Los agujeros negros en nuestra defensa que no tapa el gasto militar millonario
La geopolítica ha dado un vuelco durante este último mes. En Oriente Medio, Estados Unidos e Israel han atacado con dureza a Irán. De hecho, el 28 de febrero se anunció al mundo que el líder supremo del país, el ayatolá Alí Jameneí, había muerto durante los ataques lanzados por los países aliados. A partir de ahí, cada día ha habido una historia, información y dato nuevo que revelan que la situación es compleja, al mismo tiempo que complicada. Entre los hechos más destacables se encuentra el «no» de España y otros países del entorno europeo, como Italia, a participar en las operaciones ofensivas. Ni siquiera a prestar apoyo logístico desde sus bases en ambas penínsulas. Lo cual ha causado que otros países se desmarquen de la política de Washington y Tel Aviv.
No obstante, durante los recientes eventos que han hecho tambalearse, una vez más, el orden mundial, España ha continuado con su política de rearme. A pesar del «no la guerra» lanzado por el Gobierno encabezado por Pedro Sánchez, lo cierto es que el país ibérico mantiene sus esfuerzos por mejorar, modernizar e incrementar los sistemas y equipos de los que disponen las Fuerzas Armadas españolas. Esta misma semana el Consejo de Ministros ha mantenido el pulso y ha presupuestado un nuevo flujo de ayuda económica para el Ministerio de Defensa.
De acuerdo con la información publicada por la administración, no menos de 1.339 millones de euros llegarán a Defensa para que puedan destinarse, según se ha dicho, para «atender necesidades ineludibles». No sabemos todavía para qué se usará exactamente esta cifra mil millonaria. Sí se puede confirmar que la cantidad aprobada supone más del diez por ciento del presupuesto inicial del Ministerio de Defensa. Lo que la convierte en una de las decisiones a nivel económico más trascendentales adoptadas en lo que va de año.
La resolución del Consejo de Ministros se une a las ya tomadas con anterioridad a lo largo de 2025, donde una fuente no oficial ha subrayado que el Gobierno «está regando con millones» la industria militar del país. Entre los anuncios más destacables se halla el del pasado mes de abril, cuando Pedro Sánchez anunció un presupuesto de 10.471 millones de euros para material de defensa nacional. Dicho esto, y a la luz del refuerzo en esta tendencia, hay que hacer la reflexión ante la gran pregunta colocada delante de nosotros como un elefante blanco en la habitación: ¿está España segura ante un futuro conflicto?
Como suele decir el dicho popular, Sánchez y su gobierno le han visto «las orejas al lobo» y. desde hace más de un año, la Administración se ha puesto las pilas con las compras y la modernización. No obstante, esto se está llevando a cabo en mitad de una crisis silenciosa en el interior de las Fuerzas Armadas por la calidad de vida de los integrantes de tropa y marinería, que exigen mejores condiciones salariales (entre otras cosas).
Pese a esta dificultad, la marcha presupuestaría ha continuado adquiriendo material de toda clase, modernizando los sistemas y, muy importante, creando nuevos proyectos que, en teoría, deben brindar a España equipo innovador y de última generación de cara a prepararse los tiempos venideros. Es el caso de Indra, que ha sido otra vez la adjudicataria de un sustancial contrato para desarrollar el carro de combate del futuro.
Respecto a la pregunta, la respuesta es complicada, como la situación en la que se encuentra España a nivel estratégico. Actualmente, España no dispone en sus arsenales de material que pueda resultar «disuasorio» ante un potencial enemigo. Es verdad que las Fuerzas Armadas poseen una aviación superior a la de su problemático vecino norteafricano. Además, la Armada es otro de los activos imprescindibles en los que se apoya España, así como sus sistemas de localización e intercepción de misiles.
Ahora bien, hasta aquí se puede listar su potencial de cara a lidiar con un estado hostil a largas distancias. El país se mantiene al margen de los desarrollos en misiles de tipo hipersónicos, que ahora mismo son la cumbre de los ataques convencionales, así como de los drones de ataque kamikazes, pese a que Europa está aventurándose en este camino.
Las baterías de misiles presentes en las Fuerzas Armadas están centradas en la defensa aérea del territorio. Desde hace tiempo los MIM-104 Patriot, adquiridos a Estados Unidos, y los NASAMS II+ noruegos simbolizan el máximo poderío en materia de defensa nacional.
Por tanto, España no está en condiciones de proteger su soberanía, al menos de forma independiente, como se espera de cualquier estado moderno. Esto puede aplicarse a la propia política del gobierno con un ejemplo reciente. Este mes, la Francia de Emmanuel Macron ha anunciado que va a crear un «paraguas nuclear» para incrementar la disuasión de Europa. España e Italia han comunicado a sus homólogos que no se adherirán a este plan, pues lo señalan como parte de una «escalada militar» en el continente y a nivel global. Entonces, ¿cómo va a defenderse España? Desde hace tiempo la apuesta es la de protegerse mediante los organismos e instituciones internacionales que velan por el Derecho Internacional, hoy tristemente vapuleado tras las acciones de Estados Unidos a lo largo y ancho del mundo. Este es el mayor seguro con el que España puede contar si hay un conflicto.
¿Es inteligente esta manera de pensar? Depende de las condiciones, pues lo que queda claro es la dirección tomada por la geopolítica actual. El Derecho Internacional es deseable y debe preservar la paz en el globo. A la hora de la verdad esto no ha funcionado, por tanto, España sostiene su integridad en un derecho que, hoy por hoy, está de capa caída. Así pues, nuestra defensa requiere de sistemas y equipamiento real para estar en una condición de fuerza frente al resto de países y sus potenciales enemigos.
Una vez alcanzada esa paridad, sin ayuda de nadie más, podrá entonces hacer valer el Derecho Internacional que tanto se defiende en el discurso político.
Por ahora la estrategia de España se mantendrá plegada a ese pensamiento y no hay señal de que vaya a cambiar a corto plazo. La dependencia de Estados Unidos es evidente y no hay un deseo de transformarla, y eso que este aliado se ha vuelto inestable y está en el centro de la crítica política.
España mantendrá su tendencia a «regar con millones» la industria militar, pero sin un plan a largo plazo. Y eso una carencia grave.