Durante su primer mandato presidencial, Donald Trump amagó a diferentes embarcaciones de países de la región Caribe y el Pacífico con embestidas comerciales y diplomáticas, pero en su segundo periodo al frente del país más poderoso del orbe, su ofensiva escaló hacia lo militar, cuyos objetivos fueron buques petroleros y lanchas.La versión del gobierno de Estados Unidos es que esto se debe a que tales navíos estaban ligados a organizaciones y gobiernos considerados narcoterroristas, aunque hasta ahora no haya pruebas contundentes como prueba de ello.Una revisión de MILENIO en los informes del Departamento de Estado y de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos, revela que primero entre 2017 y 2021, y después en 2025, Washington lanzó una persecución sistemática que ha alcanzado al menos a 74 buques y 35 embarcaciones pequeñas.Por una parte, el acoso comercial se centró en agregar buques petroleros en la lista negra del Tesoro estadunidense. Los acusó de ser parte de una red criminal de un gobierno dictatorial y narcoterrorista, como el de Nicolás Maduro, por lo que les impide realizar intercambios comerciales.La embestida militar fue en gran escala y muy intensiva. Con ella lanzó bombardeos en contra de al menos 35 embarcaciones, sobre todo frente a las costas de Colombia y Venezuela, ataques con los cuales y hasta el momento han asesinado, al menos, a 123 personas de las cuales no han revelado su identidad y aún no se han demostrado que tenían relación con organizaciones narcoterroristas.Si cortan buques, cortan recursos a VenezuelaLa estrategia en contra de los buques en el Caribe y el Pacífico no es reciente: realmente comenzó con fuerza en 2019, cuando Trump sancionó a la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la columna vertebral de la economía venezolana. Ese año, el 28 de enero, la Oficina de Activos Extranjeros designó a la compañía como una entidad que operaba en el sector petrolero venezolano, a la que le congelaría todos sus activos en territorio estadunidense.Cinco meses después, en agosto de 2019, Trump dio un paso más: bloqueó completamente a la estatal mediante la Orden Ejecutiva 13884, al considerar “que actúa o pretende actuar para o en nombre del gobierno de Venezuela”. El golpe fue devastador para el país latinoamericano, ya que según la agencia Reuters, sus exportaciones de petróleo crudo y productos refinados se desplomaron en 2020 a su nivel más bajo en 77 años. Maduro llamó a la acción de Trump “persecución y bloqueo criminal”.En 2020 la presión se intensificó: la OFAC sancionó a ocho entidades más, entre ellas la compañía rusa Rosneft Trading SA, con sede en Suiza, y a TNK Trading International SA, también de bandera rusa.Washington acusó a estas empresas de ser parte de una red que ayudaba a Venezuela a evadir las sanciones estadunidenses y continuar vendiendo petróleo en el mercado negro global. Trump apuntó no solo a la administración estatal de Venezuela, sino a toda la red de compañías, buques y países que facilitaban el comercio petrolero del gobierno de Nicolás Maduro. Así, naciones como Islas Marshall, Panamá, Grecia, Chipre, Liberia y empresas con sede en Italia, Suiza y el Reino Unido fueron alcanzadas por las sanciones.Ahora, en su segundo mandato, Trump volvió a la carga. El 31 de diciembre de 2025, casi un año después de asumir la presidencia, OFAC anunció sanciones contra cuatro buques petroleros: los llamó “propiedad bloqueada”. Entre ellos destaca Nord Star de bandera panameña, Rosalind de Guinea, o Della y Valiant con bandera de Hong Kong.Las empresas sancionadas y dueñas de los buques, según el Departamento del Tesoro, son parte de la “flota en las sombras”. Según Estados Unidos estos buques forman parte de la flota fantasma que opera en Venezuela, y continúan proporcionando recursos financieros que impulsaban el ilegítimo régimen, presuntamente narcoterrorista, de Maduro, hoy depuesto por el mismo Estados Unidos. En la revisión que hizo este diario encontró que en el año 2019 fueron bloqueados 51 barcos que operaban en el Caribe, muy cerca de Venezuela. Un año después fueron sólo seis navíos, mismo número que se dio en el 2021. Entre el 2022 y el 2024, durante el mandato del presidente Joe Biden, no se sancionó a ninguno. Pero durante el primer año del segundo mandato de Donald Trump ya fueron bloqueados 11 barcos. El discurso oficial de inicio de Washington acusaba al gobierno venezolano de usar las ganancias petroleras para financiar la represión política. Pero más recientemente, la administración Trump ha vinculado directamente la operación de estos buques con actividades narcoterroristas. Por ello la estrategia de Trump fue mucho más lejos que imponer sanciones financieras contra los buques: hoy su administración desplegó una presencia naval sin precedentes en el Caribe, las fuerzas navales y de la Guardia Costera estadunidense incrementaron sustancialmente las operaciones de interdicción, al punto de atacar embarcaciones de diferentes tamaños y matar sin mayor trámite a 123 personas en el mar Caribe. “Ataques de autodefensa”, dice EUEntre septiembre y diciembre de 2025, fuerzas militares estadunidenses ejecutaron 27 ataques letales contra 35 embarcaciones en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, según registros oficiales del Departamento de Defensa.Esta campaña de ataques comenzó el 2 de septiembre, cerca de las costas de Trinidad y Tobago, cuando fuerzas navales estadunidenses abrieron fuego contra “una embarcación sospechosa”; 11 personas murieron en ese primer ataque. Desde entonces principalmente la Marina y la Guardia Costera, apoyadas ocasionalmente por helicópteros artillados, no han dejado de interceptar embarcaciones de bajo perfil, lanchas rápidas y semisumergibles que, según ellos, transportan drogas. Ese mes cerró con tres ataques y dejó un saldo de 17 personas asesinadas. Durante octubre, el mes más sangriento, se registraron nueve ataques que dejaron 45 muertos. De hecho, el 27 de ese mes ocurrió el más letal de toda la campaña, ya que 15 personas fueron asesinadas en las aguas del Pacífico cuando fuerzas estadunidenses bombardearon una embarcación.México participó en el “rescate” de sobrevivientes e incluso la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que se hizo por “por razones humanitarias”.En noviembre se registraron seis ataques que dejaron un saldo de 21 muertos más. El gobierno de Trump esa vez ni siquiera dio muchas explicaciones y aseguró que la embarcación estaba involucrada en el contrabando de sustancias ilícitas y transitaba por una conocida ruta de narcotráfico. Durante diciembre se reportaron ocho ataques, los cuales dejaron como saldo 40 personas asesinadas. El 30 de ese mes, apenas horas antes de finalizar el año, fuerzas yanquis atacaron un convoy de tres embarcaciones en el Pacífico. La administración Trump describe estas operaciones como “ataques de autodefensa” contra organizaciones criminales que amenazan la seguridad nacional de Estados Unidos.El Comando Sur de Estados Unidos, que coordina las operaciones militares en la región, ha publicado videos de algunos ataques mostrando cómo helicópteros disparan ráfagas de ametralladora calibre .50 contra embarcaciones en movimiento.El Pentágono no ha proporcionado detalles sobre las identidades de los 123 muertos. No se sabe cuántos eran ciudadanos colombianos, venezolanos, ecuatorianos, dominicanos o de otras nacionalidades. No hay información sobre si alguno era menor de edad. No se han publicado autopsias ni investigaciones independientes.El gobierno de Estados Unidos tampoco ha publicado ninguna evidencia de que las embarcaciones hayan estado involucradas con la delincuencia organizada. Lo más probable es que, al menos durante la administración de Trump, ninguna fuente confiable gubernamental dará detalles que esclarezcan la legitimidad de esos ataques, o si los asesinados eran en efecto delincuentes o simples pescadores, comerciantes de objetos y sustancias legales. ksh