El escándalo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (que está bajo la dirección de la ministra Diana Morant), es «en teoría» un centro de excelencia creado con un presupuesto directo de más de 20 millones de euros, a lo que se le suman acuerdos, proyectos, convenios, etc. Y todo ello, «en teoría», para la investigación contra el cáncer.
El CNIO no era solo «un modelo en la calidad de las investigaciones», sino también el paradigma como institución científica a seguir en toda Europa. Sin embargo, todo esto se ha «esfumado» bajo la dirección de María Blasco (quien llevaba más de 13 años dirigiendo la institución y su equipo). De ahí viene el tiempo verbal usado arriba: «Era».
Lo ocurrido en el CNIO no es un error, sino una nefasta dirección en cuanto a gestión y transparencia se refiere. La directora de este centro de investigación tenía un total de 21 asesores, que cuestan más de un millón de euros al año y que no tenían ni tienen ninguna justificación, ni en lo que se refiere al número ni en lo relativo al costo que suponían. El salario de la directora, por otra parte, era de 230.000 euros al año, uno de los más altos de la administración pública en España (un día habrá que hablar de las cuentas de los sueldos públicos de organismos, fundaciones, conciertos, etc.). Todo esto se acentúa hace más de un año, cuando, sin ningún motivo aparente, la directora se asigna un sueldo extra de 30.000 euros más. Inmediatamente, habrá que destacar que, entre los colaboradores del CNIO, aparece Ruth Toledano, más concretamente, Ruth González Toledano, licenciada en Filología Hispánica, columnista habitual de diarios nacionales y comentarista científica.
Ruth Toledano, pareja de María Blasco, colaboró con la Fundación Franz Hebert para el uso alternativo a los animales de experimentación, y por ese motivo se firmaron varios conciertos entre el CNIO y tal fundación.María Blasco, que dentro de sus líneas de investigación trata el papel de la Telomerasa en el cáncer, tiene publicaciones de impacto mezcladas con una serie de actividades de gestión muy discutidas y que están siendo investigadas. Más de 13 años de gestión a sus espaldas que han llevado al gerente Juan Arroyo a ser también investigado, en su caso por un desfalco de más de 25 millones de euros dedicados a la investigación contra el cáncer. Todo ello, la gestión y relaciones personales, han conseguido poner en mínimos a un centro de excelencia en la picota.Estando informado puntualmente de este tipo de irregularidades es verdad que el Ministerio responsable no ha tomado ni una sola medida hasta hace un año. Nos apresuramos a expresar bien claro el máximo respeto a los investigadores y trabajadores de la casa, que están por encima de estos tinglados de la dirección y de los que puntualmente, como hemos dicho, la ministra Morant estaba informada y daba por respuesta la callada.
Es muy triste ver cómo ni la investigación de alto nivel contra una patología como es el cáncer en general ha sido respetada en los últimos años, por una desidia de la dirección y por una implicación directa pendiente de los juzgados, que ha sometido a esta institución de excelencia a un escrutinio público que afecta a la ciencia y a la confianza en dicha institución. Además, hay implicaciones de relaciones personales que empeoran más aún si cabe el prestigio de una parte de la ciencia española que era referente europeo.
Es evidente que el cese del gerente como causante de estos estropicios no es sino una excusa de un problema aún mucho mayor, que radica fundamentalmente en la dirección y los responsables del Ministerio.María Blasco acumula numerosas irregularidades como máxima responsable de este organismo público, entre las que se encuentra el desvío de fondos para la compra de obras de arte. Absolutamente fuera de contexto y sin ninguna justificación científica ni de divulgación. La adjudicación de 16,3 millones de euros a una red de empresas vinculadas a Juan Arroyo Muñoz, tesorero del centro, y a José Ramon Martínez Méndez, jefe de personal, está en investigación, ya que Blasco fue la responsable de que se autorizaran hasta un centenar de contratos para estas empresas. Tampoco ha sido desmentido que Blasco y su pareja, Ruth Toledano, hayan adquirido en el municipio costero de Carnota, La Coruña, dos inmuebles; y así, toda una serie de irregularidades que están siendo estudiadas por la justicia actualmente.
En definitiva, todo este tipo de acontecimientos, que se habían puesto de manifiesto al ministerio responsable desde hace tiempo, han hecho que el CNIO esté atrapado en una crisis interna ajena a los investigadores, a los que le está haciendo un daño reputacional intolerable. Se puede afirmar que había alertas ignoradas en el corazón de la ciencia pública.
Hay que llegar hasta el final, hasta las últimas consecuencias, y reparar de forma inmediata el daño, poniendo al frente a personas preparadas que tengan un currículum limpio y capacidad de gestión, cosa que no se ha hecho en su momento, y que ahora está pendiente de muchos casos de la justicia.
Es triste ver cómo ni los centros de excelencia públicos, relacionados además con la salud de los ciudadanos, han sido respetados en este periodo en el que la callada como respuesta ha sido la norma. En definitiva, el escándalo del CNIO ha creado una crisis totalmente evitable en el corazón de la investigación pública contra el cáncer. No es un error, es un fracaso institucional provocado por los responsables que pone en riesgo el prestigio de la investigación oncológica española. El silencio no es rentable, hemos dicho siempre; generalmente, de hecho, es cómplice de la situación. Basta ya.