Sánchez asume que el cupo catalán y Puigdemont le harán perder las autonomías pero ‘ganará’ las generales
- Sacrificar las autonomías, ganar las generales
- Mejorar en País Vasco y Cataluña
- Efectos políticos del regreso de Puigdemont tras la amnistía
- Un subidón que también beneficia a Sumar
- El nuevo sistema de alianzas y el apoyo de ERC frente al avance de Vox
- Aprovechar el ‘cupo’ catalán para reformar la financiación autonómica
- Un arreón progresista tras el cupo y la vuelta de Puigdemont
El pacto sobre la nueva financiación catalana escenificada en la reunión del pasado jueves entre el presidente, Pedro Sánchez, y el líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, configura un nuevo modelo muy difícil de vender fuera de Cataluña, y que eso castigará aún más a los candidatos autonómicos.
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Sacrificar las autonomías, ganar las generales
En los próximos seis meses, el Partido Socialista afrentará tres elecciones regionales: las primeras, en Aragón, el próximo 8 de febrero; en Castilla y León un mes después, el 15 de marzo; y en junio en Andalucía.
Tres comicios que determinarán el futuro de la legislatura, según admiten altos cargos del Ejecutivo, si los resultados son tan malos como lo han sido en Extremadura, donde ha cosechado el peor resultado en la historia del partido.
Por eso, el apretón de manos con Junqueras llega en el peor momento posible, pero también en el único viable.
Mejorar en País Vasco y Cataluña
Moncloa prioriza salvar la legislatura por la vía de doblar su apoyo en País Vasco y Cataluña, y el Gobierno tiene medido lo bien que calan esas medidas en ambos territorios. En 2023, fueron estas autonomías las que salvaron a Sánchez y evitaron un Ejecutivo entre el Partido Popular y Vox.
Ahora el equipo del presidente fía la estrategia electoral a afianzar su liderazgo en ambos territorios y enmarcarlo dentro del plan para erigirse como dique contra la “ultraderecha” no solo en España, sino también a nivel internacional de aquí a 2027.
Efectos políticos del regreso de Puigdemont tras la amnistía
En los próximos meses, Moncloa cuenta con el regreso de Carles Puigdemont, ex president de la Generalitat durante el 1 de octubre, una vez que la Justicia europea avale la ley de amnistía y que el Tribunal Constitucional dictamine que puede ser beneficiario del olvido penal que aprobó el Congreso para todas las causas judiciales relacionadas con el procès.
La vuelta de Puigdemont no gusta en muchas federaciones socialistas, fuera de Cataluña y País Vasco, en las que la imagen del ex president es nefasta y consideran que los intereses de las regiones distan mucho de las pretensiones más separatistas que representa Junts.
Sin embargo, Moncloa calcula que sentará muy bien en los territorios con más presencia nacionalista, como Cataluña y País Vasco, y aspira a que ciertos sectores del nacionalismo puedan optar por el PSOE en unas elecciones generales, como pueden ser votantes del BNG en Galicia, e incluso de ERC o PNV.
Un subidón que también beneficia a Sumar
En las últimas generales, los socialistas sacaron más del doble que los republicanos y más del triple que Junts, tras una legislatura en la que se indultó a todos los líderes del procès, se reformó el delito de malversación y se derogó el de sedición por el que habían sido condenados.
La segunda fuerza fue Sumar, con el 14% de los apoyos, muy lejos del 34% del PSOE, pero aquí reside también una de las claves. En Ferraz consideran que no solo su partido se beneficia de estas medidas y catapulta el resultado, sino que también se aporta cierto apoyo a las formaciones progresistas no independentistas, como es el caso de Sumar.
La dirección del PSOE reconoce que, por mucho que mantengan el resultado, difícilmente podrán mejorarlo, y mucho menos y optar a una mayoría absoluta, sin un partido a su izquierda que capitalice el voto no nacionalista en ese ámbito ideológico.
El nuevo sistema de alianzas y el apoyo de ERC frente al avance de Vox
Desde la pasada legislatura, Sánchez se ha propuesto trazar un nuevo sistema de alianzas que deje atrás las mayorías absolutas, y combata el ascenso de las posiciones más conservadoras, mediante una red de partidos progresistas a nivel nacional y a nivel autonómico. Y es esa argamasa la que aún sostiene a ERC al lado del PSOE, en un contexto de avance de Vox y de sus partidos homólogos en toda Europa.
“Hay recorrido. Tenemos la obligación de intentarlo. Lo necesitamos más que el aire que respiramos”, afirmó Junqueras este lunes; un apoyo mucho más férreo que el de la pasada legislatura, donde los republicanos no tumbaron, gracias a un voto erróneo del PP, la reforma laboral que habría supuesto la dimisión de Yolanda Díaz.
Las cesiones al independentismo han estructurado un plan que culminará con el regreso del ex president, la última barrera por cumplir con los independentistas una vez acordado el nuevo régimen fiscal catalán. Y dará pie a la foto de Sánchez y Puigdemont que Moncloa no quiere escenificar hasta que la Justicia exima al líder de Junts de sus causas judiciales.
Aprovechar el ‘cupo’ catalán para reformar la financiación autonómica
Moncloa espera que ese sea el punto final a un camino duro de cesiones, que en otro contexto no se habrían producido y que han permitido a Sánchez gobernar durante casi ocho años.
El Ejecutivo no quiere que este 2026 sea otro curso sin medidas de calado. Por eso, tras el pacto con ERC, la vicepresidenta primera y responsable de Hacienda, María Jesús Montero, ha presentado ya su propuesta con el fin de extender al resto de comunidades una reforma de la financiación autonómica que aplaque los ánimos.
El primer paso, ceder a todas las autonomía la recaudación del 55% del IRPF y el 56,5% del IVA.
Tanto PP como PSOE llevan años sin abordar cambios que ambos admiten necesarios para responder a las peticiones de territorios infrafinanciados, como la Comunidad Valenciana. De ahí que el Ejecutivo aproveche el acuerdo con ERC para abrir ese melón y aprovechar para diluir ese pacto dentro de una reforma general, con la que intentarán satisfacer a regiones tradicionalmente menos beneficiadas, y no dejar atrás a quienes más necesitan de la solidaridad de las regiones con mayores recursos.
Un arreón progresista tras el cupo y la vuelta de Puigdemont
Pero más allá del equilibrismo para conjugar todas las piezas, el Gobierno confía en poder impulsar un arreón progresista a la legislatura cuando ERC y Junts vean cumplidas sus peticiones.
Plantearán una batería de medidas que contarían con el apoyo de los independentistas, centradas principalmente en vivienda, pero también en otras cuestiones de peso que quedaron pendientes la pasada legislatura, en la que el recuso al BOE impulsó gran parte del apoyo a Pedro Sánchez y Yolanda Díaz el 23-J.