El misterioso oso que dejó huellas en el norte de Argentina y desconcierta a científicos
Una huella marcada en la arena húmeda al borde de un río en la selva alta de Orán, en Salta, inició una investigación que hoy intriga a científicos. El registro ocurrió en 2004 cuando el investigador Fernando Del Moral realizaba estudios sobre yaguaretés en el norte argentino.
En medio de su recorrido encontró una pisada que no coincidía con ninguna especie conocida en la zona. Con el tiempo confirmó que se trataba de huellas de oso andino, un animal cuya presencia en Argentina se consideraba dudosa o incluso extinta.
Dos décadas después, Del Moral sostiene una hipótesis que llama la atención de la comunidad científica. En las yungas australes de Argentina vive el oso más austral del mundo.
Un linaje antiguo que sobrevivió miles de años
El oso andino (Tremarctos ornatus), conocido también como oso de anteojos, ucumar o juco, es la única especie de oso que habita en Sudamérica. Además, es el último representante vivo de los osos de rostro corto, un linaje que desapareció en gran parte al final del Pleistoceno.
Su distribución natural se extiende por la cordillera de los Andes desde Venezuela hasta el noroeste argentino. En Argentina, la evidencia científica ubica la especie en las selvas montanas de Salta y Jujuy.
La confirmación científica llegó en 2014. Un estudio publicado en la revista Ursus validó la presencia del animal mediante análisis de ADN extraído de pelos y heces recolectados en campo.
Según Del Moral, el proceso resultó complejo. Durante años no existía una base de datos ni protocolos para investigar osos en ambientes tan australes. Además, algunos especialistas consideraban que los registros correspondían a ejemplares que ingresaban ocasionalmente desde Bolivia.
El análisis genético terminó por confirmar que el oso andino sí habita territorio argentino.
Registros y expediciones antes del ADN
Las primeras referencias sobre el animal en Argentina aparecieron décadas antes del estudio genético. En Salta ya existían menciones desde la década de 1970.
Incluso en 1890 el antropólogo alemán Ernst Middendorf citó en su diccionario de runasimi al “oso de las montañas”, descrito como un animal presente desde Perú hasta el noreste argentino.
Entre 1970 y mediados de los años 80 se organizaron expediciones en las selvas del Parque Nacional Baritú. Las investigaciones fueron lideradas por el explorador salteño José Fadel. En una de ellas participaron incluso soldados del Ejército debido al mito del ucumar y a la presencia de yaguaretés en la zona.
En ese periodo el oso andino aún era poco estudiado en Sudamérica. Las investigaciones formales en los Andes comenzaron a finales de los años 80 con científicos de Perú, Colombia y Venezuela.
Encuentros cercanos en la selva
A pesar de más de 20 años de trabajo en el campo, Fernando Del Moral aún no ha visto al animal directamente en Argentina.
Sin embargo, relata dos encuentros muy cercanos. El primero ocurrió cerca de 2017 cuando encontró huellas extremadamente frescas en un suelo saturado de agua.
El segundo episodio ocurrió poco antes de la pandemia. Durante una tormenta en las yungas observó un grupo de ganado vacuno alterado. Al avanzar halló una gran excreta con olor intenso, característica del oso andino.
Según explicó, el excremento suele ser blando por la gran cantidad de fibra vegetal que consume el animal. Todo indicaba que el oso había pasado apenas minutos antes, oculto por la niebla.
Un animal difícil de observar
El oso andino es una especie esquiva y huidiza. A diferencia de otras especies de osos, no suele ser territorial ni agresivo con los humanos.
Los ataques son extremadamente raros y generalmente ocurren solo cuando el animal se siente amenazado o cuando una hembra protege a sus crías.
En el norte argentino existen algunos reportes aislados. Uno de los relatos ocurrió entre 2000 y 2003 cuando un puestero afirmó que un oso lo persiguió mientras buscaba ganado en una playa de río.
Los testigos indicaron que el hombre sufrió un fuerte impacto emocional tras el encuentro.
Entre la biología y el mito
En las comunidades quechuas y kollas del norte argentino, el ucumar o juco forma parte del imaginario cultural.
En la tradición oral aparece como un ser ambiguo. Algunas historias lo describen como protector de lugares sagrados llamados wakas. Otras lo presentan como una figura temida.
La capacidad del oso para erguirse sobre dos patas alimentó durante siglos la idea de un ser intermedio entre humano y animal.
Para los investigadores, esta mezcla entre mito y biología representó un desafío al momento de analizar testimonios locales.
Un papel clave en los ecosistemas
Más allá del simbolismo cultural, el oso andino cumple un rol ecológico fundamental.
El animal actúa como un gran dispersor de semillas. Estudios registran más de 300 especies vegetales en su dieta.
Además, al desplazarse por amplias áreas del bosque contribuye a modelar el ecosistema y mantiene ambientes que funcionan como reservorios de agua dulce para poblaciones río abajo.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza clasifica la especie como vulnerable debido a la pérdida de hábitat causada por agricultura, ganadería, minería y explotación hidrocarburífera.
Una expedición para documentarlo
La búsqueda del animal también dio origen a un proyecto audiovisual llamado Expedición Juco: en busca del oso más austral del mundo.
El documental sigue durante 30 días el trabajo de un equipo de biólogos y documentalistas en el noroeste argentino y el sur de Bolivia.
El proyecto cuenta con la participación de especialistas internacionales y organizaciones vinculadas a la conservación de grandes carnívoros.
La producción busca mostrar el entorno natural y las comunidades humanas que conviven con el animal en la región.
Un rastro que sigue en la selva
Desde la primera huella registrada en 2004, el Proyecto Juco realizó expediciones, análisis genéticos, muestreos con perros entrenados y monitoreo con cámaras trampa.
El oso andino ya figura en publicaciones científicas y en actualizaciones de la Lista Roja de la UICN con datos provenientes de Argentina. Aun así, sigue siendo un animal difícil de observar.
En las yungas del norte argentino, el oso más austral del mundo continúa dejando rastros en la selva antes de desaparecer nuevamente entre la niebla.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.