¿México llegará tarde a la educación? Las alertas de la Agenda 2030
En enero de 2016 entró en vigor la Agenda 2030 en los 193 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como un compromiso global para lograr un futuro más sostenible. Ustedes, estimados lectores, seguramente han escuchado hablar de esta agenda o de las leyendas urbanas alrededor de ella: que si trata de imponer un “nuevo orden mundial”, que si es comunismo disfrazado o que está en contra de la familia “tradicional”. Pero la verdad es que se trata de un plan de acción con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para abordar desafíos mundiales como la pobreza, el hambre, la educación y el cambio climático, y en el fondo, se trata de no dejar a nadie atrás.
Para Mexicanos Primero, el objetivo más importante de la Agenda 2030 es el de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. Esto quiere decir que en 2030 todas las niñas y todos los niños deben tener acceso a servicios educativos en la primera infancia y a la educación preescolar; también se busca que jóvenes y personas adultas adquieran aprendizajes relevantes que les permitan acceder al empleo o al emprendimiento; de igual manera, se busca reducir las desigualdades de género para que tanto niñas como niños puedan terminar la educación primaria y secundaria, la cual ha de ser gratuita, equitativa y de calidad, y producir resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos. Nada de esto es una tarea sencilla para ningún país.
Hoy tenemos solo cinco años para cumplir con estos compromisos, y México aún está lejos de la meta. Según el informe World Education Statistics 2025 de la UNESCO, hay varias alertas claras para el país. La primera está relacionada con los aprendizajes fundamentales. Aunque la región de América Latina y el Caribe presenta bajos niveles de estudiantes que alcanzan los mínimos de competencia, México se encuentra en una posición aún más débil que el resto de los países de la región, particularmente tras la eliminación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa. De acuerdo con la última información disponible, correspondiente a 2019, en México la proporción de niñas y niños en edad de educación primaria preparados para el futuro en matemáticas es de solo 37%. En cuanto a lectura, esta proporción alcanza apenas 40.6%. Estos datos muestran que no basta con concluir la primaria: lo fundamental es aprender, y ahí México está fallando.
Otra alerta importante para nuestro país se encuentra en la educación para la primera infancia y el preescolar. Aunque a nivel global la participación en educación preescolar ha crecido, la obligatoriedad y la cobertura efectiva siguen siendo muy desiguales. En promedio, los países garantizan más años “gratuitos” que obligatorios, y la falta de cobertura universal en la primera infancia compromete la preparación para los aprendizajes posteriores. En México, la proporción de niñas y niños de 24 a 59 meses que se encuentran en buen camino en términos de desarrollo en salud, aprendizaje y bienestar psicosocial es de 79.5% (2023). Si bien esta cifra parece alentadora, la asistencia a servicios de educación inicial es extremadamente baja: solo entre 3 y 5% de las infancias de 0 a 2 años 11 meses acceden a estos servicios. Además, la matrícula en preescolar para niñas y niños de 3 años ha ido disminuyendo, al grado de que hoy seis de cada diez niñas y niños están fuera de este nivel educativo.
Una tercera alerta se relaciona con la insuficiente información sobre infraestructura escolar. En este caso, el principal problema de México no es únicamente la persistencia de brechas en el acceso a servicios básicos y recursos necesarios para el aprendizaje, sino la falta de continuidad, consistencia y actualización en la información reportada. México cuenta con datos sobre algunos indicadores de infraestructura y servicios escolares —como agua, saneamiento, electricidad o recursos tecnológicos—, pero estos registros son parciales, intermitentes y no siempre comparables en el tiempo; en muchos casos, la información más reciente disponible corresponde solo a 2019 o 2021.
Sin duda, nos preocupa que, a cinco años del plazo, México enfrenta un rezago serio en aprendizajes fundamentales; sin evaluación y sin una política educativa sostenida, el derecho a aprender corre el riesgo de quedarse en el discurso. El reloj avanza y la pregunta ya no es si compartimos los objetivos, sino si estamos dispuestos a hacer lo necesario para cumplirlos.