Manuscrito hallado en la Airef
Lenin (1870-1924) lo tenía claro: «la organización está bien, pero el control es mejor.» Pedro Sánchez, al que se puede acusar de muchas cosas pero no de leninista, sí coincide con el histórico comunista en la importancia del control.
Poco a poco, desde que accedió a la Moncloa ha extendido sus tentáculos para controlar casi todo lo que estaba a su alcance. Ahora está a punto de tener al alcance el único organismo público que no había logrado dominar y que, con frecuencia, le daba disgustos. Se trata de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), la institución creada en 2013, tiempos de Mariano Rajoy, por exigencia de la Unión Europea y de los entonces llamados «hombres de negro.»
La función de la Airef es fiscalizar las cuentas del Gobierno, y garantizar el cumplimiento del principio de estabilidad presupuestaria (artículo 135 de la Constitución) mediante la evaluación continua del ciclo presupuestario y el endeudamiento público. En definitiva, es algo así como el Pepito Grillo del Gobierno y, como tal, con frecuencia, incómodo.
La historia de la Airef, a pesar de su juventud, tiene su miga. Su primer presidente, elegido a propuesta del PP y sin el apoyo explícito del PSOE, fue José Luis Escrivá, que luego sería ministro con Sánchez y ahora es el gobernador del Banco de España.
El nombre de Escrivá se lo puso sobre la mesa a Cristóbal Montoro, entonces ministro de Hacienda, Álvaro Nadal, también ministro de Rajoy y hermano de Alberto Nadal, el actual responsable económico del PP que lidera Alberto Núñez Feijóo.
El nombramiento le salió rana a los populares, a quienes todavía escuece la opción elegida por Montoro y Nadal. Escrivá, al frente de la AIReF, envuelto en la bandera de la independencia le hizo la vida imposible al entonces ministro de Hacienda y, en definitiva, al Gobierno.
Cuando accedió al Gobierno, le sucedió, de forma interina, Cristina Herrero, a quien en 2020, el Congreso de los Diputados nombró por unanimidad –algo impensable ahora– presidenta de la Airef.
Herrero, alta funcionaria del Estado, fue quien, desde su origen creó y desarrolló el organismo desde el punto de vista técnico y de infraestructura. Independiente, en su mandato el organismo ha generado opiniones favorables al Gobierno y otras más críticas, que han molestado mucho en la Moncloa.
Ahora, acaba de terminar su mandato, improrrogable y el Gobierno, a través de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha propuesto a una de sus colaboradoras en el ministerio, Inés Olóndriz, secretaria general de Financiación Autonómica y Local para el puesto.
Funcionaria de carrera del Ayuntamiento de Barcelona, nadie discute su competencia, pero sí su independencia. Si accede a la presidencia de la Airef, el Gobierno controlará, con personas elegidas «ad hoc», todos los organismos, en teoría independientes del Estado.
Para Sánchez, tener a buen recaudo a la Airef es muy importante, mientras siga en la Moncloa, pero también si es desalojado tras las próximas elecciones generales. En el Gobierno se garantiza, en la práctica, opiniones favorables de la Airef, salpicados de matices para justificar una teórica neutralidad. Si sale de la presidencia, tendrá a su disposición un organismo que puede hacerle la vida imposible a su sucesor, como ya hizo en su día de alguna manera Escrivá con Montoro y Rajoy.
Cristina Herrero, sustituida de forma interina por Ignacio Fernández Huertas, director de Análisis Presupuestario del organismo, se ha despedido con una carta extensa en la que insiste en que la Airef «es una institución que requiere responsabilidad y consenso político para preservar y reforzar su papel.»
Además, apunta que «la elección de la nueva presidencia constituye una responsabilidad compartida. Y por ello apelo a los grupos políticos para que afronten este proceso con la altura de miras necesaria, buscando el mayor consenso posible» para reforzar «los cimientos legales e institucionales» de la institución.
No está claro que el Gobierno, que no ha tenido buena relación con ella, le haga caso, mientras está en «veremos» cómo consigue los apoyos necesarios en la Comisión de Hacienda del Congreso para nombrar a Inés Olóndriz.
En la Airef, a la espera de nueva presidencia, queda el último informe de la era Herrero. Algo así como «el manuscrito hallado en la Airef», ya público, que es la más reciente edición del llamado «Observatorio de la deuda».
Sus conclusiones son claras y contundentes. Los riesgos del endeudamiento público a corto plazo están contenidos, pero a largo plazo ponen en duda la sostenibilidad fiscal, algo que incomoda a un Gobierno que piensa que lo mejor es controlarlo todo, como Lenin.