Futuro
Mark Fischer (1968-2017) fue uno de los teóricos culturales más reconocidos pese a su prematura muerte en 2017. Fischer argumenta que las generaciones actuales se encuentran inmersas en las redes, las mismas que les ofrecen una gratificación instantánea de consumo obsesivo que inunda el scroll de los dispositivos sean estos teléfonos celulares o tabletas. En lo político este consumo obsesivo genera una sensación de no alternativas al futuro, lo que hace que las generaciones actuales sean incapaces de imaginar un futuro diferente al que el capitalismo les presenta como dado todos los días. Fischer, siguiendo al crítico literario Frederic Jameson, reitera una de las frases más contundentes que pretende diagnosticar este primer cuarto de siglo: hoy nos es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.
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Ante la cancelación del futuro, Fischer considera que los potenciales emancipadores que la realidad bajo el capitalismo debería producir, quedan bloqueados culturalmente por una especie de hegemonía realista que genera pasividad, disgregación y resignación, y que se expresa en una serie de enfermedades mentales que secuestran a los jóvenes y los mantiene en un estado de perpetua ansiedad, tal vez como nunca antes se había visto en la historia. Así, la modernidad ha perdido su promesa de futuro.
Frente al continuo consumo del futuro sin futuro, el filósofo esloveno Slavoj Zizek nos recuerda que en francés hay dos palabras para futuro: futur que la traducimos como futuro, y avenir que sería algo parecido a acaecer.
Futur representa la continuidad del pasado y del presente, es decir, la plena realización de algo que está previsto y como tal debería suceder, es decir, en términos de Fischer un futuro sin futuro. Avenir o acaecer apunta a una ruptura radical, una discontinuidad con el pasado y con el presente, una especie de acontecimiento no esperado.
utur, en el mundo político sería sinónimo del desarrollo de un programa político que debe ser llevado a cabo porque no existe otra alternativa, algo así como “el país se nos muere” y este es el único camino a seguir, no hay otro, no hay alternativas. Avenir sería algo distinto, sería un acontecimiento, una apertura y una ampliación del presente –en el sentido de que convivimos en una multiplicidad de presentes– con la potencialidad de innovar cambios no previstos ni previsibles, frente al panorama desolador y a la vez controlado del futur.
Slavoj Zizek reflexiona como alternativa al futuro programado lo impensado, lo no previsto, que se teje como discontinuidad, aunque una vez que suceda se vuelve al reacomodo de las posibilidades, como si de un accidente normal se tratase. Lo impensado es también lo abierto y en consecuencia, la potencia de posibilidades de cambio y transformación, de esta manera el futuro no es aún y, en consecuencia, lo impensado nos permite escapar del futuro.
(*) Farit Rojas T. es docente investigador de la UMSA.