Ana Alonso, bronce en los Juegos de Milán-Contina en esquí de montaña con el cruzado roto
Ana Alonso se colgó la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, en esquí de montaña, deporte que debutaba en la gran cita. Una medalla que brilla todavía más que el oro, ya que la granadina está compitiendo con el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda roto. El pasado octubre lo anunció en sus redes sociales y el parte médico era demoledor: rotura de los ligamentos cruzado anterior y colateral interno con edema óseo en la rodilla, fisura de maléolo y luxación acromioclavicular. La operación eran mínimo siete u ocho meses de baja. Imposible llegar. Pero podía optar por ir con el cruzado roto, por estabilizar la rodilla, reforzar toda la musculatura de alrededor, y, sobre todo, creer. "Era como creer que se puede volar", ha confesado la andaluza. Pues voló.
El esquí de montaña se estrena en los Juegos Olímpicos, en la modalidad de esprint. Es una prueba explosiva: un comienzo esquiando hacia arriba, una zona de rombos, de zig zag, se quitan los esquís para subir unos escalones a pie, se los ponen de nuevo para seguir subiendo y al final se quitan las pieles de foca, que son sintéticas, para bajar. En los Juegos son tres rondas. Ana pasó la primera sin problema, y lo celebró. Se metió por tiempos en las semifinales, y en la final estuvo perfecta y aprovechó el error de la francesa Ravinel en la última transición. Se atascó y Ana estaba cerca, lo hizo rápido y bajó a la gloria, por detrás de la suiza Fatton y la francesa Harrop.
Es el sexto metal de España en la historia de los Juegos de Invierno, después del oro de Paquito Fernández en Sapporo 1972, los bronces de Blanca Fernández Ochoa, en Albertville 1992, Regino Hernández y Javier Fernández en Pyeongchang 2018 y la plata de Queralt Castellet en Pekín 2022.