El curioso error de un aficionado del Barça en su partido ante el Newcastle: en vez de la Champions vio uno de tercera categoría
El fútbol, en ocasiones, no entiende de lógica, pero sí de geografía implacable. Un seguidor del FC Barcelona ha protagonizado el episodio más insólito de la presente edición de la Champions League al confundir por completo el destino de su desplazamiento europeo. Lo que debía ser una noche de gala en el norte de Inglaterra se transformó en un naufragio logístico a casi 600 kilómetros de distancia del objetivo, víctima de una duplicidad de nombres que le ha costado el viaje de su vida.
El error se fraguó en la capital británica. Convencido de que el feudo del Newcastle United se encontraba en el sur del país, el aficionado puso rumbo al condado de Devon. Según reveló el propio Exeter City FC a través de sus canales oficiales, el fanático se presentó en el St. James' Park de Exeter, un modesto recinto que comparte nombre con el estadio de las «urracas», pero que se sitúa a exactamente 589 kilómetros del destino correcto. Un trayecto de más de seis horas por carretera que le alejó irremediablemente de la expedición azulgrana.
Tras la estupefacción inicial al comprobar que no había rastro de las estrellas internacionales, el club local decidió tener un gesto de solidaridad deportiva. El personal del estadio permitió al barcelonista acceder de forma gratuita a la tribuna Adam Stansfield tras detectar el error en los tornos de entrada. Allí, en lugar de un duelo de la aristocracia europea, presenció un tosco encuentro de la EFL League One entre el Exeter City y el Lincoln City que terminó con victoria visitante por 0-1.
De Lamine Yamal a la League One
Mientras el seguidor intentaba asimilar el desastre siguiendo el minuto a minuto a través de su teléfono móvil, el Barça sufría en el «verdadero» St. James' Park. El encuentro de ida de los octavos de final terminó con un empate (1-1) gracias a un gol de Lamine Yamal de penalti en la última jugada; un tanto que el protagonista de esta historia tuvo que celebrar en la soledad de un estadio de tercera categoría, rodeado de una realidad que nada tenía que ver con la que había soñado al salir de España.
El personal del club de Devon describió al seguidor como un hombre «absolutamente destrozado» y visiblemente avergonzado por un patinazo cartográfico que ya ha dado la vuelta al mundo. Sin que haya trascendido su identidad, el anonimato protege a un aficionado español que ha aprendido, de la forma más amarga, que en las islas británicas la toponimia de los estadios puede ser la más cruel de las trampas.