«Humor sin fines de lucro»
—¿Cómo llega el humor al ingeniero Orlando Manrufo?
—Recuerdo que en las fiestas infantiles, con apenas siete años, en vez de estar con los niños en el lío de la piñata y las muchachadas, era convocado a hacer chistes para adultos y animar la celebración. Aquello para mí era algo muy importante.
«Pasó el tiempo y me gradué de ingeniero en transporte marítimo. Ejercí durante 16 años y siempre conservé mi pasión por el humor, por hacer reír. Me mostraba renuente a las sugerencias de los amigos de que me presentara en programas de participación y convocatorias para este tipo de trabajo artístico, sin embargo, en 1988 vi un llamado del grupo de teatro Olga Alonso, que es pionero en el movimiento aficionado teatral cubano, y me presenté en la Casa de la Cultura de Centro Habana que dirigía el maestro Humberto Rodríguez. Hice las pruebas de aptitud y comencé a trabajar con este grupo.
«Había muchos montajes de teatro dramático cubano: Santa Camila..., Yarini, María Antonia, Andoba… y yo le daba un toque simpático a los personajes que me tocaban. Humberto me dijo que lo mío era el humor y entonces me dejaron a cargo el bloque humorístico con que cerraban las peñas del grupo los terceros viernes de cada mes.
«Este espacio fue importante en mi formación porque hacía cosas muy interesantes de humor, donde los propios integrantes del Olga Alonso participaban con entusiasmo. Hice también mucho trabajo comunitario, donde el humor siempre es muy bien recibido. Así pasaron algunos años hasta que en una ocasión abordé a Osvaldo Doimeadiós y le dije que yo quería participar en el Aquelarre. Lo invité a la peña de los viernes para que viera algunos sketches.
«Ya el personaje de Mariconchi existía. Había nacido en una improvisación dentro del grupo un día en que tomé una peluca en el camerino e hice una parodia del programa de televisión Nuestros hijos junto a la actriz Laurita de la Uz. Esa tarde en que asistió el entonces director del Centro Promotor del Humor presenté mi personaje como parte de algunas rutinas que habíamos montado. El propio Doime fue quien me sugirió que sacara Mariconchi de los sketchs y lo presentara en el Aquelarre con un monólogo. Seguí el consejo de Doime. Me presenté con una propuesta que llamé Aventuras y desventuras de Mariconchi y gané el Premio Aquelarre de ese año, 1996».
—Habías tenido éxito, pero seguía siendo un reto si tenemos en cuenta que ya existían actores haciendo travestismo con ganada popularidad como La Pía, de Ángel García, Margot de Doimeadiós y Flor de Anís, de Nelson Gudín... entre otros. ¿Qué te animó a seguir haciendo humor con Mariconchi?
—Quizá porque más que un personaje para triunfar en el humor yo veía a Mariconchi como un homenaje a Eloísa Álvarez Guedes y Consuelo Vidal, dos grandes actrices que tenían un humor muy distintivo. También pensé que mediante el personaje de Mariconchi, este tipo de mujer tan espontánea, cubana, dicharachera, sin pelos en la lengua… tendría la posibilidad de decir más cosas.
«Yo nací en la Víbora, pero me crie y vivo en La Habana Vieja. Estoy rodeado de vecinas, amigas, mujeres que me sirven de referencia y se me hacen muy auténticas y simpáticas. Es cierto que existían otros personajes femeninos actuado por hombres, pero siempre concebí a Mariconchi diferente y creo que lo logré; por eso pude convivir con éxito junto a esos actores y personajes que mencionaste».
—Supongo que otra disyuntiva que enfrentaste fue la de dejar tu trabajo como ingeniero y el grupo de teatro Olga Alonso.
—Eso no fue inmediato, pero creo lo tenía claro desde un principio. Obtengo el Premio Aquelarre en diciembre del 96, luego transcurren los días de fin de año y de toda la alegría por el premio, sin canalizar cuál sería mi futuro inmediato. Cuando llega enero del 97 me llaman del Centro Promotor del Humor y me comunican que el teatro Sauto de Matanzas, en su temporada de humor, estaba pidiendo los premios del recién finalizado Aquelarre para su cartelera. Fue entonces que interioricé que aquello que yo había hecho sin fines de lucro, simplemente porque me divertía, se había convertido en mi posibilidad profesional: O sea, que me remunerarían por hacer reír. Entonces fui a mi empresa y pedí la baja. No me distancié del todo del Olga Alonso. Está claro que ese magnífico grupo fue la cantera que me permitió lograr lo que siempre soñé.
(Fragmento de la entrevista realizada a Orlando Manrufo, en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).
Orlando Manrufo, un ingeniero que siempre soñó con ser humorista
ORLANDO MANRUFO CÓRDOVA. Desde pequeño imitaba voces y disfrutaba mucho de los filmes argentinos. Creaba personajes con el deje argentino y participaba en actividades docentes y familiares haciendo chistes.
En 1988 conoció, a través de un tabloide cultural llamado Cartelera, sobre la convocatoria para integrar el grupo de teatro para aficionados Olga Alonso. Se presentó a los exámenes y fue escogido. Debuta con la obra Santa Camila de La Habana Vieja. Como parte de tan reconocido grupo teatral, conoció a fondo este arte y tuvo compañeros como Corina Mestre, Bárbaro Marín, Laura de la Uz, Jorge Perugorría, entre otros.
Además de su incursión en obras dramáticas, también explotó dentro del grupo su vocación por el humor. En ejercicios de actuación surge su personaje Mariconchi que triunfa en el Festival Nacional de Humor Aquelarre, con posterior presencia en importantes salas de teatro y espacios de humor en la televisión, donde también ha aparecido con otros personajes de magnífica construcción actoral e hilarante propuesta.
Durante muchos años el teatro América se convirtió en la popular sede de su peña La esquina de Mariconchi. Actualmente continúa con la presentación de su legendario personaje femenino en el cine Yara, los viernes en la noche.
Mariconchi, el popular personaje de Manrufo, cumplirá 30 años en la escena del humor cubano