El asalto de los jóvenes de derechas: después de «El Despertar» ¿qué?
Los nacidos en el último tercio del siglo XX, después de los radicales años sesenta, estamos acostumbrados a que toda actividad sociocultural tenga un marcado signo progresista. De hecho, durante las tres décadas que siguieron a la muerte de Franco, declararse de derechas, tradicionalista o reaccionario implicaba cargar con un estigma cultural. Después de una larga travesía por el desierto, en la noche del sábado, cinco mil quinientas personas vivieron un momento de euforia al ver que el palacio de Vistalegre (Madrid) agotaba sus entradas para escuchar a sacerdotes, influencers y periodistas unidos por un antiprogresismo militante. René ZZ, un exitoso e hipertatuado creador de contenido, proclamó que no nos llena el dinero, ni el estatus ni el consumo. Él lo sabe porque tuvo todo eso y no sintió la plenitud hasta conocer a Cristo. Recibió el mayor aplauso de la noche.
La escritora y columnista Ana Iris Simón hizo un defensa de las raíces frente a los espejismos de la posmodernidad; los periodistas Jano García y Juan Soto Ivars demostraron que se puede contestar al relato izquierdista dominante; el sacerdote Jacques Phillipe defendió la necesidad de la vida interior. Los más combativo de la noche fueron el novelista Juan Manuel de Prada y el filósofo Fabrice Hadjad destripando el mercado laboral basura al que están condenados nuestros jóvenes.
La crónica del encuentro pueden encontrarla en LA RAZÓN del domingo ([[LINK:INTERNO|||Article|||696bc0e23b29b0e4333930b6|||«La parroquia se queda pequeña: los macroeventos de la fe»]]) y los antecedentes de todo esto en un amplio reportaje que publicamos hace más de un año ([[LINK:INTERNO|||Article|||68232eadaf384400077e38ac|||«Thinkglaos’: un club de la lucha contra el pensamiento único»]]). Pero lo que queremos preguntarnos hoy es hasta dónde puede llegar la oleada juvenil derechista en España, uno de los países más progresistas de la Unión Europea.
Referencias extranjeras
El primer paso sensato para calibrar las posibilidades de cambio es observar a otros países de Occidente. En Estados Unidos surgió de un denso tejido de parroquias y asociaciones civiles, que cuajan primero en el estallido del movimiento Tea Party y luego en el más amplio Make America Great Again. Los jóvenes se fueron uniendo con entusiasmo, sobre todo a partir del potente movimiento universitario Turning Point USA, dirigido por el carismático Charlie Kirk, asesinado por un activista de izquierda en 2025. Sin estos movimientos conservadores de base no hubiera sido posible la victoria que llevó a Trump su segundo mandato.
En Francia, las manifestaciones contra la invasión migratoria y contra el matrimonio igualitario («manif per tous») tuvieron la simpatía de los jóvenes, que aspiran a llevar algún día al Elíseo al líder derechista Jordan Bardella, de tan solo treinta años. En Italia la cosa fue algo diferente: [[LINK:TAG|||tag|||633616b759a61a391e0a116a|||Meloni]] fue activista de la extrema derecha desde su adolescencia y ahora está derribando desde la cima del Estado el dominio progresista de la cultura del país, mediante cambios en la Bienal de Venecia y apoyo a exposiciones de contenidos que espantan a la izquierda, desde el futurismo a «El Señor de los anillos».
Las coordenadas de El Despertar son más socioculturales que políticas. Javier Fernández Contreras, uno de los organizadores, explicaba así los objetivos del encuentro: «Buscamos un despertar generacional, de lo común, de lo que nos une al de al lado. Aspiramos a romper la polarización y buscar, juntos, respuestas a los grandes retos de nuestra generación. Queremos reactivar la conversación, algo roto en España desde hace tiempo. Por ello, los temas no se imponen desde arriba. Nacen desde abajo. Después de 300 thinkglaos en dos años (eventos donde hablan los asistentes), sabemos que la opinión pública no refleja las preocupaciones reales de la gente: falta de vínculos sólidos, falta de sentido vital, precariedad (laboral, emocional, relacional…). Todos vienen avisados de que es un evento para hacerse preguntas, buscar y construir», resumía.
En el discurso de El Despertar se incluye una fuerte crítica a los medios de comunicación: «La conversación real y la mediática no coinciden. Los problemas de la gente son otros, y que los temas se impongan de arriba abajo no ha generado más que polarización y ruptura social. No reinventamos nada: solo queremos recuperar las conversaciones de siempre, las de sobremesa. Este es el fundamento de la democracia: la conversación y la búsqueda de la verdad. Esto no es posible en una sociedad sin comunidad ni vínculos compartidos. Y, para esto, ni lo digital ni lo político basta», destacan.
En defensa de la familia
A pesar de la apuesta por la moderación y el diálogo, hay principios que parecen claros: casi todos los ponentes se mostraron favorables a la institución de la familia tradicional, asediada por el individualismo y por los intentos de abolición y deconstrucción del progresismo. Quien defendió la institución con mayor energía fue Pedro Herrero, colaborador de LA RAZÓN, que arrancó su discurso saludando a su mujer y sus tres hijos para después recordar que lo importante no es solo tener una vivienda sino tener un hogar. La diferencia es que en el segundo sus miembros «se quieren, se escuchan y se perdonan», haciendo frente juntos a cualquier dificultad que se presente. Hace al menos un lustro que Herrero se convirtió en cara conocida de este cambio de sensibilidad política gracias al podcast «Extremo centro» –realizado por Jorge San Miguel– y luego ya en solitario con su serie de vídeos titulada «Crónicas bárbaras».
¿Planes de futuro para El Despertar? En 2026 se organizarán más de 200 thinkglaos, los encuentros cotidianos que ha servido de base a este evento. Son posibles gracias a más de 300 voluntarios repartidos por más de cuarenta ciudades y diez países. La organización se esfuerza en darles libertad y ponerles las cosas fáciles para que articulen el máximo de charlas posibles. «La clave está en la frecuencia y la presencialidad: solo así se genera comunidad. Ahí nacen los vínculos… que, como habrás detectado, es nuestra palabra favorita», explica Fdez. Contreras.
Como lo importante es expandir el mensaje, sus planes no incluyen repetir el éxito en Madrid, sino preparar un encuentro similar en Ciudad de México en 2027. ¿Puede explotar El Despertar conservando este espíritu moderado o tendrá que subir el voltaje activista—como ha ocurrido en otros países— para cambiar nuestro ecosistema sociopolítico?