Salvador Talón, experto en salud digestiva: «Si siempre estás cansado, puede que tengas inflamación crónica de bajo grado»
La inflamación crónica de bajo grado está detrás de patologías tan comunes como la fatiga persistente, las enfermedades cardiovasculares, el deterioro cognitivo o el envejecimiento prematuro. Asociada al estrés, la mala alimentación o la falta de actividad física, se ha convertido en uno de los grandes caballos de batalla de la salud preventiva.
Restaurar el equilibrio interno del organismo requiere de una serie de medidas que animen a la capacidad natural de regeneración. En palabras del experto en salud digestiva de ZEM Wellness Clinic Altea, Salvador Talón, «la inflamación crónica es invisible, pero su impacto es profundo. La nutrición mediterránea y la medicina degenerativa son clave para devolver al cuerpo su vitalidad».
El cansancio persistente no es normal, y la causa puede ser la inflamación
Como comienza explicando Talón, «sentirse cansado de forma puntual es una respuesta fisiológica normal ante un esfuerzo concreto, una falta de descanso ocasional o un proceso agudo, como una infección. Sin embargo, vivir en un estado de cansancio constante y permanente no es en absoluto normal, y no debería asumirse como parte inevitable de la vida moderna».
Así pues, el experto advierte que el cansancio persistente es una señal de alerta, puesto que «indica que el organismo está dedicando recursos a gestionar un desequilibrio interno, ya sea inflamatorio, metabólico, hormonal o relacionado con el estrés crónico. Igual que cuando enfermamos y el cuerpo prioriza la defensa, el cansancio crónico refleja que algo no está funcionando de forma óptima. Aceptarlo como normal solo retrasa la posibilidad de corregirlo».
¿Qué es la inflamación crónica de bajo grado, y cuáles son sus consecuencias?
La inflamación de bajo grado es un estado de activación continua y silenciosa del sistema inmunitario. No produce síntomas agudos claros, pero mantiene al organismo en una situación de alerta permanente. «Hoy sabemos, con amplia evidencia científica, que este tipo de inflamación está en la base de muchas de las patologías actuales, así como del envejecimiento prematuro».
Y añade: «Desde el abordaje nutricional y clínico, nosotros trabajamos precisamente en modular esa inflamación mediante una alimentación personalizada, el control del peso, estrategias de descanso metabólico y un acompañamiento clínico que ayude al cuerpo a recuperar su equilibrio».
Y es que la inflamación de bajo grado se ve favorecida por factores como el estrés sostenido, una alimentación inadecuada, la falta de descanso, la exposición ambiental y, de forma muy relevante, el sobrepeso y la obesidad. «El tejido adiposo no es pasivo: libera sustancias proinflamatorias que perpetúan este estado. Por eso, el exceso de peso se asocia directamente a inflamación crónica».
«Vivimos en una sociedad cansada, cronificando el malestar»
El experto en salud digestiva afirma que sí, que «vivimos en una sociedad cansada. El ritmo acelerado, la sobrecarga mental, la falta de pausas reales y la desconexión del propio cuerpo han normalizado estados que, en realidad, reflejan enfermedad funcional».
Pero es que, además, «la fatiga crónica no aparece de un día para otro, ni sin ningún motivo: Es el resultado de una acumulación de estrés físico y emocional, hábitos desordenados y una inflamación sostenida en el tiempo. Insistimos: el cansancio no es normal, sino una señal que merece ser escuchada y abordada convenientemente».
Es importante tener presente que nos inflama «la suma de pequeños desequilibrios mantenidos en el tiempo: una alimentación pobre en nutrientes y rica en productos procesados, el exceso de azúcares y grasas de baja calidad, el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo y la desconexión con los ritmos naturales del cuerpo», explica Talón. Además, la inflamación no suele tener una única causa, sino un origen multifactorial que requiere una mirada integrativa».
Así podemos recuperar el equilibrio interior y revertir el cansancio
El primer paso para ‘desinflamar’ es revisar la alimentación y reducir la sobrecarga metabólica. «Evitar el sobrepeso es clave, así como limitar alimentos ultraprocesados, grasas de mala calidad y excesos calóricos frecuentes. También es fundamental llevar una vida activa, evitar el sedentarismo y respetar los tiempos de descanso«.
El movimiento regular, el sueño reparador y una gestión consciente del estrés son herramientas tan importantes como la dieta, según el experto. Y añade: «Un plan detox bien planteado puede ser una buena forma de ayudar al organismo a recuperar su equilibrio tras periodos de sobrecarga. No se trata de restricciones extremas, sino de ofrecer al cuerpo un descanso metabólico».
Un detox consiste en reducir estímulos innecesarios: menos alimentos procesados, menos grasas de mala calidad y menos exceso proteico. «Se priorizan líquidos de calidad, verduras y frutas de temporada, especialmente alimentos verdes, y se reduce temporalmente la carga digestiva. En este contexto, estrategias como el ayuno intermitente, bien indicado, pueden ser un punto de partida útil para facilitar este ‘reinicio’ fisiológico».
Detoxificar para reparar
El organismo dispone de sistemas naturales de detoxificación, principalmente a través del hígado, los riñones y el intestino. «El problema aparece cuando la carga supera la capacidad de eliminación. Sustancias derivadas de una dieta excesiva, del metabolismo proteico o del propio entorno, si no se eliminan adecuadamente, se acumulan primero a nivel celular y posteriormente a nivel orgánico».
Todo este ambiente va a favorecer la inflamación, disfunción metabólica y, a largo plazo, patologías más complejas. Ayudar al cuerpo a no sobrecargarse es, en sí mismo, una forma de prevención.
En cuanto a los consejos generales del experto en salud digestiva de ZEM para desinflamar el organismo, los más destacados pasan por «priorizar alimentos frescos, de temporada y mínimamente procesados; mantener un peso saludable; dormir lo suficiente y con regularidad; mover el cuerpo a diario; reducir el estrés sostenido; y evitar el abuso de estimulantes como café o azúcares refinados».
¿Cuál es la relación real entre el cansancio constante y la inflamación?
«La inflamación de bajo grado consume energía. Mantiene al sistema inmunitario activo de forma continua y reduce la eficiencia celular. Como consecuencia, el cuerpo produce menos energía disponible y aparece el cansancio persistente. Desinflamar es, en muchos casos, un paso clave para recuperar la vitalidad».
En definitiva, y a modo de resumen, el experto concluye que «un ritmo de vida acelerado, sostenido en el tiempo, y una sobrecarga emocional no atendida actúan como verdaderos detonantes de la inflamación de bajo grado. El organismo no está diseñado para vivir en un estado permanente de alerta».
Cuando el estrés se cronifica, «se produce una alteración silenciosa pero profunda de los sistemas que regulan el equilibrio interno: las hormonas pierden su ritmo natural, el sueño deja de ser reparador, la digestión se vuelve ineficiente y el sistema inmunológico entra en una respuesta constante de defensa. Este desequilibrio sostenido consume energía vital y se manifiesta en forma de fatiga persistente, dificultad para concentrarse y sensación de desgaste general».
Cuidar el equilibrio emocional no debe entenderse como un complemento al tratamiento, sino como una dimensión esencial del abordaje de la inflamación y del cansancio crónico. Atender cómo vivimos, cómo gestionamos la presión diaria y cómo damos espacio a la recuperación es, en sí mismo, una intervención terapéutica de primer orden.