El misterioso zumbido que atormenta a una ciudad estadounidense desde 2020: un ruido “exasperante” que sigue sin explicación
Desde hace casi seis años, los vecinos de West Haven conviven con un zumbido de baja frecuencia que aparece y desaparece sin patrón claro. Para algunos es apenas perceptible; para otros, una presencia constante que altera el sueño, la concentración y la vida cotidiana. La situación ha generado tal frustración que los residentes han impulsado una petición formal para exigir una solución.
El comisionado de Recursos Humanos de la ciudad reconoce que el sonido puede resultar “exasperante” para quienes lo perciben, mientras que otras personas no lo escuchan en absoluto. Esa disparidad ha complicado la investigación, ya que el ruido es intermitente, grave y difícil de registrar con equipos convencionales.
Un zumbido persistente que altera la vida diaria
Vecinos como Warren Thomas lo describen como “un murmullo constante”, lo bastante fuerte como para que no puedas ignorarlo. El sonido se ha reportado en varios barrios desde 2020, afectando tanto al descanso nocturno como a la rutina diaria. Algunos residentes aseguran que el ruido se intensifica por la noche, cuando la ciudad está en silencio.
Una petición ciudadana que habla de estrés, ansiedad y malestar físico
La petición creada por los vecinos describe el fenómeno como un problema que “ocurre a todas horas” y que ha provocado estrés, ansiedad y dolores físicos. El texto advierte de posibles consecuencias a largo plazo y recuerda que la contaminación acústica puede afectar al sueño, la cognición y el bienestar emocional.
Ante la presión vecinal, el ayuntamiento de West Haven ha aprobado un presupuesto de 16.000 dólares para contratar a una empresa de ingeniería acústica que ayude a localizar el origen del ruido. El plan incluye instalar 10 micrófonos en distintos puntos de la ciudad para registrar el zumbido y analizar su frecuencia, dirección y posibles fuentes.
Carrano reconoce que la investigación no será sencilla: los sonidos de baja frecuencia pueden viajar largas distancias, rebotar en estructuras y confundirse con vibraciones industriales, marítimas o subterráneas. Hasta ahora, ninguna hipótesis —tráfico, maquinaria, instalaciones eléctricas o actividad portuaria— ha podido confirmarse.
Una preocupación creciente por la salud pública
La alcaldesa ha calificado el caso como un problema de “calidad de vida” que no debería afectar a la salud de los vecinos. Sin embargo, los residentes insisten en que el impacto ya es evidente: noches sin dormir, irritabilidad, problemas de concentración y un aumento del malestar emocional.
A pesar de los años de quejas y de los primeros pasos institucionales, el origen del zumbido continúa siendo un enigma. Para muchos residentes, la esperanza está puesta en la nueva investigación acústica, que podría ofrecer por fin una explicación —y, con suerte, una solución— a un ruido que ha marcado la vida de la ciudad desde 2020.