Las palabras del Rey: de gesto con México a munición en la trinchera política
Las palabras de Felipe VI el lunes sobre los «abusos» cometidos en la conquista de América estaban llamadas a cerrar heridas con México y han terminado abriendo otras aquí. Una vez más, los bloques políticos tardaron nada y menos en leer la reflexión del Rey en clave interna para convertirla en algo susceptible de ser usado como munición en la trinchera partidista. Una instrumentalización del discurso del jefe del Estado totalmente alejada de la vocación de sus intervenciones que es, precisamente, la de unir en lugar de causar aún más división.
El Gobierno se apresuró a bendecir sin matices las declaraciones de Felipe VI, una reacción por otro lado esperable dado que es Moncloa quien dictamina la dirección de la política exterior. La ministra portavoz, Elma Saiz, fue la encargada de asegurar que las suscriben «al cien por cien» y confirmó además que Zarzuela les había informado previamente de ese movimiento.
Según pudo saber LA RAZÓN, efectivamente el Gobierno estuvo al tanto de que se iba a producir la conversación con el embajador mexicano, aunque no se especificaron cuáles iban a ser las palabras empleadas en un acercamiento que habría partido del Monarca y no del Ejecutivo.
En cualquier caso, la utilidad del gesto Real para recomponer la relación con México en vísperas de la próxima Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar en Madrid a principios de noviembre es innegable. De momento, la respuesta de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, aún no ha despejado las dudas sobre si participarán en una cumbre que ya está muy devaluada.
La mandataria reconoció el «gesto de acercamiento» que hizo el Rey pero admitió que no fue todo lo que le hubiera gustado escuchar: «Es un acercamiento del Rey que reconocemos. No fue todo lo que hubiéramos querido pero la verdad es que es un gesto de acercamiento».
Fue su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien exigió en una carta al Rey en 2019 que pidiera disculpas por los «excesos y exterminios que hubo durante la llegada de los españoles». Según dijo Sheinbaum, la callada que dio como respuesta Zarzuela causó entonces «un enfriamiento de las relaciones».
«Yo creo que hay que reconocerlo y seguir avanzando en el diálogo», añadió después sin dar por cerrada del todo la disputa ni confirmar si estaría dispuesta a invitar al Monarca a visitar México. Conviene recordar que Felipe VI no fue invitado a su toma de posesión a modo de pataleta porque no lograron que actuara a su dictado.
A la izquierda del PSOE, Sumar se unió a su socio de gobierno avalando la acción del Rey y Podemos hizo lo que se esperaba de ellos: decir que el jefe del Estado se había quedado corto y no había estado «a la altura de la memoria democrática ni de la memoria colonial».
En el otro lado del espectro, Alberto Núñez Feijóo optó por marcar distancias sin romper del todo la baraja (valga esto tanto para Vox como para la Corona). En ese medio camino en el que trata de mantener siempre el equilibrio, el líder del PP defendió el «legado español» en América y censuró que «hacer ahora un examen de las cosas que ocurrieron en el siglo XV es un disparate».
Un pensamiento el del jefe de la oposición que, por otro lado, coincide exactamente con el espíritu de las palabras del Rey, que pidió no juzgar lo que ocurrió hace más de 500 años con los estándares de hoy en día.
Fueron tan medidas y centradas las palabras de Felipe VI el lunes en el Museo Arqueológico Nacional que realmente resulta difícil creer que pudieran causar «estupefacción» a nadie, como dijo Vox. Los de Abascal parecen seguir con su campaña de alejamiento de la Corona, aunque han dado un paso más en la batalla ideológica. Reivindicaron la conquista de América como una «empresa civilizadora y evangelizadora» al tiempo que rechazaban crítica alguna, ya que fue llevada a cabo, dijeron, por «la Corona española respetando los derechos y la dignidad de todos los súbditos».
Una vez más, el Rey habló y el espectro político escuchó cuatro discursos distintos. El Gobierno se apunta el tanto de la astucia diplomática, el PP intenta encajarlo sin dañar demasiado a la Corona, pero sin asumir un discurso que cree propio de la izquierda, Vox lo convierte en otro frente de su batalla cultural y la izquierda alternativa lo usa para empujar más allá el debate sobre memoria y reparación.