La huelga escala tensión tras los ataques de Mónica García a los médicos
La segunda semana de huelga médica indefinida de 2026 arrancó ayer con un clima de máxima tensión entre el Ministerio de Sanidad y la profesión médica. Lejos de encaminarse hacia un punto de encuentro, el conflicto escaló significativamente después de que la ministra, Mónica García, atribuyera los paros a "motivaciones políticas". Sus palabras provocaron un rechazo inmediato entre los sindicatos convocantes, que la acusaron de "deslegitimar" las reivindicaciones del sector y de intentar desviar la atención sobre los problemas estructurales (la sobrecarga asistencial y la falta de reconocimiento profesional) que realmente han llevado al estallido de la protesta nacional.
El día de ayer estuvo marcado por movilizaciones y protestas en distintas ciudades de España, intensas reacciones políticas y un empeoramiento del clima institucional. La actividad asistencial volvió a resentirse en gran parte del país, especialmente en las comunidades donde el seguimiento sigue siendo mayor –Andalucía, Baleares y Madrid–.
A primera hora de la mañana, la ministra de Sanidad, en un ejercicio de torpeza y máxima imprudencia, afirmó que parte de la motivación de la huelga tenía una raíz "política". Además, recalcó su manido y recurrente argumento de que muchas reivindicaciones "ya estaban recogidas" en los borradores ministeriales y que "correspondía ahora a las comunidades autónomas" aplicarlas.
La afirmación actuó como catalizador de la indignación de los médicos. El Comité de Huelga, con el que Mónica García rehúye reunirse de manera directa, replicó que las declaraciones de la ministra representaban "un ataque directo" al colectivo y suponían "una forma de deslegitimar las protestas", que consideran estrictamente laborales y asistenciales.
Las autonomías redoblan el pulso contra Sanidad
Las comunidades autónomas también recogieron el guante por la insistencia de García en trasladarles la responsabilidad sobre el conflicto.
En Madrid, la consejera de Sanidad, Fátima Matute, calificó estos paros nacionales que se extenderán hasta junio como la"peor huelga indefinida de médicos" registrada en años recientes. Matute acusó además al Ministerio de haber elaborado un Estatuto Marco "inviable técnica y económicamente" y de haberlo presentado sin la memoria de viabilidad que las comunidades exigían.
Insistió también en que García estaba "llevando la confrontación a las calles y entre categorías profesionales", lo que, a su juicio, empeoraba aún más la capacidad de coordinación en plena crisis asistencial.
Cabe recordar que la Comunidad ha sido la primera autonomía en apoyar abiertamente la creación de un ámbito de negociación y un estatuto propio para médicos y facultativos.
En Andalucía, el consejero Antonio Sanz denunció que la "prepotencia" ministerial había provocado ya la suspensión de más de un millón de actos médicos tras las dos primeras semanas de conflicto. Recordó que las comunidades sufrían "una huelga que no han originado" y lamentó que Sanidad haya mantenido una postura que calificó de "dejación de responsabilidades".
Ambos gobiernos regionales coincidieron en el diagnóstico de que Mónica García estaba "agravando el incendio" con mensajes contradictorios y con una estrategia que, según ellos, "está profundizando la fractura en el sector sanitario".
En el plano asistencial, el primer día de esta segunda semana confirmó que el impacto seguía siendo notable. En Andalucía, los hospitales funcionaron con servicios mínimos reforzados, similares a los de un domingo o festivo, lo que obligó a reprogramar consultas externas, cirugías no urgentes y miles de pruebas diagnósticas.
Las cifras acumuladas de la primera semana siguen siendo muy abultadas: casi 300.000 actos asistenciales suspendidos y un coste económico superior a los 39 millones de euros, según datos autonómicos.
En Baleares, el seguimiento fue de entre el 70% y el 85% en hospitales y del 40% al 60% en atención primaria. Los MIR se mostraron especialmente movilizados, con niveles de adhesión del 95% en servicios clave como anestesia. Buena parte de las consultas externas tuvieron que suspenderse.
En Madrid, más de 500 médicos se concentraron ayer frente al Ministerio de Sanidad, convocados por el sindicato madrileño Amyts, y coreando frases como "Mónica, rata, ponte tú la bata","ministra, somos tus rehenes" o "mientras haya guardias, habrá huelga".
Los profesionales reclaman "un estatuto propio que tenga en cuenta las particularidades de su profesión" y denuncian que el actual sistema impone jornadas que consideran "discriminatorias".
El principal problema que reseñan son las guardias médicas, que pueden elevar las jornadas semanales a cifras que los sindicatos califican de "insostenibles".
La secretaria general de Amyts, Ángela Hernández, criticó que el Estatuto Marco que defiende Sanidad apenas reduce los límites actuales: "Quieren que nos conformemos con pasar de una jornada que puede llegar a 96 horas a otra que puede alcanzar hasta 75"
El ridículo de Más Madrid
El partido de la ministra de Sanidad, Más Madrid, insistió en que "los médicos deberían manifestarse en la Puerta del Sol ante la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid» y el PP le recordó que las protestas son contra las medidas tomadas por Mónica García, y que su Ministerio es «el único responsable».
Desde la oposición y desde varias organizaciones médicas se recordó ayer que García había apoyado movilizaciones similares en la Comunidad de Madrid cuando era una de las voces más destacadas en la oposición regional contra Isabel Díaz Ayuso. De hecho, la ministra lideró 22 días de huelga médica en Madrid en 2012 y apoyó cuatro meses de paros médicos contra la Comunidad en 2023. Sin embargo, ahora, deslegitimaba protestas que antes defendía con entusiasmo, lo que fue leído por muchos profesionales como una "contradicción flagrante".
La ministra, por su parte, defendió su postura. Sostuvo que estaba dispuesta a "sentarse todas las veces que fuera necesario", a lo que añadió el diálogo debía ser "serio, sin trampas ni discursos interesados".
Resulta del todo desconcertante, aunque nada sorprendente, la incapacidad de Mónica Garía para ver como la retratan sus propias palabras. De hecho, la semana pasada tuvo que pedir disculpas en un acto con motivo del Día Mundial del Riñón por haber insinuado que durante la huelga de febrero se suspendieron tratamientos de diálisis.