Vox mide su vuelta a los gobiernos y el PP dice que Castilla y León "sentencia el bloqueo"
Ni siquiera se dio un tiempo de gracia María Guardiola, que desprecintó el ciclo electoral con una victoria incontestable: el 43% del voto y treinta puntos por encima de un Vox que, eso sí, anotó su mejor marca en Extremadura. Se puso el énfasis en lo segundo y no en lo primero, porque si el leitmotiv de aquellas elecciones era el bloqueo de la legislatura, la aspirante popular encalló con sus aspiraciones.
No tardó mucho en poner encima de la mesa un nuevo gobierno de coalición. Escasos días después de las elecciones. Santiago Abascal tampoco tardó en decir sí a gobernar otra vez. Luego, con un horizonte marcado por las elecciones en Aragón y Castilla y León, cambió de opinión y se enredó en un sinfín de pretextos para acabar tumbando la primera investidura de Guardiola.
En la primera semana de campaña en Castilla y León, el líder de Vox priorizó bloquear a conciencia al PP. Para enfatizar una posición antisistema y marcar distancias con el bipartidismo, seguro de que así batiría todos los récords previstos. Además, intensificó sus ataques a los populares. La palabra "estafa" convertida en salmo para su parroquia.
El PP no quiso poner la otra mejilla. Y pasó al ataque con una pregunta que han terminado de responder los votantes. "Si Vox no gana a la izquierda y no pacta con el PP, ¿para qué sirve?". Así se expresó Alfonso Fernández Mañueco en su última entrevista con LA RAZÓN, en la que emplazó a Vox a armar un frente común por la derecha para echar a Sánchez.
Pasadas las elecciones en Aragón, donde Vox volvió a subir con fuerza y el PP bajó ligeramente, Abascal incluso amagó con una repetición electoral en Extremadura. Dio por imposible un pacto con Guardiola, a la que ninguneó con el planteamiento de pedir su cabeza. "La Irene Montero extremeña", la llamaba.
El órdago causó auténtico temor en Génova. El equipo de Alberto Núñez Feijóo le vio las orejas al lobo de la repetición electoral. Tanto, que decidió intervenir las negociaciones. Desde entonces, la cronología ha sido simple: el PP ha ofrecido acuerdos y Vox los ha rechazado. A Abascal no le sentó nada bien el documento marco elaborado por la dirección nacional de los populares, tampoco que se supiera que iban a reunirse. Sistemáticamente, fue retrasando el entendimiento.
Vox dicta "sentencia"
Finalmente, Castilla y León, donde Vox anhelaba traspasar el umbral del 20% para seguir fantaseando con un futurible sorpaso, ha dictado "sentencia al bloqueo", asegura un barón popular de peso. La palma se la ha llevado un PP que mejora en más de cuatro puntos los resultados anteriores. Vox sube y añade a su palmarés otro resultado tan histórico como pírrico. Porque los cantos de sirena no le han acercado siquiera a su meta.
En el entorno de Feijóo tienen claras las conclusiones: "La gente que vota a Vox quiere fastidiar al PSOE y no al PP". La previsión, pues, es que a partir de ahora se produzca un cambio drástico en las negociaciones y que los acuerdos en Extremadura y Aragón se cierren más pronto que tarde. "El resultado de anoche anima a Vox a entender que cuanto más fastidia al PP menos sube".
La gran incógnita, visto lo visto, es si Vox cumple con su palabra inicial de querer regresar a los gobiernos. O permanece fuera, donde parece que le ha ido mejor. Hasta ahora. Abascal siempre ha sostenido el mismo relato de que aquella ruptura tuvo causa justificada por el reparto de menores inmigrantes. El PP nunca ha dudado de que todo fue una maniobra estratégica en un momento de retroceso en las encuestas.
Ayer, se rompió una tendencia que beneficiaba a Vox, que parecía no tener techo, y perjudicaba al PP, que parecía perder fuelle. El desenlace final en Castilla y León: un PP que no solo mantiene su hegemonía, sino que la mejora. A pesar del paso y el peso del tiempo. Un chute de moral en la antesala de la próxima cita: Andalucía, que será la madre de todas las batallas.