Expulsado por pellizcar los testículos de Sorloth en el Atlético de Madrid - Getafe
La expulsión Abqar, que marcó el Atlético de Madrid - Getafe llegó casi diez minutos después de que ambos equipos regresaran de los vestuarios, cuando el VAR detectó una acción que había pasado inadvertida en el centro del campo y que no tenía nada que ver con el balón. Abqar y Sorloth caminaban uno al lado del otro, lejos de cualquier disputa por el esférico, cuando el defensa marroquí pellizcó al delantero noruego en los genitales, una acción deplorable que el colegiado Miguel Ángel Ortiz Arias sancionó con tarjeta roja directa después de revisar las imágenes en el monitor, y que también le costó amarilla a Sorloth por la forma en que reaccionó, agarrando del brazo a su rival y tirándolo al suelo.
El minuto 55 del Metropolitano quedó marcado por una intervención del videoarbitraje que tardó varios minutos en resolverse, y que generó cierta incertidumbre en las gradas porque algunos espectadores pensaron que la revisión podía estar relacionada con una falta previa de Molina en el centro del campo que había quedado en nada. Cuando Ortiz Arias se acercó a la pantalla y comprobó los ángulos que le ofrecían desde el VAR, la naturaleza de la jugada quedó clara: el defensa del Getafe había protagonizado un gesto que poco tiene que ver con el fútbol y que merece quedar completamente desterrado de los terrenos de juego. El juez de campo no dudó en mostrar la cartulina roja, sancionando un acto que había pasado desapercibido en directo porque ocurrió completamente al margen del juego.
El Getafe se quedó con diez cuando el marcador reflejaba el 1-0 que Nahuel Molina había conseguido en el minuto 8 con un golazo sensacional desde fuera del área, uno de esos disparos que dejan a porteros y defensas sin posibilidad de reacción. Los rojiblancos habían dominado el primer tiempo y llegaron al descanso con ventaja, y cuando el partido se reanudó, el equipo azulón vio cómo su situación empeoraba drásticamente por culpa de un gesto inexplicable de uno de sus defensas. La expulsión de Abqar dejó al conjunto visitante en clara inferioridad numérica durante más de media hora de juego, una circunstancia que condicionó por completo el desarrollo del encuentro y que obligó a los de José Bordalás a replantearse cualquier intención ofensiva que pudieran tener.
Jugada sin balón
La jugada entre Abqar y Sorloth se produjo en una fase del partido en la que el balón estaba lejos de ambos futbolistas, lo que explica por qué ningún árbitro asistente ni el propio colegiado principal pudieron verla en directo. Fueron las cámaras del VAR las que captaron el pellizco en la entrepierna del noruego y la posterior reacción del atacante, que derribó a su rival en un gesto de enfado comprensible pero que también mereció amonestación por parte de Ortiz Arias. El episodio completo ocupó apenas unos segundos dentro del desarrollo del juego, pero su trascendencia fue enorme porque alteró el equilibrio del partido y dejó al Getafe en una situación de desventaja que resultó insalvable.El Atlético de Madrid, aprovechó la superioridad numérica para manejar el encuentro con mayor comodidad y evitar que el Getafe pudiera generar ocasiones de peligro. Los azulones, reducidos a diez hombres, se vieron obligados a replegar líneas y a renunciar a cualquier ambición ofensiva, priorizando la solidez defensiva en un intento por evitar que la goleada se consumara. La expulsión de Abqar no solo fue un golpe anímico para el equipo visitante, sino que también evidenció la importancia de mantener la compostura en todo momento sobre el terreno de juego, porque un gesto de este tipo puede echar por tierra el trabajo de todo un equipo.
El Metropolitano vivió el episodio con una mezcla de sorpresa e indignación, porque aunque la expulsión beneficiaba a los intereses del Atlético, la naturaleza de la acción sancionada resulta inaceptable en cualquier contexto deportivo. La tarjeta roja a Abqar fue justa y necesaria, una decisión arbitral respaldada por las imágenes y que dejó claro que el VAR, pese a todas sus controversias, puede ser una herramienta eficaz para garantizar que este tipo de conductas no queden sin castigo.