Ignacio Santos dejó la ‘silla caliente’ de ‘Telenoticias’: así fue la histórica era de 40 años a la que puso fin
Da igual que el rumor anduviera en el aire y que él mismo lo dejara entrever antes del debate presidencial... cuando Ignacio Santos cerró la edición meridiana del noticiero de Teletica y anunció que esa sería su última vez sentada en la (verdadera) silla más caliente del país, solo hizo falta la voz que le repreguntara: ¿respuesta definitiva?
Este martes 17 de febrero, ante el público al que saludó diariamente durante 28 años, Santos puso fin a una carrera que fue de todo menos una zona segura. Lo hizo sereno y afable, sin pedir comodines, cual si despidiera cualquier transmisión de Telenoticias.
Apenas si mencionó a Lázaro Malvarez, su compatriota y mano derecha en la empresa, a su equipo de periodistas y, sobre todo, guardó la mayor gratitud para dirigirse -con ese dejo cubano que no pierde-, a “usté”, el televidente que le dio sentido a sus décadas en el periodismo.
“Esta es mi última edición como director de Telenoticias. Es un acuerdo que tomamos en común don René Picado y yo desde hace seis meses. Tengo mucho que agradecer a muchos y lo haré como es mi forma de ser, en persona y en privado”, dijo con la calma de un hombre que, irónicamente, ha tenido a la presión como inseparable compañera.
“En primer lugar, agradecerle a usted por su confianza durante todas estas décadas, por haberme permitido entrar a su hogar y, en segundo lugar, agradecer a mis entrañables compañeros de Televisora de Costa Rica, el mejor equipo con el que he podido trabajar, así como a mis colegas, periodistas de Telenoticias, valientes y críticos en estos tiempos complejos”, agregó.
Quizá la ocasión pedía un discurso más sentido, algún momento que pudiera grabarse en la memoria; pero el guion de lágrimas, flores y mariachis no eran de su singular talante. De hecho, es muy probable que, para tres décadas de ser un ícono de la TV, ningún mensaje o parafernalia hubiera estado a la altura.
Así que Santos optó por un adiós tan sobrio como él lo es casi siempre, excepto cuando Nancy Dobles desnuda su faceta tierna en redes sociales. Su despedida fue lo que fue y con eso bastó. En ella encapsuló la esencia de una trayectoria que, contrario a lo que cualquiera pensaría, brilló por la luz cálida del oficio cotidiano y no por el encandile de los grandes reflectores.
Aunque tampoco es que Santos escasee de grandes momentos. Es más, si se le contara de sus hazañas a aquel Ignacio que llegó a San José a los ocho años —cuando lo “sacaron de Cuba” (como recordó en una entrevista con este medio a finales de los 90)—, hubiera creído que aquella era una historia sacada de los mismos libros que lo apasionaban desde chiquillo.
En sus vitrinas, que nunca ha convertido en galería, atesora el premio nacional de periodismo Jorge Vargas Gené, que le otorgó el Colegio de Periodistas en 1992, y el Pío Víquez que ganó en 1998; ambos logros cosechados durante un periodo menos recordado.
Porque buena parte del país que hoy lo identifica como un ícono de la televisión, ni siquiera estaba en planes en 1989, mientras Santos ya era la cabeza del extinto telenoticiario NC4, que se alzó desde cero y transmitió por primera vez el 16 de abril de 1990.
Mucho menos fresco está en la memoria colectiva su notable paso por las páginas de La Nación, donde fue un joven y sagaz reportero, que renunciaba a dedicarse al Derecho para entregarse a una vida como periodista, con su pasión por la escritura como combustible.
Después llegó lo que casi todo el país recuerda: la elocuencia, siempre encorbatada, de aquel rostro de prominentes cejas ante el prómpter, la exclusiva entrevista que logró con Figueres en Suiza (con llanto y antojo de ‘tamalito’), las mañanas en que su voz recordaba qué pasó “un día como hoy” en la historia y, por supuesto, las noches de medirse frente al tele al cuestionario de ¿Quién quiere ser millonario?.
Si se quiere saber de su porvenir, por el momento no hay más remedio que zurcir incertidumbre con retazos de especulaciones. Únicamente se sabe que Rodolfo González, de 7 Días, lo relevará en su puesto, y que a él todavía podrá escuchársele (y vérsele) en el programa radial Malas compañías, así como en la décima temporada del popular concurso de Teletica.
Es claro que Ignacio Santos le rehuyó al autobombo este martes y, como sabinero empernido, lo debe tentar aquello de que, si le cuentan su vida, lo niega todo. Sin embargo, no hay manera de escapar a la conclusión que quedó escrita en la historia de la televisión tica: este 17 de febrero del 2026 fue el fin de una era.