Si se quedan, mal y si se van, peor
El domingo fue la constatación de que la radicalización que ha adoptado Pedro Sánchez ha acabado con los partidos situados a su izquierda porque ha absorbido a la mayoría de sus electores, al mismo tiempo que ha perdido definitivamente a los votantes más centrados. La cúpula de Sumar es consciente del problema que tiene y algunas voces han comenzado a reclamar un cambio de estrategia alejándose del PSOE, tomando una posición crítica con él, e incluso, dejando el Gobierno. La disyuntiva que tienen es continuar desangrándose, porque su electorado termina confundiendo Sumar con Pedro Sánchez, o dejar el Gobierno para competir con el PSOE por ese electorado. Por otra parte, romper la coalición abre la puerta a un anticipo electoral que no conviene nada a los dirigentes de Sumar porque tendrían poco tiempo para recuperar lo perdido. Tampoco situaría a Sánchez en el mejor de los escenarios porque captando a todos esos electores sería del todo insuficiente para poder ser investido. En Castilla y León se certificó la defunción de Sumar y Podemos y, también, que el ascenso en 2 diputados del PSOE solo ha servido como analgésico local después de los desastres en Extremadura y Aragón. Cualquier movimiento con relación a la situación actual hace empeorar la posición de las dos partes: Sánchez no podría seguir sin convocar elecciones y los ministros de Sumar perderían sus carteras para no volverlas a recuperar.
Es decir, si quedan, mal, si se van, peor. Lo más probable es que, después de la pataleta por lo que está sucediendo en los procesos autonómicos, no suceda nada. Parece que Yolanda Díaz y Mónica García han sido las que se han opuesto a esa operación, quizá las que más tienen que perder, y hay que recordar que también está en juego el liderazgo de la nueva coalición (y tienen más posibilidades los que tienen cartera).
Sánchez ha devorado todo lo que tenía al alcance. Primero, al propio PSOE, hasta convertirlo en un partido que ya no aspira a ganar elecciones en ningún sitio; después, a todos sus socios, que han ido perdiendo apoyos. La derecha suma más del 50% en todas las elecciones celebradas y en la izquierda queda un erial, lo que saca el PSOE y muy poco más. Después de Sánchez, a los socialistas les queda recorrer el desierto, y no será porque no se veía venir.