No se puede maltratar ni matar a toros y vaquillas si son de mentira: dos ejemplos
En la localidad toledana de San Pablo de los Montes, y en la de Chillón, en Ciudad Real, las tradiciones no implican marear, torturar, torear y matar a estos animales, ya que se simulan o se inventan
OPINIÓN - "La tauromaquia es de personas violentas que disfrutan con la subyugación, el maltrato y muerte de decenas de miles de animales en nuestro país”
Las corridas de toros, encierros, festivales taurinos y similares se celebran durante todo el año a lo largo y ancho de los pueblos españoles, casi siempre con motivo de alguna festividad. Es una tradición que procede de la Edad Media y que durante las últimas décadas ha ido perdiendo fuerza conforme la ganaba la sensibilidad social contra el maltrato animal.
Las corridas de toros, en las que el animal es brutalmente estocado y/o apuntillado hasta su muerte, han perdido acólitos en España. Ya no se celebran en territorios como Catalunya. El Govern autonómico las prohibió en 2010, y aunque el Tribunal Constitucional anuló esa decisión, nunca se han vuelto a celebrar ni a reactivar. La situación es similar en Balears y en Canarias, donde apenas se celebran, aunque sean legales.
La contestación y protesta arraigada en la sociedad civil del siglo XXI ha ido tomando fuerza y se cuentan por cientos los colectivos antitaurinos que se manifiestan en ciudades y pueblos contra cualquier práctica relacionada con la tauromaquia.
No protestan solo contra las corridas de toros, también contra los encierros, becerradas y similares, donde el maltrato a los animales y su sufrimiento es más que evidente.
Sí son muchos más populares estos festejos locales y ferias taurinas que las corridas de toros, sobre todo en comunidades autónomas como Castilla-La Mancha. El Gobierno de esta comunidad autónoma siempre se ha manifestado como un ferviente defensor de la tauromaquia, tanto bajo mandato del PSOE, ahora con Emiliano García-Page, como en los cuatro años que gobernó el PP, con María Dolores de Cospedal.
Page fue uno de los impulsores, junto con otras regiones gobernadas por el PP y la Fundación del Toro de Lidia, del nuevo Premio Nacional de Tauromaquia, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez anuló el galardón de carácter institucional, por iniciativa del ministro de Cultura, Ernest Urtasun (Sumar).
Dos pueblos que recrean vaquillas y toros
Pero precisamente es en esta región donde pueden encontrarse un par de ejemplos muy significativos de cómo la imaginación colectiva puede evitar esta tradición tan arraigada en el tiempo como brutal, sin restarle ni un ápice de diversión y disfrute de sus vecinos y vecinas.
En la provincia de Toledo, la localidad de San Pablo de los Montes, de unos 1.600 habitantes, celebra los días 24 y 25 de enero la Fiesta de la Vaca, de Interés Turístico Regional. Este festejo comienza días antes con la “reseña”, el anuncio de la proximidad de la fiesta, saliendo los quintos (jóvenes que cumplen la mayoría de edad) a “correr” por las calles del municipio por la noche haciendo sonar los cencerros.
Días después se celebra la “luminaria”, noche anterior al Día de Vaca. Se trata de una gran hoguera que encienden los quintos con leña que han recogido durante el día para que se calienten los asistentes. Esta velada se ameniza con chocolate y posterior baile.
También se preparan tostones -garbanzos tostados- y limonada para todos aquellos participantes que recorran el pasillo formado por los espectadores, desde la plaza hasta el Ayuntamiento, perseguidos por “la vaca”, que no es tal animal, sino un palo al que se unen un par de cuernos, adornado con cintas y flores. Es decir, se simula una suerte de encierro.
Este es su festejo más querido y no se celebra ningún otro encierro, festejo ni evento en el municipio que tenga que ver con la tauromaquia o donde se maltrate y mate a estos animales.
A casi 170 kilómetros al sur, ya en la provincia de Ciudad Real, se encuentra otro ejemplo de encierro simulado. Resulta relevante porque esta provincia, con la llegada del PP y Vox a muchos pueblos, incluida la capital, y a la Diputación provincial, el toreo y derivados ha experimentado cierto auge.
Pero en la localidad de Chillón, dentro del Valle de Alcudia y con una población muy similar a la del pueblo toledano, se celebra el festejo que lleva su nombre: 'La Vaquilla de Chillón'.
El origen de la fiesta está en la peste que asoló el municipio entre 1582 y 1583. La leyenda afirma que trayendo una imagen de San Roque desde la ciudad de Toledo cesó la enfermedad. Por ello se le toma por patrón y se constituye la Hermandad.
El folclore que incluye la recreación de una vaquilla como armazón de madera
Se trata de la fiesta más famosa del folclore chillonero, también es de Interés Turístico Regional y se celebra los días 13 y 14 de agosto. Todos los “hermanos” (participantes generalmente de la Hermandad de San Roque) van ataviados a la vieja usanza de siglos pasados.
Sus trajes son de colores variopintos, con chaquetilla y calzón cortos, calzas blancas y zapatillas bordadas con oro de canutillo y como remate un sombrero de paño, adornado con una ancha cinta de seda en color.
Pero no hay vaquilla de verdad. Es un armazón de madera que simula el cuerpo y cabeza de una vaca, con su cornamenta. Va cubierto con cuero o ‘skay’, con la cara del animal pintada en la parte frontal. El “hermano” que la lleva se la coloca sobre su cabeza y trata de imitar los movimientos de la vaca.
Aquí el simbolismo es muy importante, ya que esta “vaquilla” de mentira simboliza la peste. El recorrido que hace por las calles del pueblo en la noche del día 13 de agosto no es sino una clara alusión a cómo esta enfermedad afectó al pueblo.
De hecho, el acto que se celebra en la mañana del día 14 con la muerte fulminante de la vaquilla a manos del “Capitán” recuerda el cese instantáneo de la peste ante la aparición de la imagen del San Roque traída de la ciudad de Toledo, y finalmente, el baile de la bandera es “expresión y símbolo de júbilo popular por la milagrosa curación”, según apunta el Ayuntamiento.
Uno de los momentos más espectaculares es la salida de “La Vaquilla” de la Iglesia Parroquial el día 13 de agosto por la noche. Niños, jóvenes y personas mayores al grito de “¡Erra, Erra!” perseguidos por la bestia. En Chillón tampoco se celebra ningún otro encierro ni suelta de vaquillas o toros con animales reales.