Sánchez monta la División Azul
Nadie puede decir que Pedro Sánchez no ostenta los suficientes méritos para ser ungido con el título de gafe nacional. Quizás federal, para que case mejor con su idea de España. Desde que montó la moción de censura del bolso de Soraya para acabar con la corrupción (risas enlatadas por favor) cada una de las desgracias que asolan a la humanidad se multiplica por cinco en nuestro país. Le ha pasado de todo y nosotros lo sufrimos sumisamente, con santa paciencia, con cristiana lealtad. Hagan la cuenta y sumen ahora la guerra que se nos viene encima, porque se trata de eso, del trabajo de los soldados cuando van al frente. El lunes el presidente del Gobierno y el líder del PP quedarán en la Moncloa para ver si llegan a un acuerdo sobre el envío de tropas a Ucrania. Sí, a nuestro “Frente Ruso” de 2025 que es a lo que irán, a ponerse de parapeto frente los rusos. Como estamos en años de memoria, supongo que se trata de un “remake” de la División Azul que se mandó para contener la furia de Moscú en la II Guerra Mundial. Allí se fueron Agustín Muñoz Grandes y el Conde de Foxá, cada uno en lo suyo, con un puñado de voluntarios dándole leña a los soviéticos en las orillas del Ladoga. La guerra es la misma, ¿entienden?, sólo que ochenta años después, pero el resto es calcado. Además de protagonizar la foto de campaña de VOX, Feijóo y Sánchez deberían asumir el difícil desafío al que se enfrenta España, aunque vaya en el pelotón de la UE. Por un lado, hacerle frente a Rusia y por otro a Estados Unidos en Groenlandia, donde la ministra del ramo pide prudencia. No pensemos que por mucho que utilicemos la IA, la muerte de los hombres es de mentirijilla. Si suena la corneta de la guerra, la balanza sólo se moverá por el peso de la sangre. Parece una tontería, pero lo mismo pensaban los valientes de septiembre de 1939.