Luis Montes Rojas y la discusión sobre los monumentos históricos: “La respuesta puede ser la construcción de piezas que reconozcan otras historias”
El regreso del monumento al general Manuel Baquedano a su pedestal en Plaza Italia —tras casi cinco años fuera del lugar— reactivó el debate sobre el sentido de los monumentos públicos y su relación con la memoria histórica. Uno que para el vicedecano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, Luis Montes Rojas, debe comprender, primero, el carácter institucional de estas obras.
“Los monumentos son la memoria oficial del Estado”, planteó el académico, quien fue uno de los encargados de llevar a cabo la restauración de la pieza. En ese sentido, explicó que estas esculturas no deben entenderse como decisiones individuales o personales, sino como parte de procesos institucionales más amplios. “No podemos entender los monumentos como una determinación singular, personal, sino más bien como frutos de decisiones institucionales. En este caso, no de un gobierno, sino del Estado”, sostuvo.
Así, Montes Rojas también recordó que el monumento a Baquedano se levantó en un contexto histórico específico. Según explicó el escultor, su construcción se gestó en la década de 1920, en medio de tensiones políticas y diplomáticas vinculadas al futuro de Tacna y Arica. “El monumento se erigió a través de una colecta pública, porque así lo indicaba la ley que permitió su construcción”, señaló. Además, recordó que el proyecto atravesó varios gobiernos antes de concretarse, entre ellos los de Emiliano Figueroa, Arturo Alessandri y finalmente Carlos Ibáñez del Campo.
Retorno de la estatua del general Baquedano a plaza Italia. Foto: ATON.
A juicio del académico, el debate que se abrió en torno al monumento también pudo haber sido una oportunidad para profundizar la discusión pública sobre la memoria histórica. “La historia siempre se puede seguir reflexionando, pero creo que hubiese sido mucho más interesante tener más espacios de discusión”, afirmó, considerando que el proceso se extendió por cerca de cinco años.
Respecto del retorno de la escultura al lugar que ocupó por décadas, Montes Rojas subrayó que el pedestal nunca fue removido ni se consideró formalmente trasladarlo. “El pedestal siguió ahí, incólume. Eso quiere decir que la decisión sobre el monumento a Baquedano no transitó hacia su colocación en otro lugar”, explicó el artista, refiriendo al contexto del proyecto de remodelación del eje Alameda–Providencia.
En cuanto al trabajo de restauración realizado a la escultura, el académico aclaró que el proceso todavía no está completo. “Lo que se ha llevado a cabo es solamente la restauración del bronce”, indicó. Lo anterior, especificando que el monumento se compone de la estatua ecuestre, un pedestal de piedra, relieves laterales y dos figuras adicionales —la Gloria y un soldado—, y que son elementos que aún requieren intervención. “Más que detalles, es que faltan procesos importantes de la restauración del monumento en su totalidad”, afirmó.
Retorno de la estatua del general Baquedano a plaza Italia. Foto: ATON.
El académico igualmente destacó el valor artístico de la obra, realizada por el escultor chileno Virginio Arias, figura clave en la historia de las artes visuales del país. “Es un escultor de una calidad excepcional. Cuando uno puede apreciar la calidad del modelado y de la fundición, es algo realmente notable”, valoró. De hecho, explicó que durante años la escultura estuvo cubierta por múltiples capas de pintura que ocultaban detalles de su elaboración.
En ese contexto es que Montes Rojas plantea que el debate actual sobre los monumentos públicos no necesariamente apunta a su eliminación, sino a ampliar las memorias representadas en el espacio urbano. “No sé si la ciudadanía quiere, entre comillas, menos monumentos, cuando en realidad la respuesta a la crisis de los monumentos han sido más monumentos. Finalmente se acaba de construir ahí mismo el monumento a Gabriela Mistral”, apuntó.
En esa línea, agregó que “la discusión sobre los monumentos no tiene necesariamente como consecuencia la destrucción de los monumentos existentes, sino más bien la construcción de nuevos monumentos que tienen que ver con otras historias que no han sido lo suficientemente reconocidas, como por ejemplo la historia de la mujer, del mundo popular o de los pueblos indígenas”. Por lo mismo, sostuvo que “quizás la lógica monumental deba abocarse a la restitución de historias que no necesariamente pasan por la destitución”.