Andrés Antillano: “La víctima final de lo que pasó en Venezuela es América Latina”
El investigador Andrés Antillano sostuvo que la ofensiva estadounidense en Venezuela constituye un hecho sin precedentes en la región y refleja un giro profundo en la política exterior de Washington, marcado por el uso unilateral de la fuerza, la disputa por recursos estratégicos y el debilitamiento del derecho internacional.
Los acontecimientos registrados en Venezuela a partir del 3 de enero marcaron un punto de inflexión no solo para la política interna del país, sino también para el equilibrio geopolítico regional. Así lo sostuvo Andrés Antillano, académico e investigador de la Universidad Central de Venezuela e integrante del colectivo Comunes, quien en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, advirtió que la intervención estadounidense en Caracas constituye “un hecho sin precedentes en la historia de América del Sur” y revela un cambio profundo en la política exterior de Washington hacia la región.
“Es la primera vez que una potencia extranjera bombardea una capital sudamericana”, puntualizó Antillano, calificando el operativo como “un acto de barbarie” que no puede ser leído únicamente desde la crisis venezolana. A su juicio, lo ocurrido responde a una combinación de tres factores principales: un giro estratégico de Estados Unidos, la pérdida de legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro y el silencio de buena parte de los gobiernos latinoamericanos.
Un giro en la política exterior estadounidense
Para Antillano, el factor de mayor peso es el cambio en la política exterior norteamericana bajo el liderazgo de Donald Trump, caracterizado por una reedición “con esteroides” de la doctrina Monroe del siglo XIX.
“Trump tiene una lectura de la geopolítica como una suerte de reparto del mundo entre grandes potencias”, explicó. En ese esquema, Rusia dominaría Europa Oriental, China Asia, y Estados Unidos se reservaría Occidente, con especial énfasis en América Latina.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.
“En América Latina se arroga una especie de derecho feudal, un derecho a disponer de todos los recursos y a la sujeción unilateral de los gobiernos de la región”, afirmó el académico.
A diferencia de etapas anteriores, este nuevo enfoque no busca construir consensos internacionales ni legitimidad política. Así, Antillano cuestionó además los argumentos utilizados por Washington para justificar la intervención. “Se habló de fentanilo producido en Venezuela, algo absurdo. En América del Sur no se produce ni se trafica fentanilo”.
Lo mismo ocurre con la tesis del llamado “cártel de los soles”, recientemente desestimada por tribunales estadounidenses. “No hay ninguna preocupación por los argumentos, es una acción absolutamente unilateral”.
Según el investigador, la verdadera motivación ha sido explicitada sin pudor por las propias autoridades norteamericanas. “Trump y Rubio han dicho claramente que su principal preocupación no es la democracia venezolana ni los derechos humanos, sino apoderarse de los recursos de Venezuela”. Se trataría, en definitiva, de “actuar como una vieja potencia imperial, solamente por sus intereses unilaterales y mediante el uso de la fuerza”.
La ruptura del orden internacional
Antillano comparó la conducta de Washington con episodios históricos de grave ruptura del orden jurídico internacional. “Es muy parecido a lo que pasó con la Alemania nazi al inicio de la Segunda Guerra Mundial”, afirmó, aludiendo a la idea de un “espacio vital” que justificaba la agresión y la anexión de territorios vecinos.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores llegan a Nueva York para comparecer ante un tribunal federal. Foto: Europa Press/ATON.
“Trump actúa de manera unilateral y violenta, pasándose por encima del derecho. El derecho que nace de las cañoneras, el derecho que nace de los bombardeos, es el único que le interesa”, enfatizó
Desde esta perspectiva, la intervención en Venezuela no tendría como objetivo principal un cambio de régimen. “No es su problema restaurar la democracia”, recalcó Antillano. Más bien, se trataría de enviar una señal inequívoca al resto del continente: “El propósito es apropiarse de los recursos naturales venezolanos y darle una señal clara a la región: quien no se someta a los designios norteamericanos correrá una suerte parecida”.
El académico recordó que, apenas declarada la operación como un éxito, Trump amenazó públicamente al presidente colombiano Gustavo Petro. “Esto no tiene nada que ver con democracia, tiene que ver con intereses norteamericanos”, sostuvo y advirtió que Estados Unidos ha vuelto a aplicar la lógica del “garrote y la zanahoria”: incentivos económicos para gobiernos alineados y castigos para quienes intenten mantener autonomía.
Un gobierno debilitado y sin legitimidad
El segundo factor identificado por Antillano es la profunda debilidad interna e internacional del gobierno de Nicolás Maduro. Sin establecer una relación causal directa con la intervención, el académico reconoció que el deterioro del Estado de derecho en Venezuela lo convirtió en “una presa fácil, un blanco sencillo, no por razones militares sino políticas”.
“El gobierno de Maduro ha desmantelado los derechos, la democracia y la soberanía popular”, aseguró, recordando que los resultados de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 nunca fueron publicados oficialmente. “Todo apunta a que Maduro perdió de manera avasallante y, sin embargo, se desconoce el resultado y se reprime brutalmente la protesta popular”.
Foto: Aton.
Antillano aseguró que el proyecto político del madurismo poco tiene que ver con las banderas del socialismo o del progresismo. “Es un programa neoliberal de desregulación de la economía, pulverización del salario y privatizaciones que haría palidecer al mismo Milei”, sostuvo. Estas políticas, añadió, han sido impuestas mediante una creciente represión estatal.
“Según Naciones Unidas, hubo al menos 6.000 ejecuciones extrajudiciales de jóvenes pobres en los primeros años de Maduro”, recordó vinculando estas prácticas a la criminalización de la pobreza, la protesta y la disidencia. En este contexto, el autoritarismo aparece como “una condición de posibilidad para imponer el ajuste neoliberal”.
El silencio de la región
El tercer factor, según Antillano, es la reacción —o falta de ella— de América Latina. “Salvo contadas excepciones como Petro, Lula o la presidenta de México, predominó el silencio y la indiferencia”, lamentó. A su juicio, este silencio es particularmente grave porque “la víctima final de lo que pasó el sábado es América Latina”.
“Se inaugura una nueva política hacia la región, una política de cañoneras”, enfatizó, en la que cualquier país que no se someta a Washington podría enfrentar violencia militar. “Esto puede afectar incluso a países considerados aliados, si mantienen relaciones comerciales con China u otras potencias”.
María Corina Machado y el vacío estratégico
Respecto de la oposición venezolana, Antillano fue especialmente crítico con el rol de María Corina Machado: “Representa un sector cuya única propuesta estratégica es que sean otros —la armada norteamericana— quienes le resuelvan sus problemas”, señaló.
En su opinión, la dirigente opositora “desistió de la organización interna y apostó todo su capital político a una intervención extranjera”.
La líder opositora venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.
Si bien reconoció que Machado obtuvo “una victoria electoral importante” en 2024, Antillano aseguró que la desperdició por “incapacidad política” y por una desconexión estructural con los sectores populares. “Es una mujer de las élites económicas venezolanas, con un profundo desprecio hacia los sectores populares”, afirmó, mencionando su adhesión a discursos estigmatizantes contra la migración venezolana.
Esa subordinación a Washington terminó debilitándola aún más. “María Corina no aporta nada al plan de Trump: no tiene control territorial ni autonomía estratégica”, explicó. “Es una figura de valor simbólico, pero irrelevante en términos reales”. Frente a ello, sostuvo, Trump optó por “cooptar o subordinar al gobierno de Caracas”, que sí garantiza control del territorio y gobernabilidad.
Un escenario abierto y riesgoso
Antillano enfatizó en que la intervención podría incluso generar un efecto inesperado: un cierre de filas en torno a un gobierno profundamente desprestigiado. “La indignación de los caraqueños al ver su ciudad bombardeada puede reflotar un apoyo popular que antes no existía”, señaló, alertando sobre un escenario aún más complejo para el pueblo venezolano.
En definitiva, lo ocurrido en Venezuela, concluyó, “marca un punto de quiebre histórico” que trasciende las fronteras nacionales. “No se trata solo de Venezuela: es América Latina entera la que queda expuesta frente a una nueva doctrina imperial basada en la fuerza”.