Por qué los romanos se bebían la sangre de los gladiadores muertos en las batallas
Los romanos dejaron un importante legado en el mundo occidental, en especial España, donde estuvieron más de siete siglos. Lejos de infraestructuras como anfiteatros o murallas o incluso nuestro idioma, que deriva del latín, lo cierto es que también dejaron algunas curiosidades típicas de la época del Imperio Romano. Y es que en el marco de las luchas de gladiadores, se cree que una costumbre muy extendida era la de beberse su sangre, puesto ellos pensaban que tenía beneficios para la salud o curativas sobre algunas enfermedades.
En la Antigua Roma, se creía que beber la sangre de gladiadores caídos en combate funcionaba como un remedio medicinal para curar enfermedades, en especial la epilepsia. Incluso Julio César, militar, cónsul y político romano (que no emperador, pues es un mito extendido) sufría ataques epilépticos o situaciones similares, e incluso derrames cerebrales, según los registros históricos.
Muchos oponentes intentaron usar esta condición para desacreditarlo, pues era considerada como debilidad física, pero él continuó al frente del Imperio Romano hasta que fue asesinado en el 44 antes de Cristo. Según los estudios. en sus primeros años como líder romano sufría este tipo de convulsiones durante campañas militares.
Pero en aquellos tiempos también se creía que la epilepsia era muy características de grandes hombres por condición divina, considerando que tenía como causa la irrupción divina en el cuerpo de la víctima. Asimismo, su círculo más cercano le recomendaba beber la sangre de un gladiador recién muerto, pues al estar todavía caliente, podría curar la enfermedad gracias a las propiedades que supuestamente tenía.
Mito o realidad: ¿Los romanos bebían sangre de gladiador para curar enfermedades en la época de la Antigua Roma?
La creencia de las propiedades curativas y beneficios de la salud de beber sangre de gladiador hizo que incluso se comercializara, siendo recogida y vendida en recipientes a aquellos no solo que portaban enfermedades como la epilepsia, sino también para adquirir fuerza, ya que se creía que al beber la sangre de un hombre fuerte se podía adquirir su valentía, juventud y vigor.
Mientras, las mujeres también tomaban la sangre para satisfacer sus necesidades de belleza, que incluso les permitían mantenerla sin necesidad de ducharse por creer en propiedades afrodisíacas, rejuvenecedoras y protectoras.
Por otro lado, el sudor o los aceites de la piel de los gladiadores eran tomados con el mismo sentido que la sangre, guardados y vendidos como medicina, lo que en tiempo de los romanos los hizo como un producto tan codiciado que los espectadores se abalanzaban sobre la arena para beber sangre de aquellos que morían en combate, tratándola como un ritual de sanación y empoderamiento.
Si bien no hay una importante y numerosa cantidad de evidencias históricas y algunos consideran que fueron prácticas escasas e incluso podría tratarse de mitos, autores como Plinio o Aulo Cornelio Celso, del siglo I (que incluso padecía epilepsia) reflejaban que la población romana bebía sangre de gladiador por desesperación. Por otro lado, Alfonso Mañas en 'Gladiadores, bestias y condenados' también recoge la existencia de esta práctica.
Los romanos probaban cualquier remedio para curar este tipo de enfermedades, y entre ellas, estaba la sangre, el sudor o aceite de la piel de los gladiadores. No obstante, a medida que la ciencia avanzó, se desmontó esta creencia.