Milo Manara en la abadía del crimen de Umberto Eco
Milo Manara acaba de concluir uno de sus grandes proyectos como era traducir en viñetas las andanzas del fraile franciscano Guillermo de Baskerville y su leal Adso de Melk. O, lo que es lo mismo, adaptar «El nombre de la rosa», la celebérrima novela de Umberto Eco. El segundo tomo de este ambicioso proyecto acaba de publicarse en nuestro país de la mano de Lumen. El veterano maestro italiano, en conversación telefónica con este diario desde su estudio, se muestra feliz con el trabajo hecho y por haber descubierto «la enorme sabiduría de Eco, tanto sobre la Edad Media como sobre la conciencia de la Edad Media. “El nombre de la rosa” es una novela universal donde se puede encontrar todo. Es un libro que es todo un mundo».
Evidentemente, para Milo Manara no ha sido una labor fácil adentrarse en esta historia gótica con muertes y algunas dosis de erotismo. Respecto a ese proceso, el artista confesó que «la mayor dificultad radicaba en la convicción de que era preciso amputar muchas, muchísimas cosas; en la necesidad casi imperiosa de suprimir prácticamente todo. Sin embargo, surgió la metáfora de la catedral –como si uno se hallara de pronto ante una inmensa catedral gótica–: debía preservar en pie cualquier superestructura superflua, sí, pero, ante todo, la estructura portante, el esqueleto esencial que sostiene el conjunto. Por eso, mi aspiración era, naturalmente, destilarlo todo en apenas cien páginas de cómic. Se trataba, en efecto, de un libro que superaba las quinientas de densa historia. No era tarea sencilla. Confío en haber logrado preservar el espíritu profundo de la obra original. Creo –prosigue– que lo he conseguido, pues Stefano, el hijo de Umberto Eco, me confesó que, al leer el cómic, había reconocido en él el alma misma del libro de su padre». Las palabras de Stefano fueron importantes para el dibujante porque «renovó mi esperanza de haber logrado preservar el espíritu esencial de la obra a través de las viñetas».
Para muchos, la puerta de entrada en «El nombre de la rosa» fue la adaptación cinematográfica de Jean-Jacques Annaud con Sean Connery como Guillermo de Baskerville. En la versión de Manara el monje detective se parece sospechosamente a Marlon Brando en sus rasgos. ¿Era complicado alejarse de la mirada que el cine brindó de la novela de Eco? El autor de clásicos del noveno arte, como «El clic», ha tratado de huir de la versión de Annaud y buscado seguir la palabra de Eco. «He procurado ser extremadamente fiel al texto. Por ejemplo, la Edad Media que nos ofrece Eco no es una lectura gótica en el sentido literario que asociamos a autores como Bram Stoker, Allan Poe, Lovecraft o Mary Shelley –un gótico como adjetivo de terror, de tinieblas perpetuas–. La Edad Media de Eco no es eso. Cuando el personaje entra en el laberinto, Adso cree hallar algo espantoso, pavoroso, sí, pero el verdadero horror reside en otra parte: el laberinto evoca más el centro de angustia de Borges, “La Biblioteca de Babel”, con su infinito desorden y su enigma metafísico, que el castillo de Drácula. En la película, en cambio, el laberinto se representa a menudo con ecos del castillo vampírico, con esa atmósfera de terror gótico-romántico». ¿Y entre Sean Connery y Marlon Brando? Manara puntualiza que, «inevitablemente, cuando pensamos en Guillermo de Baskerville, la imagen de Sean Connery se nos aparece: un actor inmenso, con una presencia arrolladora, un carisma que ha penetrado en el imaginario colectivo. Por eso, para mi versión, necesité imaginar a alguien con un carisma equivalente, como podría haberlo sido Marlon Brando en su plenitud, alguien cuya potencia física y espiritual hubieran marcado con igual fuerza la memoria colectiva. Así lo espero: que, al leer mi cómic –que es, ante todo, un libro para leer–, el lector logre evocar al Guillermo de Eco, libre de esas sombras cinematográficas tan poderosas, y redescubra la obra en su esencia luminosa y profunda».
Para Manara, una de las grandes virtudes de la novela, publicada originalmente en 1980, es seguir vigente en sus temas: «El fanatismo religioso, sin duda, ocupa un lugar central en la Edad Media que recrea la novela. En el segundo libro, por ejemplo, se desarrolla la disputa teológica sobre la riqueza y la pobreza. Sin embargo, creo que la gran vigencia del libro radica en cómo Eco nos ofrece una lectura de la Edad Media que resuena con nuestra propia época. La distribución actual de la riqueza es, en muchos sentidos, medieval».
Pese a sus ochenta años, Milo Manara sigue trabajando y viajando. A este diario anuncia que visitará los salones del cómic que se celebrarán en las próximas semanas en Barcelona y Madrid, con las sesiones de firmas tan esperadas por sus admiradores. Antes de eso, en su mesa de trabajo le espera un nuevo proyecto: adentrarse en el universo de «Sin City», de Frank Miller. «Me hace mucha ilusión porque Miller me ha escrito un episodio de treinta páginas. Así que no se trata de una simple ilustración a un texto que refleja, de algún modo, la conciencia del momento mundial que estamos atravesando. Miller es un amigo, alguien de quien admiro profundamente su espíritu, su visión cruda y sin concesiones, su forma de narrar».