Las muescas en el Iryo y otros trenes apuntan a la vía en el accidente de Adamuz
Las evidencias conocidas hasta este momento del accidente de Adamuz, en el que fallecieron 43 personas y otras dos siguen desaparecidas entre los restos de los trenes, parecen apuntar hacia la vía como responsable de lo ocurrido y exonerar al tren de Iryo descarrilado en el siniestro.
Según aseguró ayer el ministro de Transportes, Óscar Puente, los investigadores del siniestro han localizado marcas en los «bogies» (la estructura que está debajo de la carrocería de los trenes integrada por ejes y ruedas) de los cinco primeros coches del Iryo. En concreto, Puente aseguró que se han detectado «pequeños mordiscos de un milímetro de espesor y 2 o 3 centímetros de ancho en los bogies delanteros de los coches no descarrilados». Igualmente, Puente añadió que también se ha observado «alguna muesca parecida» en los dos trenes de Renfe que pasaron en la hora previa con anterioridad al Iryo, aunque de menor intensidad. Sin embargo, los «bogies» que se han examinado de trenes de Renfe que pasaron por ese mismo tramo «en un margen de tiempo superior a la hora no tienen ninguna de esas marcas», añadió el ministro.
La cuestión ahora, como añadió Puente, es determinar si la causa de estas marcas tanto en los trenes de Iryo como en los dos que pasaron en la hora previa al accidente era una deficiencia de la vía o algo que hubiera sobre ella que podría, además, haber causado el accidente. «La cuestión es por qué se han producido estas marcas, si había algo en la vía o si era la propia vía que estaba empezando a romperse. En este momento, no es posible establecer una conclusión», afirmó el ministro. «No es sencillo establecer con un elemento de prueba una conclusión. Sería muy aventurado por mí decir que estas marcas suponen un problema en la infraestructura, es una posibilidad innegable, pero no puedo establecerlo porque no lo hacen los técnicos siquiera», añadió el ministro.
Puente dijo, de hecho, que «hay que ver si el primer punto del carril que se ha roto es realmente el primer punto en que se producen los hechos que dan pie al descarrilamiento, y no está claro», añadió el ministro, que aseguró que nos encontramos ante un incidente de enorme complejidad.
La teoría de que un fallo en una junta de la vía provocó el descarrilamiento del Iryo es la que, ahora mismo, se baraja como más plausible como causa del siniestro.
Sin embargo, en caso de que se confirmara que había algún elemento sobre la vía, cobraría sentido la de que el tren se hubiera salido de la vía tras arrastrarlo y reventar con posterioridad el carril, que según Adif fue revisado hasta en cuatro ocasiones en los últimos meses y se encontraba en un estado óptimo y, a priori, sin defectos que evidencien alguna relación con el accidente, según aseguró ayer al director de Tráfico de Adif, Ángel García de la Bandera.
El maquinista del Iryo no fue consciente al principio del choque contra el Alvia
Al hilo de esta posible causa, en los audios de las llamadas del maquinista del Iryo al centro de control de Madrid tras el accidente filtrados a eldiario.es, este profesional asegura que sufrió «un enganchón». En la conversación, sin embargo, no se ofrecen más detalles que puedan por el momento llevar a pesar que el tren arrastró algún resto que hiciera que descarrilasen los coches siete y ocho del convoy de Iryo. Si hubiera sido así, y el responsable de que ese presunto obstáculo estuviera en la vía fuera el tren, la responsabilidad del accidente recaería en la operadora controlada por Trenitalia.
Puente aseguró respeto a estos dos audios que el maquinista no fue consciente de que el descarrilamiento de los coches traseros de su convoy había sacado de la vía al Alvia de Renfe.
El ministro afirmó que el maquinista ni siquiera sabía tras la primera llamada que se había producido un descarrilamiento pues los coches delanteros, los cinco primeros, ni siquiera se salieron.
Después de que efectuara la primera llamada, el maquinista se bajó del tren y fue cuando percibió que se había producido «un descarrilamiento». Entonces, según el ministro, en una segunda llamada realizada tres o cuatro minutos después, avisó de que el Iryo sufre un incendio y de que está invadiendo parte de la vía contigua, por lo que solicitó que se pare la circulación, a lo que le responden que por la vía no circulaba ningún tren. «El maquinista ni siquiera ve el Alvia (cuando realizó la primera llamada), porque está a un kilómetro y la zona está a oscuras», afirmó Puente.
El ministro de Transportes detalló también que el tiempo de reacción que tuvo el maquinista del Alvia para evitar la tragedia fue mucho más corto de lo pensado en un primer momento y la hizo inevitable pues, entre el descarrilamiento de Iryo y su impacto con el tren de Renfe apenas pasaron nueve segundos, insuficientes para que pudiera accionar cualquier tipo de frenado.
El ministro explicó también, tras la filtración de otro audio de la interventora a «El País», que el centro de control de Madrid llamó al maquinista del Alvia después de que el maquinista del Iryo llamara a ese puesto para advertir de la situación sin que se hubiese percatado de que el Alvia ya había pasado y chocado contra los últimos vagones de su tren.
Al no recibir respuesta del maquinista del Alvia, el centro llamó a la interventora, mantienen una conversación y el centro de control toma conciencia de la situación.
De esta forma, esta versión no contradice el hecho de que el descarrilamiento del Iryo y posterior choque del Alvia se produce en apenas 9 segundos, sin que el maquinista del Iryo se percate del choque, razón por la cual no comunica al centro de control lo que realmente había pasado, porque lo desconocía.
Testimonio de viajeros
Algunos pasajeros que viajaban en los primeros coches del Iryo siniestrado también corroboraron ayer esta versión. Según aseguró uno de ellos que se identificó en la red social «X» como @teachingestoy y que iba en el coche cinco, «a los pocos segundos de notar las sacudidas y ver como el vagón 6 se tambaleaba, pasó el Alvia a toda velocidad. No fue un choque, sino un roce. A esa velocidad los dos trenes terminaron por desequilibrarse. Había cinco vagones hasta el conductor».
Augusto Zunzunegui, otro viajero del Iryo que iba justo detrás de este pasajero, también afirmó que «es imposible que el maquinista se diera cuenta, si ni nosotros fuimos conscientes…».