Estados Unidos: fortaleza coyuntural, riesgos estructurales
Ahora que comienza el año, es oportuno reflexionar sobre lo ocurrido en materia económica en el que acaba de concluir y sobre lo que podemos esperar en el que inicia. Desde luego, siempre surgirán nuevos elementos en el camino que harán que las predicciones formuladas hoy se vuelvan obsoletas. Aun así, analizar lo que se observa en el horizonte permite contar con un marco de referencia para interpretar los acontecimientos económicos durante el año.
En esta ocasión planteo algunas ideas sobre la economía de Estados Unidos. Lo primero a señalar es que todo indica que la economía estadounidense habrá cerrado 2025 de forma robusta. El crecimiento anualizado del tercer trimestre fue de 4.3%, mientras que el indicador adelantado de la Reserva Federal de Atlanta estima que el crecimiento del cuarto trimestre habría sido de 5.1%. Si bien el mercado laboral ha perdido algo de dinamismo, la tasa de desempleo se mantiene relativamente baja, en 4.4%. Finalmente, la inflación, aunque por encima del objetivo, no ha aumentado tanto como se anticipaba y se ubicó en 2.7% al cierre de diciembre.
¿Por qué este escenario relativamente benigno, cuando en abril se advertía que los elevados aranceles anunciados ese mes se traducirían en una inflación considerablemente más alta, una caída de la inversión por la incertidumbre que dichos aranceles implicaban para las empresas y en mayores tasas de interés de largo plazo debido a los elevados déficits fiscales que colocan a la deuda en una trayectoria preocupante?
Hay varias explicaciones. En primer lugar, los aranceles finalmente se moderaron y resultaron significativamente menores a los planteados originalmente. En segundo lugar, la política económica proteccionista coincidió con un enorme auge de inversión en inteligencia artificial (IA). Además, el optimismo en torno al potencial de la IA ha derivado en incrementos importantes en los precios de los activos financieros, particularmente en las acciones de las principales empresas tecnológicas. Esto ha generado un efecto riqueza relevante que ha impulsado el consumo.
En tercer lugar, la política fiscal sigue siendo muy expansiva. En 2025, el déficit fiscal habría sido de alrededor de 6% del PIB, un nivel muy elevado respecto a su promedio histórico, lo que ha representado un estímulo importante para la economía en el corto plazo. Por su parte, la política monetaria es menos restrictiva que hace un año, considerando que la Reserva Federal redujo su tasa de referencia en 75 puntos base.
Finalmente, la amenaza arancelaria provocó un adelantamiento significativo de importaciones, lo que ayudó a que el aumento en los precios fuera menor al anticipado. Además, muchas empresas han absorbido inicialmente el mayor costo asociado a los aranceles, aunque este difícilmente puede ser un equilibrio permanente. Ahora bien, eventualmente, dichos costos serán trasladados a los consumidores. Igualmente, la política migratoria ha reducido de manera importante la oferta de trabajo, lo que genera presiones inflacionarias en los salarios.
¿Qué esperar hacia delante? La gran pregunta es si se materializará la promesa de la IA en términos de mayores ganancias de productividad. Si comienzan a surgir dudas al respecto, la inversión podría caer, al igual que los precios de los activos financieros, dando lugar a un efecto riqueza negativo y, por ende, a un menor crecimiento del consumo. Además, se harán más evidentes los efectos adversos de los aranceles sobre los precios, conforme se agoten los inventarios acumulados por el adelantamiento de importaciones y las empresas trasladen en mayor medida los costos arancelarios a los consumidores.
En BBVA estimamos que la economía de Estados Unidos crecerá alrededor de 1.9% este año. Este crecimiento estaría sustentado en una política fiscal que seguirá siendo expansiva, una política monetaria que continuará relajándose gradualmente —anticipamos nuevas reducciones en la tasa por parte de la Reserva Federal— y la persistencia de la inversión en IA.
Sin embargo, esto no debe llevar a la conclusión de que la economía estadounidense está exenta de problemas importantes. El proteccionismo comercial eventualmente se traducirá en mayores niveles de precios y en una pérdida de productividad. Asimismo, los ataques abiertos a la independencia de la Reserva Federal y la preocupante trayectoria fiscal podrían derivar en mayores tasas de interés de largo plazo, afectando negativamente a la inversión.
Los estímulos de política económica de corto plazo, junto con el auge de la inversión en IA, están haciendo que la economía muestre una notable resiliencia en el corto plazo. No obstante, hacia delante se vislumbran problemas estructurales que resultan altamente preocupantes.