¿A qué edad se considera mayor hoy en día una persona, según la ciencia? Es mucho más de lo que la gente imagina
Durante décadas, la idea de “hacerse mayor” ha estado asociada a cifras redondas: los 60, los 65 o la jubilación. Sin embargo, la ciencia lleva tiempo cuestionando esa visión simplista. Hoy, el envejecimiento se estudia no solo como una cuestión de años cumplidos, sino como un proceso biológico medible, desigual y profundamente individual. Y los resultados están cambiando nuestra percepción colectiva sobre cuándo empieza realmente la vejez.
El envejecimiento no es lineal
Uno de los avances más relevantes en este campo procede de un amplio estudio liderado por investigadores de la Universidad de Stanford, publicado en Nature Medicine. En lugar de fijarse únicamente en síntomas externos, el equipo analizó el plasma sanguíneo de miles de personas para observar cómo cambian determinadas proteínas a lo largo de la vida. Estas moléculas actúan como indicadores del estado de los tejidos y del funcionamiento general del organismo.
La principal conclusión fue clara: el envejecimiento no ocurre de forma progresiva y constante. El cuerpo puede mantenerse relativamente estable durante años y, de repente, experimentar cambios biológicos bruscos. Los científicos identificaron tres grandes “ventanas” o etapas biológicas, separadas por momentos de aceleración del reloj interno.
Tres etapas biológicas clave
Según este análisis, la vida adulta se organiza en tres fases principales. La primera corresponde a la edad adulta temprana y media, aproximadamente entre los 34 y los 60 años. Aunque socialmente se percibe como una etapa de plenitud, los investigadores detectaron que alrededor de los 34 años se produce el primer declive biológico significativo. Es un cambio silencioso, apenas perceptible, pero marca el final de la juventud biológica.
La segunda etapa, denominada madurez tardía, se extiende desde los 60 hasta los 78 años. Durante este periodo, muchas funciones del organismo siguen siendo relativamente estables, especialmente si se mantienen hábitos saludables. Para la ciencia, esta fase no equivale todavía a la vejez, aunque culturalmente así se perciba en muchos países.
La tercera y última etapa comienza, de media, a los 78 años. Es en este momento cuando el estudio sitúa el inicio de la vejez desde un punto de vista biológico. A partir de ahí, los cambios en las proteínas plasmáticas indican una transformación más profunda y generalizada del organismo.
Qué ocurre en el cuerpo al entrar en la vejez
El paso a esta fase final del envejecimiento está relacionado con una menor capacidad del cuerpo para repararse a sí mismo. La reparación del ADN se vuelve menos eficiente, el metabolismo se ralentiza y los sistemas que antes compensaban pequeños daños dejan de hacerlo con la misma eficacia.
Entre los cambios más habituales asociados a esta etapa se encuentran la pérdida progresiva de masa muscular, el debilitamiento de los huesos, una menor agudeza visual y auditiva y alteraciones en los patrones de sueño. También se observa una reducción de la velocidad de movimiento y una mayor dificultad para recuperar energía tras el esfuerzo.
A nivel cognitivo, pueden aparecer problemas leves de memoria cotidiana. No se trata necesariamente de enfermedades neurodegenerativas, sino de un reflejo de los cambios moleculares y proteicos que afectan al funcionamiento del cerebro con el paso del tiempo.
Edad cronológica frente a edad biológica
Uno de los mensajes más importantes de esta investigación es que la edad biológica no siempre coincide con la edad que marca el DNI. Dos personas de 70 años pueden encontrarse en fases biológicas muy distintas, dependiendo de factores como la genética, el estilo de vida, el nivel de actividad física, el sueño o la alimentación.
Por eso, los científicos insisten en que hablar de “ser mayor” únicamente en función de los años cumplidos es cada vez menos preciso. Desde esta perspectiva, muchas personas consideradas socialmente mayores aún se encontrarían, biológicamente, en una etapa de madurez tardía y no en la vejez propiamente dicha.
Estos hallazgos obligan también a replantear conceptos sociales como el envejecimiento activo o la prevención en salud. Si la vejez biológica comienza más tarde de lo que se pensaba, cobra aún más importancia invertir en hábitos saludables durante décadas para retrasar ese último tramo del proceso.
La ciencia no niega el paso del tiempo, pero sí matiza cuándo y cómo empieza realmente la vejez. Y, según los datos actuales, ser “mayor” es algo que, biológicamente hablando, ocurre bastante más tarde de lo que la mayoría imagina.