Las (no) propuestas de las subnacionales
Según el calendario electoral de las subnacionales 2026, los tribunales electorales departamentales debían publicar el 28 de diciembre los programas de gobierno de las organizaciones políticas, tarea en apariencia simple, pero con preocupantes fallas. Una búsqueda aleatoria muestra que el enlace del TED Chuquisaca dirige a los programas de Tarija y la carpeta del TED La Paz continúa vacía.
A esto se suman las irregularidades identificadas por el Observatorio de Género de la Coordinadora de la Mujer: incumplimiento de plazos, ausencia o duplicación de documentos, programas idénticos para distintos municipios, propuestas genéricas sin adecuación local y empleo de herramientas de inteligencia artificial sin procesos deliberativos. Estas prácticas ponen en duda la seriedad de las organizaciones políticas, debilitan un instrumento central de la democracia y afectan el derecho ciudadano a un voto informado. Hasta ahora, el Órgano Electoral Plurinacional no ha emitido un informe y el tema casi no ha tenido cobertura mediática.
Hasta cierto punto, es comprensible que los TED estén sobrecargados por la cantidad de candidaturas y los plazos estrechos; lo que no es aceptable es que nos presenten propuestas precarias y poco responsables. En este contexto, pensar en programas de gobierno que incorporen la cultura como eje de desarrollo suena ilusorio.
Sin embargo, la cultura está presente y seguirá, reflejando resiliencia, creatividad y capacidad de reinvención social. Más pronto que tarde, las y los candidatos deberán comprender que ya no pueden relegarla cual adorno, sino asumirla como infraestructura social, económica y emocional. En la región existen ejemplos claros de políticas exitosas: Medellín, en Colombia, que ubicó la cultura en el centro y logró reconocimiento por su transformación urbana y social, creando un ecosistema de innovación y cultura que integra tecnología y proyectos sociales; Cuenca, en Ecuador, que apostó por la gastronomía y obtuvo reconocimiento como Ciudad Creativa de la Unesco; y Buenos Aires, una capital conocida por ser un destino turístico y cultural, con políticas de estímulo y planes como el Programa Cultural en Barrios, por mencionar uno.
En Bolivia también ha habido avances, varios interrumpidos por los cambios de gestión municipal, evidenciando que la continuidad es un elemento necesario para la construcción de largo plazo.
¿Qué deberían proponer los candidatos? Desde un enfoque colaborativo y de cocreación, que incluya alianzas público-privadas, podrían plantear medidas concretas como: presupuesto cultural vinculante y gradual, fondos concursables estables, centros culturales y bibliotecas activas y accesibles, estrategias de valorización productiva, formación con enfoque en empleo, observatorios culturales municipales, políticas de inclusión y protección laboral para el sector.
Las candidaturas que planteen planes culturales claros y medibles no solo fortalecerán su oferta electoral, sino que contribuirán a un país más resiliente. La cultura no es un gasto insulso, es inversión estratégica. Genera empleo, dinamiza economías locales, fortalece identidades y promueve sentido colectivo. Las próximas elecciones podrían ser el espacio para un nuevo pacto con la cultura; quienes comprendan esto no solo harán mejores campañas, sino que propondrán un país que mejore la convivencia entre pares, más cohesionado, innovador y humano.
Isabel Navia Quiroga
es comunicadora y periodista
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