Antonio Jesús Cabrerizo alcanza la cúpula del Ejército: el almeriense que da un salto clave en Madrid
Antonio Jesús Cabrerizo da el salto a uno de los puestos más relevantes del Ejército
El nombramiento de Antonio Jesús Cabrerizo sitúa a un almeriense en el segundo nivel de mando de la fuerza terrestre española. No se trata de un destino simbólico. El puesto de segundo jefe del Estado Mayor del Ejército tiene un peso decisivo en la organización interna, en la preparación de capacidades, en el seguimiento de prioridades estratégicas y en la conexión entre el mando político-militar y la estructura operativa.
La toma de posesión estuvo presidida por el jefe de Estado Mayor del Ejército, el general de ejército Amador Enseñat y Berea, dentro de un relevo de primer nivel en la cúpula militar. Cabrerizo sustituye al teniente general Alejandro Gonzalo Escámez Fernández, que pasó a la situación de reserva tras cerrar su etapa al frente de esa responsabilidad.
La escena, solemne y medida, proyectó el valor institucional del relevo. En este tipo de actos no solo se formaliza un cambio de nombre. También se visualiza la continuidad de la cadena de mando, la confianza depositada en un perfil concreto y el peso de la experiencia acumulada para afrontar una nueva etapa en el Ejército de Tierra.
Qué hace el segundo jefe del Estado Mayor del Ejército
El SEJEME es una de las figuras más importantes de la estructura castrense. Su cometido pasa por apoyar al JEME en la dirección del Estado Mayor, coordinar líneas de trabajo internas, supervisar el desarrollo de iniciativas estratégicas y contribuir a la preparación del Ejército ante escenarios cada vez más complejos.
En la práctica, eso implica participar en decisiones relacionadas con organización, doctrina, personal, modernización de capacidades y adaptación a los nuevos entornos de seguridad. También supone trabajar sobre procesos de transformación que afectan al conjunto de la fuerza, desde la preparación de mandos hasta la evolución tecnológica de las unidades.
La relevancia del cargo se entiende mejor si se observa el contexto actual. El Ejército de Tierra afronta un tiempo de redefinición marcado por la digitalización, la interoperabilidad con aliados, los conflictos híbridos, la presión logística y la necesidad de ajustar estructuras a las demandas del horizonte 2035. En ese marco, la figura del segundo jefe gana todavía más peso.
De Tabernas a Madrid: la raíz almeriense de Antonio Jesús Cabrerizo
El ascenso de Antonio Jesús Cabrerizo tiene una lectura institucional, pero también una dimensión territorial evidente. Nacido en Tabernas, el teniente general mantiene una vinculación muy estrecha con la provincia de Almería. Su familia sigue residiendo allí, y buena parte de su identidad personal y profesional se explica desde ese origen.
Tras su formación inicial en su localidad natal, completó sus estudios de secundaria y bachillerato en el Instituto Nicolás Salmerón de la capital almeriense. Ese recorrido académico previo a su entrada en las Fuerzas Armadas forma parte de una biografía muy ligada a la provincia, algo que se ha mantenido a lo largo del tiempo pese a una carrera desarrollada en múltiples destinos.
Ese vínculo fue reconocido además en 2012, cuando fue nombrado hijo adoptivo de Olula del Río. No es un detalle menor. Muestra que su relación con Almería no ha quedado reducida al dato biográfico, sino que ha seguido viva tanto en el plano institucional como en el afectivo.
La huella de la Brigada de la Legión en su carrera
Uno de los capítulos más determinantes de su trayectoria se escribió en Viator, en la base Álvarez de Sotomayor. Allí permaneció una década integrado en la Brigada de la Legión, una etapa decisiva para entender su perfil de mando y su proyección posterior.
Durante esos años desempeñó responsabilidades de creciente exigencia. Fue capitán jefe de la Compañía de Zapadores, más tarde comandante jefe de la Unidad de Zapadores y acabó como teniente coronel al frente de una misión especialmente significativa: convertirse en el primer jefe y fundador de la Bandera de Zapadores de La Legión.
Ese recorrido no solo aporta prestigio dentro del escalafón. También dibuja un modelo de oficial muy pegado a la operatividad, a la exigencia del terreno y al contacto directo con las unidades. La experiencia en la Legión, por su carga de disciplina, capacidad de respuesta y preparación táctica, suele dejar una marca profunda en quienes pasan por ella. En el caso de Antonio Jesús Cabrerizo, esa huella es central.
Una carrera de mando entre Melilla, doctrina, personal y operaciones internacionales
La progresión del militar almeriense no se explica solo por su etapa legionaria. Su expediente reúne destinos de gran responsabilidad en ámbitos muy distintos, algo especialmente valorado en los escalones superiores del Ejército.
Como coronel estuvo al frente del Regimiento de Ingenieros número 8 en Melilla, una plaza con enorme valor estratégico. Más tarde, ya en el generalato, asumió responsabilidades ligadas al adiestramiento, la doctrina y la enseñanza militar, con paso por el Mando de Adiestramiento y Doctrina. Allí ocupó primero la subdirección y después la dirección.
Ese itinerario lo colocó en un punto de encuentro entre la experiencia operativa y la visión de futuro. El MADOC no solo forma. También define cómo piensa, se prepara y evoluciona el Ejército. Haber dirigido ese ámbito sitúa a Cabrerizo entre los mandos que han participado activamente en la adaptación de la institución a las nuevas necesidades estratégicas.
El paso por el MAPER antes del gran relevo
Antes de asumir su nuevo destino, Antonio Jesús Cabrerizo ejerció como jefe del Mando de Personal del Ejército de Tierra, conocido como MAPER. Ese puesto le permitió gestionar una de las áreas más complejas de cualquier gran organización: los recursos humanos.
Desde esa responsabilidad tuvo que afrontar cuestiones relacionadas con carreras profesionales, necesidades de plantilla, planificación, conciliación y apoyo a las familias militares. En una institución como el Ejército, donde la operatividad depende también de la estabilidad y preparación del personal, ese mando resulta estratégico.
Su labor en ese ámbito fue expresamente destacada durante el acto de toma de posesión. El reconocimiento a su gestión del talento y al apoyo a las familias militares reforzó la idea de que su ascenso no responde solo a una antigüedad en el escalafón, sino a un perfil considerado útil para una fase de transformación.
Misiones en el exterior y visión estratégica del nuevo segundo jefe
Otro de los elementos que explican el peso de Antonio Jesús Cabrerizo en la cúpula militar es su experiencia internacional. El teniente general ha participado en cuatro operaciones en el exterior bajo el paraguas de organizaciones multinacionales, una circunstancia especialmente valiosa en un momento en el que España refuerza la cooperación con aliados y mantiene su compromiso en distintos escenarios.
Su hoja de servicios incluye misiones en Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Líbano y Afganistán. Son teatros muy distintos entre sí, con amenazas, marcos políticos y exigencias operativas diferentes. Haber pasado por ellos ofrece una visión amplia del papel que desempeña el Ejército español dentro de la seguridad internacional.
Ese bagaje ayuda a interpretar por qué su perfil encaja en un puesto como el de SEJEME. La combinación de terreno, mando, doctrina, personal y operaciones exteriores compone una trayectoria transversal, muy próxima a lo que se exige a quienes deben participar en la conducción estratégica del Ejército de Tierra.
El reto del Ejército 2035
La nueva etapa de Antonio Jesús Cabrerizo coincide con uno de los grandes procesos de cambio dentro de la estructura castrense: la transformación orientada al horizonte Ejército 2035. Bajo esa idea se agrupan los trabajos para adaptar la fuerza terrestre a un contexto donde tecnología, inteligencia, sostenimiento, protección y rapidez de respuesta serán factores cada vez más decisivos.
La modernización no se reduce a comprar material o rediseñar unidades. También exige revisar procesos, capacidades, formación y cultura organizativa. Por eso, en puestos como el que ahora ocupa Cabrerizo se valoran perfiles capaces de unir tradición militar, experiencia real y visión de cambio.
Durante su intervención, el nuevo segundo jefe subrayó su compromiso con el trabajo, la dedicación y el servicio. Es una fórmula clásica en la vida castrense, pero en este caso adquiere una lectura adicional. Antonio Jesús Cabrerizo asume el cargo en un momento en el que el Ejército necesita cuadros de mando capaces de ordenar la transición sin romper la cohesión de la institución.
Ese es, precisamente, el alcance de este nombramiento. Antonio Jesús Cabrerizo no solo culmina una carrera de décadas. También se convierte en una de las figuras que tendrán más influencia en el rumbo inmediato del Ejército de Tierra, llevando el nombre de Almería y el peso de su trayectoria hasta la cúpula de la estructura militar española. Antonio Jesús Cabrerizo cierra así un ascenso de máximo nivel con su palabra clave instalada en el centro del presente y del futuro del Ejército.