundo. Un hombre avanzaba lentamente acompañado por un caballo, un poni y dos perros. Tras ellos quedaban siete meses de Camino y cerca de 8.000 kilómetros recorridos desde Praga.
El peregrino es Jakub Drábek, un checo que emprendió la travesía junto a sus animales con el objetivo de completar el Camino de Santiago. Su llegada a la ciudad amurallada despertó la curiosidad de vecinos y caminantes que transitaban por la zona.
Drábek es conocido por el nombre de su proyecto personal, Toulaví Vlci, una expresión que puede traducirse como "Lobos Errantes". Su expedición ha combinado aventura, resistencia física y convivencia constante con los animales que le acompañan. La iniciativa comenzó hace algo más de siete meses en la República Checa. La marcha se incorporó a uno de los itinerarios clásicos del Camino tras atravesar Francia, después de recorrer varios cientos de kilómetros desde Europa central. El objetivo inmediato es alcanzar Santiago de Compostela en los próximos días, si las condiciones del Camino lo permiten.
El peregrino no camina solo. Su expedición está formada por cuatro animales que constituyen una pequeña manada con la que comparte cada jornada. El caballo "Goliat", un alazán que ya había participado en otras travesías, es el principal apoyo logístico del grupo. Junto a él camina el poni "Pollynka", cuya presencia no estaba prevista en los primeros planes del viaje. Inicialmente la intención era realizar la ruta con un solo caballo para simplificar la organización y reducir la cantidad de alimento que debía transportar. Sin embargo, el poni mostró una fuerte dependencia del otro equino, lo que llevó a incluirlo en la expedición.
La comitiva se completa con dos perros. Su presencia aporta compañía constante en un viaje marcado por largos periodos de soledad. Durante estos meses, el bienestar de los animales ha condicionado en todo momento el ritmo y las decisiones del trayecto. Uno de los momentos más delicados se produjo cuando una de las perras enfermó de babesiosis, una enfermedad transmitida por garrapatas que puede resultar grave si no se trata a tiempo. El grupo se vio obligado a detener la marcha durante varios días mientras recibía atención veterinaria.
La travesía se organiza con una planificación flexible. El itinerario no se diseña con grandes periodos de antelación, sino que se adapta constantemente a las condiciones del terreno, al clima y al estado físico de los animales. Durante el invierno, con jornadas cortas y caminos helados, el avance diario apenas alcanzaba los diez kilómetros. Con la mejora de la meteorología la media ha aumentado hasta situarse entre quince y veinte kilómetros por jornada.
La alimentación de los animales se basa principalmente en el pasto que encuentran durante el camino. Cuando es necesario, el viajero complementa la dieta con minerales adquiridos en tiendas especializadas. En el caso de los perros, la logística es más compleja, especialmente cuando las temperaturas impiden conservar alimentos frescos durante varios días.
El alojamiento sigue una pauta similar de sencillez. El grupo pasa la inmensa mayoría de las noches al aire libre, en una tienda de campaña. Las ocasiones en las que ha recurrido a un hostal han sido muy puntuales y motivadas por condiciones meteorológicas especialmente adversas.
A lo largo del recorrido, la expedición ha despertado tanto admiración como críticas. En redes sociales algunos usuarios han cuestionado la decisión de emprender un viaje de estas características con animales. Drábek sostiene que todas las decisiones del trayecto se toman teniendo en cuenta su estado físico y que el itinerario se adapta constantemente para evitar situaciones de riesgo.
El trayecto también ha tenido momentos de dificultad personal. Tras varios meses de viaje, una mujer alemana se unió temporalmente al grupo y compartió algunas etapas de la travesía. Cuando decidió continuar su propio camino, la marcha volvió a desarrollarse en solitario, una situación que coincidió con el cansancio acumulado y con condiciones meteorológicas adversas.
A pesar de esos episodios, la expedición ha continuado hasta alcanzar Galicia. Para su protagonista, la llegada a Santiago no representa un final definitivo, sino una etapa más dentro de un estilo de vida basado en el viaje y la exploración.
Una vez completado el Camino, su intención es regresar a su país junto a los animales, trabajar durante el verano y preparar nuevas expediciones. Entre sus planes figura volver al sur de Europa y emprender otra ruta a pie, de nuevo acompañado por sus perros y por nuevos caballos.