Fátima Hajji, DJ: "Mi objetivo es provocar agujetas que duren una semana"
Dicen los que saben que el fin de semana que ya comienza es el peor de todo el año parar programar un evento musical o cultural. Las fiestas navideñas han dejado hartazgo, los excesos de Año Nuevo todavía se padecen y la cuesta de enero nos encierra en casa por imperativo económico. Sin embargo, ninguna de estas razones supone un impedimento para que, año tras año y ya van cuatro, la DJ salmantina Fátima Hajji llene hasta la bandera la discoteca Fabrik para entregar una sesión muy especial: siete horas de música ininterrumpidas, a base de «hard techno», por cuarto año consecutivo.
Contra todos los elementos.
Es un fin de semana complicado, pero al menos ha habido uno tras las fiestas. Y por si era poco, hay quien hace el propósito de salir menos en el año nuevo...
Pero esa es una malísima, malísima idea.
Por eso estoy aquí estoy yo, para romperlo totalmente (risas).
Esta es la cuarta vez que se enfrenta a una sesión de siete horas, toda la noche. ¿Es algo especial o un día más en la oficina?
Hacer este no siempre súper especial para mí. Incluso es traumático, paso muchos nervios, mucha presión. He estado dos fines de semana en el estudio para prepararlo bien, estar tranquila y relajarme. Y creo que he hecho mal, porque he estado un poco obsesionada.
Una actuación así debe que tener una preparación muy intensa.
Para mí sí, porque hay que preparar un equilibrio entre mis temas clásicos, pero mezclado con algo nuevo. Es difícil seleccionar y pensar en el orden de cada cosa.
¿Lo lleva todo planificado y milimetrado?
Para nada, aunque sí estructurado. Pero de ahí, estoy a lo que salga. Parto de unos 40 ó 50 «tracks» y ya voy pensando cómo ponerlos.
¿Dependiendo del público o según su estado de ánimo?
Eso es: según veo a la gente, según me sienta yo, o lo que perciba en ese momento. A veces hay que buscar un momento un poco más tranqui, o si ves que lo piden, hay que ir a por ellos, como una ola que sube y baja.
No debe ser sencillo jugar sobre la marcha.
Hay que estudiar a la gente, la energía, el momento...
Es difícil estar 7 horas arriba.
No... Aunque mi intención es que salgan con agujetas de una semana (risas). Pero para que lleguen al final hay que dejarles respirar un poco, poner algún track un poco más melódico o alguna «cantadita», que sea más fresco, más divertido. Para luego volver a explotar.
El mejor propósito del año es ese empezar así con una semana de agujetas.
¿No quieren bajar los excesos de comida? Este es el momento.
¿Qué es lo más exigente de una actuación tan larga?
Lo más difícil pues es mantener a la gente, equilibrar las energías de la sesión. Tienes 3.000 o 5.000 personas delante y hay que darles a todos lo que necesitan.
Debe ser difícil darse cuenta de eso desde la cabina.
Me quedo con todo, yo me quedo con todo.
Hoy que vivimos en una época de déficit de atención.
Todo el mundo, entre los que me incluyo, claro. Estamos acostumbrados a estar haciendo «scroll» todo el rato con el móvil. El déficit de atención ya no solamente es para los niños, puede empezar incluso con 40 años.
¿Cómo definiría su estilo?
Yo me defino más como «hard techno» alegre. Porque hay estilos que son más duros, más oscuros, o más industrial, se ha diversificado mucho. Yo lo clasifico como alegre.
¿Cuál es la salud de la electrónica en España? ¿Cómo la ves?
Es muy buena. España siempre ha sido muy fuerte y cada vez lo es más. De hecho, para muchos artistas, su principal objetivo es pinchar más en España. Primero, porque el público es el mejor, porque están todo el rato arriba y lo agradecen al DJ. Y eso es el resultado de que hay muchísima cultura y hay muchísimas fiestas de electrónica. Y no estamos hablando de fiestas de 500 personas sino multitudinarias.
Siempre se habla de Ibiza, pero, en Madrid, ¿cómo está la escena?
Yo creo que bien. Hay muchos clubs y mucha escena, pero yo creo que está bien en general para todos. A ver, Madrid siempre ha sido un referente en España para la fiesta.
Está librándose del estigma la música electrónica.
Ha costado muchísimo, porque éramos los mal vistos. Siempre bajo la vigilancia de la Policía o la Guardia Civil en la salida, porque se veía como algo malo. En Holanda, la música electrónica es la nana de los niños recién nacidos.
Hoy en día hay un muchas mujeres que son estrellas de esto, pero imagino que no ha sido fácil.
El machismo estaba en la música, como en todas partes, pero la verdad es que hoy el público y los promotores nos apoyan. Por ejemplo, la número uno es Charlotte de Witte, pero yo me acuerdo cuando empecé que realmente era muy difícil tener el respeto y muchas veces ni siquiera se paraban a escucharte. Pero al final obtuvimos el reconocimiento, gracias sobre todo a otros artistas que veían que teníamos calidad.