Los galeristas, en huelga por un IVA cultural: «No somos cultura de ricos»
La Galería Nieves Fernández, en el céntrico barrio madrileño de Chamberí, no abre los lunes, pero el resto de los días de esta semana tampoco lo hará. La razón se encuentra pegada en su puerta de acceso. Un cartel diseñado por Andrés Mengs reclama que se les aplique un IVA cultural. En España, los productos de estos espacios culturales están tasados con el impuesto estándar del 21%. Los libros poseen el reducido del 4%, y el cine, teatro y música el del 10%. Esta situación es, a su vez, una anomalía en el entorno europeo, pues otros países comunitarios fiscalizan a las galerías con porcentajes menores, yendo del 5% de Italia al 8% en Luxemburgo. De hecho, existe una directiva que permitiría la reducción ansiada en el sector y cuyo plazo para su transposición acabó el 31 de diciembre de 2024. Ante la inacción se ha optado por mantener cerrados estos espacios al público durante seis días y detener la cooperación que con otros entes, como museos, mantienen cotidianamente.
Idoia Fernández es la dueña del negocio de la capital, aparte de la presidenta del Consorcio de Galerías de Arte Contemporáneo, la organización que el pasado 16 de enero comunicó el parón. Este medio ya habló con ella ese día, y constata que ninguna institución se ha puesto aún en contacto: «Recibimos mal tener que llegar a este cierre temporal y la aparente indiferencia gubernamental, pero no sorprende», confiesa. El Ministerio de Cultura ha comunicado a LA RAZÓN que conoce la problemática pero que es competencia de Hacienda. A pesar de ello, Idoia Fernández también dice sentirse contenta con la recepción mediática que la medida está teniendo. Queda demostrado, pues durante la conversación mantenida no deja de sonar su teléfono para pedirle entrevistas.
¿Actividad de lujo?
Sobre la posible consideración de que los galeristas trabajan para un público adinerado al que no le importa asumir elevados costes, Idoia Fernández discrepa: «Existe un tejido de artesanos y artistas plásticos que viven de esto. También supone un alto precio que cuatro personas compren una entrada para un concierto de un cantante internacional y, aun así, poseen un IVA reducido», denuncia, afirmando que es cansado que siempre se asocie el coleccionismo a una actividad de lujo. Esta misma opinión la vindican en una galería que ha pedido que no se publique su nombre situada en Lavapiés. «No es un negocio elitista, hay piezas más caras y más baratas, además de existir jóvenes coleccionistas que están empezando», indican. «Este agravio nos perjudica a nosotros y a los artistas. Ellos han decidido ser pintores o escultores, y es cierto que sus creaciones no son reproducibles como un libro, pero también deberían tener derecho a vivir de su profesión», añaden.
Marina di Nocera, la gerente de la Gerhardt Braun Gallery Madrid, piensa parecido: «Nos ven como unos forrados, pero no contemplan la promoción cultural que realizamos. Tú te puedes comprar un champán de 50.000 euros o bien otro por menos de 50 en el supermercado». Achaca la raíz del problema a las erróneas concepciones que el actual Ejecutivo parece tener sobre el coleccionismo. Su espacio permite la entrada gratuita a curiosos y también a potenciales compradores, sin hacer distinciones y ofreciendo con nulo coste visitas guiadas por las exposiciones que alberga.
«Una obra de 110.000 euros se quedaría en 95.000 si contara con un IVA del 5%»
Este carácter altruista es una de las claves para ella y la mayoría de agentes de su sector: se ofrece una actividad generosa y con efecto positivo para la sociedad con un procedimiento diferenciado del de los museos, donde su entrada y recorrido requieren frecuentemente un desembolso monetario por parte del interesado. «Muchos artistas consiguen ser presentados en un museo gracias a haber labrado una carrera por galerías antes, y desgraciadamente en nuestro país no parecen comprenderlo ni los políticos ni gran parte de los ciudadanos», lamenta Daniel Cuevas, propietario de la galería homónima en la calle Santa Engracia.
Esta situación de desigualdad se hace patente en las ferias de arte internacionales. «Un coleccionista tiene una obra española y al lado una extranjera similar mucho más barata», señala Cuevas. En ARCO 2025 el gremio también dejó clara su disconformidad apagando los estantes patrios durante 10 minutos. Un año antes se repartieron pines, también de Andrés Mengs, reclamando la transposición de la directiva y así poder contar con el IVA cultural. Este 2026 lo inician con la más visceral de sus medidas, pero desde el consorcio reconocen que tienen otras acciones estudiadas para que su voz se siga escuchando. «Cualquier situación nos la tenemos que plantear», expresa Idoia Fernández. «Estamos llevando a cabo una labor para todos los públicos, pero no se vive únicamente del amor al arte», determina Di Nocera.