Detienen a medio centenar de agricultores franceses tras irrumpir en la sede del Ministerio de Agricultura en París
La tensión en el campo francés persiste pese a la promesa del Gobierno de impulsar un proyecto de ley de emergencia agrícola. La medida, lejos de apaciguar la situación, ha sido recibida por las principales organizaciones agrarias del país vecino como un mero parche, una solución del todo insuficiente para atajar los problemas de fondo que atraviesa el sector. El escepticismo es la nota dominante entre los productores.
De hecho, este desencanto responde a que la propuesta legislativa no aborda lo que ellos consideran sus demandas fundamentales. Cuestiones como la protección frente a lo que denuncian como competencia desleal o una drástica simplificación burocrática siguen sin una respuesta clara, lo que alimenta la sensación de abandono por parte de las autoridades y mantiene vivo el conflicto.
En este sentido, la creciente crispación tuvo su escenificación más contundente el pasado 14 de enero, con la ocupación de la sede ministerial de Agricultura en pleno corazón de París. Un centenar de agricultores del sindicato Confédération Paysanne irrumpieron en el edificio para protestar por una serie de decisiones que comprometen gravemente la viabilidad de sus explotaciones.
La dura respuesta policial al asalto al ministerio
Asimismo, la respuesta de las fuerzas del orden a la toma del edificio fue tajante. La acción, que se prolongó durante cerca de una hora, se saldó con la detención de cincuenta de ellos bajo la acusación de "alteración del orden público" y la imputación de varios delitos, según confirmaron fuentes oficiales del ministerio del Interior francés. La contundencia de la intervención ha sido criticada por los sindicatos, que la consideran desproporcionada.
Con todo, este asalto no fue un episodio aislado, sino el punto álgido de un pulso que viene de lejos. Desde el pasado mes de diciembre, Francia ha sido testigo de múltiples movilizaciones, incluyendo sonados bloqueos de carreteras, que evidencian un profundo malestar. El detonante específico de esta última oleada de protestas ha sido la gestión gubernamental de un reciente brote de una enfermedad que afecta gravemente al ganado.