El crimen genocida no cesa en Gaza, Cisjordania y Jerusalén
La paz sigue ausente en Gaza, Cisjordania o Jerusalén. Israel prosigue el exterminio sistemático del pueblo palestino, todas las formas imaginables del dolor, el despojo de bienes, tierras, cultivos, las demoliciones de viviendas, escuelas, hospitales; las detenciones la tortura y los asesinatos a sangre fría, todo el andamiaje del Genocidio sigue en pie. Nada cambió en los últimos 100 días, desde que entró en vigor el acuerdo de cese del fuego orquestado por Donald Trump como mérito propio.
Hasta el imparcial y apolítico Comité Internacional de la Cruz Roja dejó escapar en un comunicado oficial su consternación ante la crisis humanitaria. La población de Gaza —alertó- sigue padeciendo un grave sufrimiento humanitario, agravado por la violencia constante, el duro clima invernal y las restricciones a la ayuda.
«Los residentes necesitan urgentemente el fin de la violencia y un acceso humanitario sostenido», advirtiendo que «las condiciones climáticas han hecho que la supervivencia diaria sea aún más precaria».
Este martes las fuerzas de ocupación israelíes llevaron a cabo ataques aéreos y disparos en toda la Franja de Gaza, hiriendo a varios palestinos, mientras que fuentes médicas confirmaron la muerte de un bebé debido al frío extremo. El lunes, los hospitales de Gaza informaron que tres palestinos murieron y otros siete resultaron heridos por disparos israelíes en el sur de Gaza.
Los servicios de emergencia también confirmaron el asesinato de un niño palestino en la zona de al-Mawasi de Rafah. Los datos oficiales de las autoridades sanitarias de Gaza muestran que el alto el fuego no ha logrado detener la pérdida de vidas palestinas. Desde que se declaró la tregua, cientos han muerto en continuos ataques israelíes, mientras que más de mil han resultado heridos.
Además, se han recuperado cientos de cadáveres bajo los escombros de casas e infraestructuras destruidas, lo que pone de relieve la magnitud de la devastación que dejó la guerra y el peligro constante que afrontan los civiles incluso después de que se suponía que los combates debían terminar.
Los grupos de derechos humanos subrayan que estas muertes no son resultado de incidentes aislados, sino de repetidas violaciones israelíes que incluyen disparos, ataques aéreos, demoliciones e incursiones militares en zonas que se supone debían estar protegidas por el alto el fuego.
Por otra parte, el sistema penitenciario de Israel se ha convertido en una «red de campos de tortura» contra los palestinos, según nuevos hallazgos publicados por B’Tselem, que detalla abusos generalizados —físicos y psicológicos—, muertes bajo custodia y una política estatal deliberada de violencia. El martes se informó que al menos 84 palestinos, incluido un menor, han muerto en centros de detención desde octubre de 2023.
Tras un intercambio de prisioneros en el marco del acuerdo entre Israel y Hamás, después del cual Israel volvió a arrestar a muchos de los palestinos liberados, la cifra ascendió a alrededor de 9 200 en enero de 2026. La organización dijo que el encarcelamiento masivo de palestinos por parte de Israel, con más de 800 000 detenidos durante décadas, muchos de ellos sin cargos ni juicio, sigue siendo un pilar central de su sistema de dominación.
La guerra de Israel contra Gaza, lanzada en octubre de 2023, mató a más de 71 000 palestinos e hirió a más de 170 000, la mayoría de ellos mujeres y niños, y destruyó gran parte de la infraestructura civil del enclave. Cien días después del alto el fuego, la realidad de Gaza pone de relieve las falsas promesas de paz impulsadas por Washington.
El presidente Donald Trump se apresta a celebrar la ceremonia de firma de la Junta de Paz para Gaza en Davos, Suiza, un encuentro donde departirá con algunos de los multimillonarios a los que intenta sumar a su negocio inmobiliario en la Franja mediterránea; sin embargo, los participantes podrían ser limitados, apenas un puñado de líderes de las docenas de países invitados. Solo unos pocos han anunciado que su jefe de Estado ha aceptado la oferta de unirse al panel, en medio de la incomodidad con el aparente plan de Estados Unidos de utilizar el organismo para usurpar la ONU.