Nicolás Postiglione, cineasta: “Una exploración que siempre he tratado de hacer con mis proyectos es descubrir Chiles diferentes”
Valdivia, 1957. Tras la muerte de su madre, Daniel, un adolescente de 13 años, es abandonado por su padre en la casa de los Riedel, su familia paterna de origen alemán. En medio de un entorno marcado por la rigidez moral, el silencio y una religiosidad asfixiante, el joven intenta adaptarse a una dinámica familiar que parece regirse por normas estrictas de orden, disciplina y control.
Aislado dentro de ese ambiente distante, Daniel encuentra refugio en Ema, hija de uno de los trabajadores de la hacienda. Pero mientras la familia intenta mantener las apariencias, el adolescente comienza a descubrir una red de secretos, culpas heredadas y tensiones soterradas que amenazan con quebrar la aparente armonía del lugar.
Esto es lo que plantea “Todos los males”, la más reciente película del director chileno Nicolás Postiglione. Un inquietante thriller psicológico de época que llegará a los cines este 19 de marzo y que se adentra en los rincones más oscuros de una familia marcada por el fanatismo, el control y la violencia silenciosa.
Ambientada en la capital de la región de Los Ríos, la cinta sitúa su historia en el seno de la comunidad chileno-alemana del sur del país, un espacio cultural que, según explica el propio cineasta, ofrece un terreno fértil para explorar tensiones históricas, identitarias y familiares.
Frame de “Todos los males”, película de Nicolás Postiglione.
“Una exploración que siempre he tratado de hacer con mis proyectos es descubrir Chiles diferentes que el cine quizás no ha retratado demasiado”, comentó el director en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile. “La comunidad chilena-alemana del sur de Chile me parece bizarra, por decirlo poco. Que exista esa comunidad y que esa inmigración haya quedado plasmada en el tiempo y en nuestra cultura me parecía algo interesante de explorar”.
Interés que no es solo cultural, sino también visual. De hecho, para Postiglione, el paisaje humano y arquitectónico de estas comunidades genera de inmediato una sensación de extrañeza que resulta muy atractiva desde el punto de vista cinematográfico.
“Gráficamente, tú ves las casas alemanas y la fisionomía de la gente y eso ya es extraño”, explicó. “Pero además hay choques culturales entre un país tercermundista al final del mundo con cosas culturales provenientes de Europa, y cómo lo conviven genera fricción y todas las características para despertar dramas y tensión”.
Tensión que, en la película, se expresa en la vida cotidiana de la familia Riedel, que intenta sostener una imagen de orden y rectitud mientras en su interior comienzan a emerger conflictos más profundos. Algo que es explorado a través de la mirada de Daniel, junto a quien el espectador se adentra en una casa donde cada gesto parece esconder algo más.
Frame de “Todos los males”, película de Nicolás Postiglione.
“La familia muestra una primera cara súper correcta, rigurosa, limpiecita, todo prístino y ordenadito”, señala el director. “Pero vas sacando capas y te das cuenta que hay secretos, hay cosas no tan perfectas”.
La decisión de contar la historia desde la perspectiva del adolescente no fue casual. Para Postiglione, el personaje funciona como un observador externo capaz de revelar lo que los demás prefieren ocultar.
“Tenía que venir un agente externo a iluminar el camino y mostrarnos todo lo que estaba pasando en esta familia”, explicó. “Si lo ves a través de sus ojos, te permite sorprenderte con las cosas y subrayar las distintas rarezas que van apareciendo”.
A esa construcción dramática se suma el peso del paisaje del sur de Chile, que en la película cumple un rol clave en la creación de una atmósfera inquietante. Así, el clima, la luz y los sonidos naturales se transforman en elementos que amplifican la tensión del relato.
Frame de “Todos los males”, película de Nicolás Postiglione.
“Vivo en el sur, entonces estoy en contacto constantemente con estos cambios de luz y de clima y con una naturaleza que a veces puede ser tenebrosa”, comentó el cineasta. “Todo eso quise integrarlo a la película como elemento de tensión”.
Los sonidos del entorno también cumplen un papel importante en esa construcción sensorial. “Las bandurrias que pasan volando y gritando hacen más heavy cualquier escena que esté pasando”, dijo entre risas. “Gritan, cortan el sonido, y hay algo muy interesante en eso”.
De esta forma, “Todos los males” construye una atmósfera opresiva donde el drama íntimo se mezcla con el suspenso y el horror psicológico, explorando temas como la herencia familiar, la culpa, el abuso de poder y las formas silenciosas de violencia que pueden incubarse dentro de una comunidad aparentemente ejemplar.
Para Postiglione, esta apuesta también responde a su interés por desarrollar el cine de género en Chile, un ámbito que, a su juicio, aún tiene mucho espacio por explorar dentro de la industria local.
Frame de “Todos los males”, película de Nicolás Postiglione.
“El cine chileno ha sido súper exitoso en términos de premios y reconocimiento artístico, pero siento que muchas veces trabaja desde el drama, muchas veces desde el drama político”, plantea. “El thriller y el terror están mucho menos desarrollados”.
En ese sentido, el director ve en estos géneros una oportunidad para abrir nuevas rutas narrativas dentro del cine nacional. “Ahí hay una oportunidad para ir marcando identidad y descubrir cosas que quizás no se hacen tanto”, afirma.
Cabe destacar que “Todos los males” tuvo su estreno mundial en el Fantastic Fest y también fue parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, dos espacios clave para el cine fantástico contemporáneo.
En medio de ese recorrido internacional es que el director reconoceió que el estreno en salas sigue siendo uno de los momentos más inciertos —y también más estimulantes— del proceso creativo.
Frame de “Todos los males”, película de Nicolás Postiglione.
“Estoy ansioso por ver qué pasa, por cachar cómo reacciona el público al póster, al tráiler, a la invitación gráfica que hicimos”, comentó. “El cine es bien jodido en ese sentido, porque todo el mundo puede opinar”.
Y es que, como él mismo dice, en torno al cine chileno todavía persiste un prejuicio bastante instalado en el público.
“El cine chileno, siendo un cine súper exitoso en términos de premios y reconocimiento artístico—quizás no tanto en lo comercial— es bien poderoso. Pero siempre está, siento, trabajando en su mayoría desde el drama, el drama político en muchas ocasiones“, contextualizó.
“Sabemos que hay temas muy recurrentes y el thriller, si bien a nivel de tono entra en ciertos dramas, pocas películas se meten de lleno en el concepto, en el género del thriller, y mucho menos aún en terror, que está mucho menos desarrollado”, añadió el cineasta.
Estado de las cosas que, bajo su mirada, “abre una oportunidad para ir marcando un poco de identidad e ir trazando un camino artístico, para mí, de descubrir una cosa que quizás no se hace mucho. Porque siento que si me pusiera a hacer dramas políticos entraría a agruparme con películas que son hermosas y les ha ido muy bien, pero uno trata de ser un poco diferente”.
“Y, en ese sentido, el thriller y el terror son mis géneros preferidos. Son las cosas que me gustaría trabajar de aquí en adelante”, agregó Postiglione.
“Se dice mucho en las sobremesas que todas las películas chilenas son iguales”, reflexionó. “En este caso creo que hay cosas diferentes que se exploraron, y quizás la gente lo va a apreciar cuando vaya al cine”.
Con “Todos los males”, Postiglione apuesta justamente por eso: por ofrecer una historia distinta dentro del panorama local, donde el suspenso, el misterio y el horror psicológico se entrelazan con una mirada crítica sobre el pasado y las estructuras familiares que aún resuenan en el presente.