Iniciativa 6436: plusvalía enredada en cables
La iniciativa 6436 —presentada por más de 15 diputados de diferentes bancadas— plantea que el orden visual es valor. Obliga a retirar cableado aéreo en desuso o mal estado en zonas urbanas y lo conecta con plusvalía. El argumento enfatiza que el desorden visual se percibe como abandono, lo que influye en las decisiones de compra, renta e inversión.
Cómo funciona. En la propuesta, se asignan responsabilidades a las empresas de servicios públicos y telecomunicaciones, estandariza cómo identificar y reportar cables abandonados y activa sanciones por incumplimiento.
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Define un marco legal para que compañías mantengan y retiren cableado, con procedimientos de identificación, reporte y ejecución.
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Establece un plazo máximo de 12 meses desde la entrada en vigor del reglamento para retirar cableado, sin trasladar el costo al consumidor.
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También prohíbe instalar cableado aéreo cerca de sitios declarados Patrimonio Cultural de la Nación o Patrimonio Intangible, bajo supervisión del CIV y MARN.
Entre líneas. Manfredo Corado, director de Locus Lab, explica que el “cableado muerto” no es un detalle porque comunica desorden e impacta en las percepciones de seguridad, bienestar y calidad.
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Su retiro se transfiere al mercado inmobiliario. Gabriel Estrada, asesor en Ferrey Real Estate, prevé que las mejoras visibles impactarían en sectores específicos. “La plusvalía aumentaría”.
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En zonas con plusvalía alta —10, 13, 14 y 15—, una limpieza visual sumaría a la propiedad y puede atraer inversionistas extranjeros, por estándares urbanos regionales.
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Corado sugiere priorizar polos con usos mixtos y flujo peatonal: ahí la limpieza visual rinde más en visitas, caminabilidad, consumo y confianza. El precio se ajusta primero en el corredor.
Visto y no visto. La contaminación visual no se reparte parejo. La zona 1 concentra historia, redes viejas y soluciones incrementales que se apilan sobre las calles. En un centro sensible, el cielo saturado degrada la experiencia urbana y la reputación.
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“Si hay 20 cables y retiran dos, no hay mayor diferencia”, advierte Raúl Monterroso, doctor en diseño arquitectónico. Una intervención mínima puede quedar como gesto cosmético.
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Añade una variable: patrimonio y reconfiguración del centro. La propuesta señala que en espacios con bienes patrimoniales no se puede colocar cableado. El reto también es evitar la reincidencia y sostener reglas claras.
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Plantea replicar el caso de la Sexta Avenida —libre de cables aéreos—, cuyo tratamiento considera al Centro Histórico como distrito: vivienda, trabajo y comercio. Sin ese giro, sigue siendo únicamente zona de paso y terminal.
Sí, pero. La propuesta es un avance, pero debería aprovechar la obra para ganar calle. Corado insiste en “apalancar” la oportunidad: no es solo sacar cables aéreos y colocarlos bajo tierra, es rediseñar el eje.
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“Se queda corta”, opina en esa línea Monterroso. Lo ideal es una ley de ordenamiento territorial: instrumentos participativos, técnicos y estratégicos para decidir ciudad a diez años.
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Ambos concuerdan en la necesidad de transformar el Centro Histórico. Manfredo señala banquetas limitadas, mejorar infraestructura caminable y elevar el estándar de uso diario. “No solo verla como una zona de paso”, comenta Monterroso.
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En plusvalía, la tesis es concreta: si se ordena el corredor y se sostiene, el precio ajusta. Si se interviene a medias o sin mantenimiento, el efecto se evapora. La incertidumbre castiga la inversión.
Balance. La 6436 puede empujar plusvalía sostenida. Pero su alcance es quirúrgico: si se ejecuta a medias, queda cosmético. Sin reglas de ordenamiento que eviten el “parche” y sin obra que mejore la calle —banquetas, caminabilidad, usos mixtos—, el mercado lo registra como gesto, no como transformación.