Josep Pedrerol, tras la derrota del Barcelona contra el Girona: "El VAR no sirve para nada"
El Barcelona abandonó Montilivi con la sensación de que le habían arrebatado algo más que tres puntos. La derrota por 2-1 ante el Girona en la jornada 24 de LaLiga dejó un reguero de protestas y brazos en alto que comenzaron en el césped y se trasladaron a los estudios de televisión. Josep Pedrerol lo resumió con contundencia en su análisis posterior: "El VAR no sirve para nada". Una sentencia que reflejaba el estado de ánimo del barcelonismo tras un encuentro marcado por las decisiones arbitrales de César Soto Grado y, sobre todo, por el silencio del videoarbitraje en el momento más caliente del partido. El caso es que se ha quedado sin liderato. Ahora manda el Real Madrid.
Muchas ocasiones en el Girona - Barcelona
La noche de lunes en el feudo gironí prometía emoción y la cumplió con creces, aunque no exactamente como esperaba el conjunto de Hansi Flick. El partido arrancó con un ritmo trepidante, con Bryan Gil destrozando a Koundé por la banda izquierda y el Barcelona respondiendo con su habitual dominio de balón. Gazzaniga mantuvo a raya a Lamine en un mano a mano tempranero, Raphinha besó el palo y Joan García voló para detener a Vanat. La primera mitad fue un festival de ocasiones sin gol, hasta que llegó el añadido y con él, la primera controversia.
Lamine filtró un pase por dentro para Dani Olmo en la esquina del área y Blind llegó tarde, pisando al mediapunta culé. El contacto fue ligero pero existió, y César Soto señaló los once metros sin dudar. La oportunidad de adelantarse en el marcador cayó en los pies del joven extremo, que ajustó demasiado al palo derecho y estampó el balón en la cara externa del poste. La madera, enemiga constante del Barcelona esta temporada con 25 rechaces en 24 jornadas, volvía a negar a los azulgrana. Algún jugador del Girona entró en el área antes del lanzamiento.
Goles en la segunda parte
La segunda mitad trajo el fútbol que faltaba en el marcador. Cubarsí aprovechó un centro lateral de Koundé para girarse en el aire y clavar un cabezazo en la escuadra que inauguraba tanto su casillero goleador en Liga como el marcador del partido. El golazo del central parecía encaminar la victoria culé, pero la alegría duró exactamente dos minutos. El Girona percutió con Vanat por la izquierda, el balón rebotó en Cubarsí y Koundé se durmió en la marca, permitiendo que Lemar rematara a placer bajo palos. El empate devolvió la tensión a Montilivi y certificó que el partido estaba más vivo que nunca.
El Barcelona se volcó en busca de la victoria. Joan García tuvo que emplearse a fondo con paradas antológicas, primero a Eric García y luego a Vanat, estiradas desde el suelo que parecían desafiar las leyes de la física. Flick movió el banquillo introduciendo a Lewandowski y Araujo, luego a Balde y Bardghji, tratando de encontrar el gol que no llegaba. Los minutos corrían y la desesperación crecía en las filas visitantes. Lamine reclamaba córners que no se pitaban, Frenkie pedía amarillas para Echeverri que el árbitro ignoraba. El partido había entrado en ese terreno pantanoso donde cada decisión se convertía en motivo de protesta.
Josep Pedrerol y la jugada polémica
Y entonces llegó el minuto 86, el momento que desató la tormenta. Echeverri pisó a Koundé en la corona del área, una acción que los jugadores del Barcelona reclamaron con vehemencia. César Soto dejó seguir y, lo más determinante, el VAR permaneció en silencio. No hubo llamada, no hubo revisión, no hubo nada. El balón quedó suelto y Joel Roca, rodeado de tres rivales, consiguió girarse y dejarla atrás para Beltrán, que controló y fusiló la cepa del palo izquierdo. Joan García ni siquiera la vio salir. Remontada consumada, locura total en Montilivi y rabia absoluta en el banquillo azulgrana.
Las quejas de Flick y sus futbolistas cayeron en saco roto. El técnico alemán gesticulaba furioso desde la banda, sus jugadores rodeaban al árbitro, pero la decisión estaba tomada. O mejor dicho, no se había tomado ninguna decisión. El protocolo del VAR establece que debe intervenir en errores claros y manifiestos, pero la interpretación de qué constituye un error claro sigue siendo el gran agujero negro del sistema. Para el Barcelona, el pisotón de Echeverri sobre Koundé era falta evidente en una zona peligrosísima del campo. Para el árbitro y el videoarbitraje, aparentemente, no lo era. De ahí la frase de Josep Pedrerol de que el VAR no sirve para nada.
Asedio sin éxito
El Barcelona intentó remontar en un asedio final desesperado. Araujo rozó el empate con un remate que se marchó a centímetros de la cruceta, Lewandowski vio anulado un gol por fuera de juego y Joel Roca perdonó la sentencia en una contra que pudo haber sido el 3-1. La expulsión del mismo Joel Roca por una entrada desmedida sobre Lamine en el minuto 90+8 llegó tarde para cambiar el rumbo del partido. Los siete minutos de añadido transcurrieron entre el acoso culé y las contras del Girona, hasta que el silbato final certificó la victoria local y desató la polémica en toda su dimensión.as sobre su verdadera utilidad.