Diálogo sí, con Martí y Maceo a nuestro lado
Cin ambivalencias en la percepción de la población cubana ha llegado el anuncio hecho por el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez de que, para crear espacios de entendimiento y cooperación, funcionarios cubanos han sostenido recientemente conversaciones con representantes del Gobierno de Estados Unidos.
Luego de muchas especulaciones, se habla por igual en las casas, en la cola del pan nuestro de cada día o en las esquinas del barrio que en las redes sociales. La polémica es muestra de pluralidad de pensamientos, y de intereses en un país donde la gran mayoría vive en la austeridad y el sacrificio, pero también hay quienes lucran, especulan y hasta delinquen, a lo chiquito o a lo grande, con las escaseces que agobian.
Hay quienes aprueban la decisión por seria y responsable. Otros la apoyan y mantienen la desconfianza ante los resultados posibles sobre cuáles son las pretensiones de Washington que, en este mismo 2026, en medio de conversaciones agredió a Venezuela y secuestró a su Presidente y en similares circunstancias de negociaciones diplomáticas inició una guerra contra Irán que está en pleno desarrollo. Y hasta hay quienes ven a Cuba como estado 51 de la Unión y lo creen el mejor destino, sin importarles la infamia nacional que significaría.
La guerra económica que se nos hace desde hace casi siete décadas, oficializada en febrero de 1962 por el presidente John F. Kennedy, ha sido intensificada al máximo por el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, bajo el consejo con interés personal de su secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, en busca de una entrega de soberanía y lo que colateralmente ello conlleva.
Han empleado contra Cuba un procedimiento habitual, tratar desde la mayor fuerza y lo han expresado casi a diario en todos los medios a su disposición, que son muchos y hegemónicos, tanto en los formales como en los llamados sociales, imponiendo una matriz de opinión: Cuba y su Gobierno están a punto de colapsar y podrán ultimar una «toma de control amistosa», lo que no es precisamente la idea que prevalece en este lado del estrecho en pueblo y liderazgo.
Lo cierto, ya está la mesa lista para un proceso que no es inédito como algunos intentan hacer ver, porque históricamente Cuba ha estado responsablemente dispuesta al diálogo con quien nos confronta, en busca de una convivencia pacífica desde el respeto mutuo. Acuerdos había en no pocos sectores, los hay todavía, de mutuo beneficio, a pesar de la permanencia del bloqueo.
En los primeros días de febrero, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, dijo en más de una entrevista de prensa que Cuba y Estados Unidos no habían establecido de manera formal «un diálogo bilateral», aunque sí «algunos intercambios de mensajes» que estuvieron «vinculados» con los más altos niveles del Gobierno cubano. Y aclaraba diáfanamente la disposición a uno «significativo», con esta premisa: «No estamos listos para discutir nuestro sistema constitucional, así como suponemos que Estados Unidos no está listo para discutir su sistema constitucional, su sistema político ni su realidad económica».
Este recordatorio es válido para quienes dicen que se han estado negando los intercambios, y ahora el Presidente Díaz-Canel subrayó: «En los intercambios que se han sostenido, la parte cubana ha expresado la voluntad de llevar a cabo este proceso sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía, y a la autodeterminación de nuestros gobiernos.
«Hay que recordar que no ha sido ni es práctica del liderazgo de la Revolución Cubana responder a las campañas especulativas sobre este tipo de tema. Se trata de un tema que se desarrolla como parte de un proceso muy sensible, que se conduce con seriedad y responsabilidad, porque afecta los vínculos bilaterales entre las dos naciones y demanda enormes y arduos esfuerzos para encontrar solución y crear espacios de entendimiento, que nos permitan avanzar y alejarnos de la confrontación».
Cuba necesita paz, no bloqueo cruel ni sanciones inhumanas ni agresiones. Conversemos, ojalá lleguemos a acuerdos de beneficio mutuo, pero, ante la fuerza y la imposición, se levanta nuestro permanente espíritu martiano y maceísta.