El embrollo de Vox con Guardiola: anuncia que rompe y después recula
La cronología es la siguiente: ayer lunes, cuando toda la atención en España estaba en la tragedia de Adamuz, Vox filtró a algunos medios su decisión de romper la negociación con María Guardiola para conformar un gobierno de coalición en Extremadura. El pretexto: la resistencia de la baronesa popular «a cambiar ciertas políticas». La aludida se enteró del plante por la prensa y, más tarde, recibió confirmación oficial a través de un correo electrónico que le remitió el partido verde.
No obstante, en la que fue la única rueda de prensa política que se produjo en nuestro país en toda la jornada, el portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, recogió cable: «Nosotros no rompemos nada, nosotros comunicamos. Y comunicamos nuestras exigencias o condiciones, que son extraordinariamente razonables».
Todo, a escasas horas de la constitución de la Asamblea regional, que tendrá lugar este martes. La idea inicial que tenía la presidenta de la Junta en funciones, como publicó LA RAZÓN, era llegar al día de hoy con un principio de acuerdo sellado que incluyera la composición de la Mesa de la institución. En su oferta, figuraba un punto para que Vox tuviese representación, con varias alternativas a elegir. Está por ver si, finalmente, le cede algún puesto.
Un déjà vu de lo que ocurrió en 2023, cuando el desencuentro entre ambas formaciones desembocó en un arranque torcido de la legislatura, ya que el PSOE terminó por presidir el Parlamento. Ahora la situación es diferente. El PP tiene 29 escaños y aventaja en diecisiete puntos a los socialistas, por lo que tiene garantizado el control del legislativo. El que se juega tener algún puesto es Vox. Y las aguas andan revueltas.
A la decisión de Vox de levantarse de la negociación, el PP extremeño respondió con un comunicado en el que lamentaba una decisión «unilateral y sin previo aviso las negociaciones que ambos partidos venían manteniendo para la formación de gobierno en la Comunidad Autónoma de Extremadura, y a un día de la sesión constitutiva de la nueva Mesa de la Asamblea».
La última vez que los negociadores se vieron las caras fue el pasado viernes. «El PP fue flexible y planteó una propuesta razonable, que permitía la entrada de Vox tanto en el Ejecutivo como en el legislativo, incluyendo políticas que la formación de Abascal quiere implementar, asegurando las partidas presupuestarias para llevarlas a efecto». Además, «se había avanzado en un acuerdo programático donde las posturas eran cercanas y hacían posible su llegada a buen término».
No obstante, el equipo de Guardiola certificó ayer «el bloqueo de Vox a un posible acuerdo». En su nota, el partido puso especial énfasis en que había tenido «conocimiento a través de los medios de comunicación pese al compromiso mutuo de discreción y lealtad entre las dos partes». Por lo que el PP veía la decisión de Vox como «poco responsable e inadecuada con el momento político e institucional, tras el mandato expresado en las urnas el 21 de diciembre». A pesar del tropiezo, el PP dejaba su mano tendida a Vox para reconducir la relación y sellar un pacto que tenga como prioridad Extremadura. Y no «el cálculo electoral».
El remate del embrollo llegó a media tarde, cuando Vox recurrió a un comunicado para enmendarse a sí mismo. Apenas habían trascurrido unas horas entre la filtración del portazo a la negociación y el titular del texto enviado a la prensa era el siguiente: «Vox desmiente al PP y acusa a María Guardiola de buscar excusas ante su falta de voluntad de acuerdo en Extremadura». A renglón seguido, se desmentía «categóricamente» a sí mismo. Aunque atribuía al PP el anuncio de la ruptura. Y aludía al comunicado difundido por el PP: «Responde a una estrategia Guardiola para buscar excusas y culpables externos con los que justificar su nula voluntad de alcanzar un acuerdo real».