El club privado de Íñigo Onieva y Cristiano Ronaldo, a punto de agotar plazas de socios fundadores
- Un modelo basado en la selección
- Equilibrio generacional, internacional y profesional
- Un comité de admisiones propio
- Precio contenido, acceso restringido
- Un espacio que cambia según la hora
- Privacidad como norma
- Cómo se medirá el éxito
Antes de abrir sus puertas, VEGA Members Club, el proyecto impulsado por Cristiano Ronaldo, Íñigo Onieva y Manuel Campos Guallar, está a punto de completar el cupo de socios fundadores. La categoría de Founder Members, reservada a quienes entran en el origen del club, cuenta ya con una disponibilidad mínima pese a que la inauguración aún no se ha producido.
En declaraciones a Confidencial Digital, Íñigo Onieva explica el sentido del proyecto, su modelo de acceso y la arquitectura social diseñada en torno a VEGA, ubicado en la calle Lagasca, en pleno Barrio de Salamanca.
“Vega nace como respuesta a una necesidad que, junto con mi socio Manuel Campos, identificamos en la ciudad: la de implantar un verdadero concepto de club de miembros, como los que son habituales en grandes capitales como Londres, París o Nueva York”, afirma.
Onieva sitúa el proyecto en un contexto urbano concreto: “En ciudades altamente saturadas, donde la demanda es muy elevada y reservar en un restaurante exige una planificación excesiva, los clubs privados se convierten en una extensión natural del tejido social, cultural y empresarial. Madrid vive ya esa misma saturación”.
En su opinión, hasta ahora la ciudad carecía de un espacio que integrara lo social y lo profesional sin compartimentos estancos. “Había clubs muy enfocados a lo social y otros claramente orientados a lo profesional, pero no existía un lugar donde ambas cosas convivieran de manera natural”.
Un modelo basado en la selección
El acceso a VEGA no es abierto. El club aplica una política de admisiones restrictiva, basada en invitación y recomendación.
“En Vega es más importante la calidad que la cantidad, y es por ello que seguimos una política muy exigente de admisiones, donde solo se puede entrar por recomendación o por invitación de los socios fundadores”, explica Onieva.
La respuesta del mercado ha sido inmediata. “La categoría de Founder Members ha generado un interés mucho mayor del que esperábamos y, a pesar de no haber abierto todavía, ya queda poca disponibilidad”. Esta modalidad permite el acceso con hasta seis acompañantes, frente a los tres de la membresía estándar, incluye entrada al Wine Club y otras ventajas.
El resto de las solicitudes permanece en lista de espera. “Hasta dentro de unas semanas, cuando inauguraremos, todas las candidaturas se revisan cuidadosamente con el objetivo de garantizar una comunidad cuidada, donde exista un intercambio de valor entre los miembros, diversa e inclusiva”.
Equilibrio generacional, internacional y profesional
La composición de la comunidad es uno de los ejes del proyecto.
“No compartimos cifras exactas, pero dentro del círculo cercano de los socios fundadores ya se cubre una gran parte de la disponibilidad. Lo especial de este grupo es que reúne diferentes rangos de edad, nacionalidades e industrias, y la comunidad global sigue ese mismo criterio”, señala.
VEGA busca un equilibrio entre generaciones: perfiles jóvenes bajo la categoría Under 35, miembros adultos y un grupo senior. A ello se suma una proporción internacional relevante. “Un 55–60 % será local y el resto internacional, dando cabida a esa comunidad de expatriados que reside en Madrid”.
El tercer criterio es la procedencia profesional. “Otros clubs aceptan solo creativos o solo perfiles financieros. En nuestro caso, el atractivo está en reunir perfiles del arte, los negocios, el deporte, la tecnología, la política o la moda, con el fin de enriquecer la comunidad”.
Un comité de admisiones propio
Las decisiones no son automáticas. Existe un comité específico para evaluar cada solicitud.
“El comité está conformado por perfiles cuidadosamente seleccionados, líderes de diferentes grupos sociales, que abarcan distintos rangos de edad y pertenecen a diversas industrias, con el fin de garantizar la diversidad y el equilibrio dentro de la comunidad”, explica Onieva.
Cada candidatura se estudia de forma individual. “Se tiene en cuenta la trayectoria, los intereses, las motivaciones y, lo más importante, las recomendaciones. Después, las decisiones se toman de manera conjunta, siempre pensando en el conjunto de la comunidad”. El proceso, añade, es exigente, pero deliberadamente humano.
Precio contenido, acceso restringido
Aunque VEGA se sitúa en el segmento alto del mercado, su planteamiento no se basa en elevar cuotas.
“A pesar de tratarse de un club de miembros de primer nivel, nuestras membresías son de las más accesibles del mercado en cuanto a coste, e incluso destinan una parte importante de la cuota a un crédito para gastar en el club”.
Para Onieva, la exclusividad no debe residir en el importe. “No se trata de tener fees altos, sino de mantener estándares elevados de exigencia. La barrera de entrada no es el precio, sino el acceso”. El objetivo, insiste, es que una vez aceptado, el coste no sea un obstáculo para participar de la vida del club.
Un espacio que cambia según la hora
VEGA está concebido como un entorno adaptable.
“Durante el día, la experiencia está más enfocada en la parte de negocios y cultural, mientras que por la noche evoluciona hacia una experiencia más social”, explica.
Las salas de reuniones se convierten en privados para cenas; la sala de conferencias pasa a ser espacio para eventos; los usos se transforman en función del momento del día. “Es un club diseñado para adaptarse a las necesidades de los miembros”.
En gastronomía, el club cuenta con tres conceptos: Casa Vega (bistró), Vega (fine dining) y Totó (italiano). A diferencia de otros espacios, las cartas principales no están ligadas a zonas fijas. “El miembro puede elegir cualquiera de estas dos propuestas en cualquier espacio del club”. El Wine Club se articula mediante cavas privadas y experiencias repartidas por el edificio.
Privacidad como norma
La confidencialidad es un elemento estructural del proyecto.
“La privacidad es uno de los pilares más importantes de la experiencia del club”, afirma Onieva.
El acceso está controlado, el número de invitados es limitado y el personal ha sido formado para preservar la discreción. El uso de imagen está regulado: no se permiten fotografías ni grabaciones en el interior. El incumplimiento puede conllevar desde una advertencia hasta la pérdida de la membresía. “La confianza es un pilar irrenunciable en el club”.
Cómo se medirá el éxito
VEGA no se define por el número de altas, sino por el uso real del espacio.
“Nuestro principal indicador de éxito será que los socios usen el club de forma recurrente y lo integren en su día a día, no que sea un lugar al que se acuda de manera puntual”.
Diversidad, estabilidad de la membresía, interacción entre socios y actividad constante a lo largo del día serán las métricas internas. “Más allá de los números, el verdadero éxito será haber construido una comunidad sólida y coherente con la visión con la que nació VEGA”.