Lo que oculta El Rimbombín: el inesperado símbolo que guarda Bilbao
De bar popular a espacio de memoria
Durante décadas, El Rimbombín fue uno de los bares más emblemáticos de Bilbao. Situado junto al puente de La Merced, en la calle Ronda, su cocina y ambiente acogieron a generaciones de bilbaínos y visitantes. Sin embargo, desde hace un tiempo, el local permanecía cerrado. Ahora, ha resurgido con una nueva vocación: ser un centro dedicado a la memoria democrática.
La transformación del espacio ha sido promovida por el Ayuntamiento de Bilbao, dentro del programa de recuperación de espacios vinculados a la memoria histórica. En esta nueva etapa, El Rimbombín alberga documentación, fotografías y material audiovisual que rescata la historia del lugar y su contexto durante la represión franquista.
Un descubrimiento que marcó el futuro del local
El giro en la historia del Rimbombín comenzó en 2020, cuando durante unas obras de rehabilitación se descubrió una estancia oculta en su interior. En ella se encontraron evidencias claras de su uso como calabozo clandestino durante el franquismo. El hallazgo de un anclaje metálico incrustado en la pared, aparentemente utilizado para inmovilizar a detenidos, fue clave para reorientar el uso del espacio.
Según la investigación posterior, esta habitación habría sido utilizada por el régimen franquista como punto de detención y tortura durante la Guerra Civil y la dictadura. El hecho fue verificado por historiadores que identificaron el edificio como un centro de represión franquista no documentado hasta entonces.
La historia que no se cuenta
En la planta baja del nuevo centro se expone una reproducción exacta del calabozo. También se muestran testimonios de represaliados y documentación histórica que refuerza la idea de que el bar escondía un pasado silenciado. Esta apuesta museística pretende aportar a la ciudadanía una mirada crítica sobre el pasado y fomentar la conciencia democrática.
Además, el proyecto forma parte de la red vasca de espacios de memoria, que busca preservar lugares significativos de la represión para futuras generaciones.
Un símbolo inesperado conservado en el tiempo
Pese al cambio de uso, El Rimbombín ha conservado un símbolo físico que ha despertado gran interés: el anclaje metálico hallado en el antiguo calabozo no ha sido retirado. En su lugar, se ha protegido e integrado como parte del recorrido expositivo, convirtiéndose en una pieza clave para entender la historia del lugar y el sufrimiento vivido entre sus paredes.
Recuperar la memoria desde lo cotidiano
Este tipo de proyectos permiten, según sus impulsores, conectar la memoria con espacios que han formado parte de la vida cotidiana de la ciudad. Lo que fue un bar popular ahora es también un recordatorio de las víctimas del franquismo, una herramienta pedagógica y social para no olvidar.
El caso de El Rimbombín demuestra cómo la historia puede emerger en los lugares más insospechados, y cómo una reforma puede convertirse en una oportunidad para recuperar verdades silenciadas. Bilbao suma así un nuevo punto de reflexión colectiva y respeto a la memoria democrática.